07 Jun. 2019

La era de los candidatos militares en el Uruguay

Oscar A. Bottinelli - Diálogo con Aldo Silva

Radio Universal – Fuentes Confiables

Cuando hablamos de candidatos militares lo hacemos en el contexto del Estado moderno, y no del siglo XIX, donde tuvimos candidatos militares, y militares gobernando sin ser candidatos. Recordemos que los primeros candidatos y la primera confrontación que tuvimos fue entre fue entre el general Fructuoso Rivera y el general Juan Antonio Lavalleja, y luego, después de la primera presidencia de Rivera, el presidente fue el brigadier general Manuel Oribe.

Tenemos un antecedente, que fue el general y arquitecto Alfredo Baldomir, presidente elegido en 1942, que hace la transición del terrismo (no hay que olvidar que fue Jefe de Policía de Montevideo del presidente Gabriel Terra cuando da el golpe de Estado del 31 de marzo de 1933).Su calidad de general era una especie de vértice entre lo político y la fuerza, pero a la vez fue el que hizo la transición de la dictadura a elecciones plenamente abiertas.

Dejando de lado este antecedente, hablamos de una época en la que empiezan los candidatos militares. Hay que tener claro por qué aparecen. En primer lugar, porque hay un contexto de época. Alrededor de 1955, Uruguay entra en una feroz crisis económica, con su secuela social. Con fenomenales paros, huelgas, escasez, y hay un debilitamiento de la creencia de la gente. No olvidemos que Uruguay era un país muy exitoso, donde la gente consideraba que el futuro siempre iba a ser mejor, y un buen día eso se quiebra.

La crisis empieza a asociarse a desgobierno, a falta de autoridad. De ahí viene el primer problema, que es culpar al Colegiado. Como no teníamos un presidente de la República, sino un Consejo Nacional de Gobierno de nueve miembros, cuyo presidente rotaba todos los años, se decía “claro, cómo no van a pasar estas cosas si nadie manda”. Todos los años hay una cara distinta, se reúnen nueve para decidir, entonces empezó la sensación de que faltaba autoridad. Ese movimiento genera que, en 1966, se dé la Reforma Naranja, que restablece la figura del presidente de la República, en lugar del colegiado.

Y ante la falta de autoridad, ¿Cuál es su símbolo? Un militar. Un general es lo más fácil de identificar con la necesidad de autoridad. El primer militar al que alguien va a buscar, porque hay que aclarar que ningún militar fue por su propia voluntad a la política, fue el general Oscar Diego Gestido. Gestido había nacido en 1901, pertenecía a la Aviación Militar, porque en aquella época la aeronáutica era una parte del Ejército. Como era el militar aeronáutico de más peso, en el momento en que se crea Pluna y hay algunos problemas, es nombrado presidente interventor de la compañía por dos años.

Había ascendido a general en febrero del 49, y en el 51 es nombrado inspector general del Ejército, que era lo que es hoy el comandante en jefe del Ejército. Siendo inspector general es cuando se produce la separación del Ejército y la Fuerza Aérea, y pasa a ser comandante inspector de esta última, por lo que, desde el punto de vista formal, es el fundador de la Fuerza Aérea.

Venía generándose un prestigio de “hombre que sabía hacer cosas”, y en el 57, cuando Uruguay tenía ferrocarriles de pasajeros en abundancia que funcionaban horrible, lo nombran presidente interventor de AFE. La leyenda es que hizo que los trenes salieran y llegaran en hora.

En el 59 se producen unas tremendas inundaciones, que pusieron en riesgo la represa de Rincón del Bonete y, para salvarla, se decidió inundar Paso de los Toros. Se dinamitó un terraplén, por el cual toda el agua del lago Rincón del Bonete que presionaba la represa se derramó sobre la ciudad, que fue evacuada. Y no solo fueron damnificados los habitantes de Paso de los Toros, porque esas inundaciones generaron desplazados en todo el país. Días y días en los que no paraba de llover, algo terrible. Y Gestido fue presidente de la Comisión Nacional de Ayuda a los Damnificados, y organizó todo el operativo de asistencia. Eso también le dio fama de hombre efectivo.

Yendo a lo político, por esa época el Partido Colorado tenía un predominio de Luis Batlle Berres. Pero estaba dividido: por un lado estaba la Lista 15, liderada por Batlle Berres, y una minoría encabezada por los hijos de José Batlle y Ordóñez, los Batlle Pacheco, de la Lista 14, cuyo centro de referencia era el diario El Día. Y la 14 venía perdiendo elección tras elección frente a Luis Batlle.

Por otro lado estaban los colorados independientes, que venían contra el batllismo desde la época de Batlle y Ordóñez. Se genera entonces un movimiento, entre la Lista 14 y los colorados independientes, para unirse y crear una fuerza que al menos igualara el poder de Luis Batlle. Ese movimiento lleva a la creación de la Unión Colorada y Batllista, que finalmente termina liderando Jorge Pacheco Areco. Pero para unir a las dos fuerzas se necesitaba un referente, y ahí estaba “el hombre que arregla las cosas”, el general Oscar Diego Gestido, que ya estaba en retiro. Así surge su candidatura.

