01 Jun. 2019

No mueve el amor sino el espanto

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Este periodo que concluye permitió aflorar las disconformidades subyacentes y crear otras nuevas […] Lo más grave es la percepción de que si antes se luchaba con riesgos y en busca de nada personal, ahora se lucha por obtener posiciones personales […] En una paráfrasis de Jorge Luis Borges, cabe afirmar que el Frente Amplio perdió la movilización que genera el amor. Le queda, como gran reserva, la movilización que puede provocar el espanto, ese espanto de ver la posibilidad que se entronice en el gobierno lo que más rechazan.

El Frente Amplio se enfrenta a una crisis de movilización y entusiasmo

Las campañas electorales no son acontecimientos que comienzan desde cero, sin pasado, sino que operan como resumen de todos los impactos generados precedentemente. En el caso específico del Frente Amplio, en la campaña electoral se resumen muchas cosas: la marcha hacia el poder, el contacto con el poder, los efectos del poder y el fin de una ilusión masiva.

Primero lo fue ese largo camino de 33 años de lucha, militancia, movilización, con gran idealismo, impulsado por la idea de que su advenimiento al gobierno implicaba el comienzo de un giro histórico para el país y para su gente, el inicio de la construcción de un mundo diferente y mejor. La llegada del mañana. Camino que en buena parte de su primera mitad estuvo plagado de hondo dolor, miedo y coraje. Fue una militancia basada en la entrega personal y la llama de la esperanza, dispuesta al sacrificio y a afrontar riesgos de todo tipo, desde la vida, la integridad física y la libertad personal, hasta la obtención o mantenimiento de un trabajo, cuando no -particularmente en el interior- el aislamiento social. Una militancia que estuvo concentrada largo tiempo en las capas medias y las clases asalariadas, y que mucho después incorpora paulatinamente a las capas más bajas.

La llegada al gobierno departamental de Montevideo redobló la esperanza, como el alcanzar un primer peldaño. Y el ejercicio de ese gobierno pareció demostrar que esa fuerza basada en la pureza ideológica devenía inmune a la contaminación del poder; en realidad no estuvo inmune, aunque los focos muy visibles fueron pocos y los poco visibles resultaron indetectables.

Así llegó al poder. Y ese poder generó al inicio cierta confirmación del aserto de que quien cuenta con una base ideológica de pureza, ha sido vacunado contra esa contaminación del poder. A ello se asoció como hecho objetivo que la abrumadora mayoría del país -no menos de los cuatro quintos en una apreciación pesimista y a ojo de buen cubero- mejoró su nivel de vida desde el punto de vista económico, y una gran mayoría de sus condiciones laborales. El éxito electoral de revalidar el gobierno en 2009 generó una autosatisfacción que ocultó síntomas de desgaste: más del 4% del electorado, uno de cada trece electores frenteamplistas, sustancialmente ubicados en las capas medias, abandonaron el partido tricolor. Los grandes avances -desde la óptica frenteamplista- logrados en el plano de la nueva agenda de derechos, en plasmar una liberalización desde el punto de vista de la cultura -en sentido antropológico del término- más la continuidad de la prosperidad para esa abrumadora mayoría del país, fortaleció la autosatisfacción.

Que se robusteció aun más por la lectura del resultado electoral de 2014. Se festejó la retención del poder sin medir la magnitud del apoyo, y se festejó una mayoría parlamentaria que no fue plena, sino incompleta: el Frente Amplio no la obtuvo en forma natural en el Senado, sino que cuenta con mayoría de votos por el triunfo en el balotaje presidencial. El susto de perder el poder, alimentado por algunos sondeos demoscópicos que insinuaban el sobre paso de parte de los partidos tradicionales, y el logro final a la inversa, impidieron ver que esa mayoría en una sola cámara se logró con menos de cinco mil votos, apenas el dos por mil de los votantes.

Este periodo que concluye permitió aflorar las disconformidades subyacentes y crear otras nuevas. De un lado lo fue el decrecimiento económico con la pérdida de fuentes de trabajo y el consiguiente miedo de quienes tienen empleo de perderlo, más el cierre de comercios, servicio y fábricas. Del otro, el retroceso en logros sociales -después de un formidable avance producido en los dos primeros gobiernos- evidenciado en el incremento de la familias que viven en asentamientos y de las personas en situación de calle.

Pero el golpe más relevante, el que perfora las ilusiones, la voluntad de entrega y sacrificio, ocurre en el plano de los valores, cuyo símbolo lo fue la renuncia del vicepresidente de la República (ocurrida por primera vez en la historia del país), el apoyo inicial, entusiasta y sin reservas a la gestión Sendic por todo el oficialismo y la reacción tardía, en el último instante. Si bien el Tribunal de Conducta Política salvó mucho al Frente Amplio -fue la voz que rescató esa pureza reclamada por los suyos- y su proscripción en diciembre pasado cerró el tema, el daño interior estuvo hecho.

Pero la desilusión fue más allá. Los frenteamplistas disconformes no creen que haya habido gran enriquecimiento personal de nadie, pero sí creen que hubo uso de los resortes del poder para beneficio político propio o grupal, o uso para ello de las finanzas públicas o de las recaudaciones privadas que permite el accionar público. Y creen además que hubo bastante despilfarro.

Pero quizá tan grave o más es la percepción -en el error o en el acierto- de que si antes se luchaba con riesgos y en busca de nada personal, ahora se lucha por obtener posiciones personales. Dicho de manera simple: el pelear por conseguir cargos. Esa fue la crítica que la izquierda siempre hizo a los partidos tradicionales y que consideró su gran diferencial

Las propias candidaturas de alto nivel ahora surgen más como proyectos personales que como proyectos institucionales, del propio FA o de sus fracciones relevantes. A Liber Seregni se lo fue a buscar, también a Crottogini, Villar, D’Elía, Arana, Astori, Vázquez, Ehrlich, Ana Olivera. Mujica emerge a consecuencia de devenir como el referente de un espacio político con impronta específica y diferenciada. Y Nin Novoa es el resultado de una amplia alianza con una fuerza originariamente externa.

La capacidad de movilización voluntaria y sin contrapartidas se correlaciona de manera directa y exponencial con el grado de idealismo y credibilidad.

En una paráfrasis de Jorge Luis Borges, cabe afirmar que el Frente Amplio perdió la movilización que genera el amor. Le queda, como gran reserva, la movilización que puede provocar el espanto, ese espanto de ver la posibilidad que se entronice en el gobierno lo que más rechazan.