Estamos hablando de la elección de 1962, todavía bajo el sistema de colegiado, y Gestido pasó a ser consejero de Gobierno por la minoría. Ganó el Partido Nacional, con seis consejeros, y el Partido Colorado salió segundo, con tres. La minoría era proporcional, por lo que quedaron dos representantes de la Lista 15, y Gestido. Fue, entonces, el consejero de la minoría de la minoría.

El 15 de julio de 1964 muere Luis Batlle Berres, y este hecho genera un vacío en el eje de dominio del Partido Colorado, y la 15 se divide. Va a elecciones internas, y la 15 como tal queda liderada por Jorge Batlle, de treinta y pocos años, que surge como una figura estelar, y otra parte se abre bajo el liderazgo de Amílcar Vasconcellos, que había sido consejero de Gobierno junto con Gestido. Otro grupo de la 15, que tenía varios senadores, como Alba Roballo, que después pasó al Frente Amplio, Glauco Segovia, Justino Carrere Sapriza, y diputados muy importantes, en particular Manuel Flores Mora, terminan formando un grupo que se alía con la Unión Colorada y Batllista, detrás de Gestido, y lo llevan a la presidencia de la República.

Viene la Reforma Constitucional del 66, la Reforma Naranja, se restablece la presidencia, gana el Partido Colorado, y dentro del Partido Colorado triunfa la fórmula Gestido-Pacheco Areco por sobre Batlle-Lacarte Muró. Ahí tenemos el primer candidato militar, que además llega a presidente de la República, y muere en el cargo. Asumió el 1º de marzo de 1967, y murió el 6 de diciembre de ese año, fulminado por un ataque cardíaco, a los 66 años. Ya venía con problemas cardíacos, pero “lo mató” la presidencia de un país en el que se había acelerado la crisis. No hay que olvidar que iba por el tercer gabinete, cuando aún no había llegado al primer año de gobierno, había tenido que aplicar Medidas Prontas de Seguridad, había cambiado de línea económica, pasando de una línea heterodoxa con cierto componente de liberalismo a una línea dirigista, con Vasconcellos y Zelmar Michelini, y luego volvió para el otro lado, con César Charlone, fuertemente liberal. Eso lo desgastó tremendamente.

Pero no solo fue el Partido Colorado el que salió a buscar un general. También lo hizo el Partido Nacional, y después aparecerá la figura de Líber Seregni, a quien me referiré en otro espacio.

El Partido Nacional venía de un proceso de mucha fragmentación, de mucho vacío. El herrerismo se había fracturado, la figura de Martín R. Echegoyen, que había sido presidente del consejo de Gobierno y después presidente del Senado venía cuestionada, y surgían movimientos renovadores. En 1966 se da la candidatura de Alberto Gallinal Heber, fundador del Movimiento Nacional de Rocha junto a Javier Barrios Amorín, y luego rompe con el movimiento porque pasó a apoyar a Pacheco Areco, un hombre medio traído no de afuera, pero sí del borde de la política, porque estaba en la política pero no era un político, y fue candidato presidencial en el 66. Ya por el 69 aparece la figura de Wilson Ferreira Aldunate como posible presidenciable, irrumpiendo claramente a fines del 70 y sobre todo en 1971, agrupando a los sectores más de centro del Partido Nacional, aunque capta también a muchos herreristas. Y los viejos sectores del herrerismo sienten la necesidad de buscar una nueva figura.

Y en ese país que, desde 1968, vivía bajo Medidas Prontas de Seguridad, con guerrilla, paros, huelgas, movilizaciones populares, había una demanda de autoridad de parte de los sectores más conservadores. Allí aparece Mario Oscar Aguerrondo, un líder dentro del Ejército, fundador, a mediados de la década del 60, de la Logia Tenientes de Artigas, a la cual pertenece hoy la mayoría de los oficiales superiores del Ejército uruguayo. Claramente el rival de Aguerrondo era Seregni y el ala liberal del Ejército. Los Tenientes de Artigas tenían un pensamiento católico, nacionalistas en el sentido de la defensa de valores nacionales muy duros, fuertes, rígidos, sentidos. Eso va llevando a que se vea al general Aguerrondo como un individuo que podía dar el paso y aceptar una candidatura presidencial. Así, en esa búsqueda de autoridad, de una figura fuerte, de ser el referente en el Ejército de muchos de los que después dan el golpe de Estado, los grupos herreristas, ya fuera liderados por Echegoyen, o Alberto Heber Usher, que había sido el último presidente blanco del Consejo Nacional de Gobierno, convencen a Aguerrondo de ser el candidato presidencial, opuesto a Wilson Ferreira. Las dos grandes fórmulas electorales del Partido Nacional en 1971 fueron Wilson Ferreira Aldunate-Carlos Julio Pereyra, la dominante en esas elecciones, y la de Mario Oscar Aguerrondo y Alberto Heber Usher. A los dos años se dio el golpe de Estado y luego murió Aguerrondo, por lo que su vida política fue muy corta.

A diferencia de Gestido, que terminó siendo referente de todo un espacio político colorado, Aguerrondo no logró ser referente, porque en ese espacio seguía siendo referencial Martín R. Echegoyen, el número 2 de Luis Alberto de Herrera.

En otra ocasión nos referiremos a Líber Seregni, una figura que empieza vinculada al batllismo y culmina en la fundación del Frente Amplio.