12 Jul. 2019

La forma en que se procesó la fórmula presidencial del Frente Amplio

Eduardo Bottinelli - Diálogo con Aldo Silva

Radio Universal – Fuentes Confiables

"En el Frente Amplio, quizá lo más importante es que esta forma en la que se procesó esta fórmula presidencial supone un cambio en la fuerza política respecto de lo que se venía haciendo. Supone un cambio en la toma de decisiones en el FA, específicamente cuando hablamos de la fórmula presidencial. Contrasta con lo que ha sido históricamente la fórmula de decisión del FA".

A.S.: La forma en que se procesó la fórmula del Frente Amplio. ¿Qué nos podés decir al respecto de esto?

E.B.: En el Frente Amplio, quizá lo más importante es que esta forma en la que se procesó esta fórmula presidencial supone un cambio en la fuerza política respecto de lo que se venía haciendo. Supone un cambio en la toma de decisiones en el FA, específicamente cuando hablamos de la fórmula presidencial. Contrasta con lo que ha sido históricamente la fórmula de decisión del FA.

Era muy habitual en los sketches de los programas humorísticos el uso de la palabra “consenso” dicha por Seregni. Esa era un poco la lógica con la que el Frente Amplio se manejó durante mucho tiempo. Después apareció otro tipo de dinámica, más participativa, que hizo una estructura considerada hasta pesada. Cada una de las fórmulas que se fueron procesando tenía por detrás cierto grado de consenso, como fue la primera, de Seregni con Crottogini, la segunda con Crottogini y D’Elía, estando proscrito Seregni. Seregni-Astori también fue una fórmula de consenso. Estos casos aparecían a partir de los consensos que se generaban dentro del FA entre todos los sectores. Esto no significa que todos estén de acuerdo cien por ciento, pero se terminaba con una fórmula consensuada.

Incluso después, con la salida de Seregni y el ascenso de Vázquez como candidato presidencial, de alguna forma, la candidatura de Vázquez con Nin fueron de consenso. Acá hay otros elementos que son relevantes. Durante la década del 90 y principios del 2000, el FA tiene una serie de alianzas, conformando el Encuentro Progresista, y después la Nueva Mayoría. La figura de Nin Novoa aparecía como el representante de esa ala que se unía al FA, y por lo pronto era una fórmula que surgía de algún tipo de acuerdo consensuado. Reflejaba la alianza.

El primer quiebre en esta lógica se da en 2009, cuando compiten Mujica y Astori, y estaba también la candidatura de Carámbula. Ese cambio se produce en 2009, que pasa de una fórmula consensuada a una fórmula acordada. Como compiten internamente dos grandes líderes, es un quiebre a cómo se venía dando antes. El primer quiebre se da ahí, porque compiten dos de los tres grandes referentes que tenía el FA. Más o menos mitad y mitad, Mujica termina venciendo a Astori por 5 a 4, y el 1 es Carámbula. Hay un triunfo de Mujica sobre Astori, pero se acuerda que el primero y el segundo van en una fórmula, representando en conjunto al FA. Eso no generó demasiados conflictos, porque la fórmula quedaba conformada representando las dos grandes posiciones, las más relevantes que tenía el FA, si bien se demoró mucho su anuncio. Había como un preacuerdo, pero la fórmula no fue conformada inmediatamente. Demoró bastante. Se sumó a eso un período de enfermedad de Astori.

A.S.: Recuerdo que Bonomi era negociador, y que hubo momentos de gran tensión. Me acuerdo de un off the record, en el que Mujica y su gente se quejaban de que eran ellos los que habían ganado la elección, y Astori tenía unas supuestas exigencias para conformar esa fórmula.

E.B.: Por eso. Si bien salió como un acuerdo, no fue un acuerdo sencillo. Fue una negociación difícil para la interna, y tiene que ver con que se quebraba una lógica que venía. Había que conformar algo nuevo, a lo que no se estaba habituado. Después de esa tuvimos la de 2014, con Vázquez contra Constanza Moreira en la interna, y ahí se dio otro cambio en la lógica. Vázquez gana, tiene un triunfo holgado, con más del 80% en la interna, y no conforma la fórmula con la competidora, sino que se entra en una lógica en la que se hace pesar los votos de las listas en las internas para proponer la vicepresidencia. Es verdad que, por un lado, la lista de Sendic es la más votada, y es la propia 711 la que propone a Sendic como candidato, pero además tenía otros apoyos. En aquel momento tenía un apoyo importante del MPP, y básicamente de Mujica. Ahí se produce otro cambio, y pesan los votos de las primarias de junio de 2014. Eso provoca un segundo quiebre. Y este proceso que vivió el FA ahora provoca otro cambio importante. Se rompe con una lógica que se mantuvo desde el origen del FA, dictadura mediante, hasta hace 10 años, y en las últimas, elección a elección, fue cambiando el criterio. Si se hubiese seguido el criterio de 2014, el de las listas o el del lugar que se ocupa en la interna, la fórmula hubiese sido Martínez-Cosse, primero y segundo. Si se hubiese seguido el criterio de la lista más votada, también vendría por ese lado. Pero en el caso de los consensos no se llegó a esa instancia que era tradicional en el FA.

Este 2019 muestra un quiebre, porque por un lado hay un triunfo de Daniel Martínez, pero si uno compara la forma en que actuó Martínez y el FA con cómo actuó Lacalle Pou y el Partido Nacional, o Talvi, en el Partido Colorado, las diferencias porcentuales que existen entre quien ganó y el resto es muchísimo mayor entre blancos y colorados que en el FA. Lacalle Pou ganó por 35 puntos, Talvi ganó por 20 puntos. En el caso del FA, la imagen que aparece, por cómo se procesó, es que el triunfo de Daniel Martínez hubiese sido de esas dimensiones, como si hubiera duplicado a Carolina Cosse. Una regla no escrita que tenía el PN era que, si el que ganaba duplicaba al segundo, imponía la fórmula. En el FA no se dieron algunas condiciones que parecerían naturales para procesar esa fórmula. La distancia fue de 16 puntos, ganó por menos de la mitad de los votos, sacó el 42%. Hay una forma en que se procesa que da la idea de que el triunfo fue como el de Vázquez ante Constanza Moreira. Ahí hay un cambio. El FA termina desprendiéndose de la decisión. Pone toda la carga de la decisión de fórmula presidencial en el candidato a presidente, le da todo el poder para decidir. Tiene reuniones, da la idea de una consulta y acordada, pero luego surgen Astori y Cosse, porque, si bien hubo consultas, quienes las recibieron no se sintieron consultados ni con toda la información disponible.

Hay algo central que es cómo se llegó a eso, y después sí, tenemos cómo se conformó esa fórmula. ¿Qué expresa esa fórmula? ¿Cuál es el perfil? Hay cuestiones que tienen que ver con acuerdos políticos, que lo que buscan es captar mayor cantidad de votos a partir de una fórmula presidencial, hay otro criterio que tiene que ver con lo que significa el cargo de vicepresidente, que muchas veces se resume en que es una fórmula para la campaña electoral, y, en realidad, la vicepresidencia tiene un rol central. Más cuando se espera un gobierno sin mayorías parlamentarias propias. Ahí el rol de la vicepresidencia es central en la presidencia de la Asamblea General. No es una fórmula para hacer campaña. Es una fórmula que va a ejercer, dentro de un gobierno, roles distintos que son complementarios y necesariamente articulables. Entonces, ¿Cuáles son los criterios que se pueden haber usado? Básicamente arrastre de votos, una figura potente que complemente políticamente, o que tenga el perfil requerido para este cargo. En ese caso aparece que, más que esas dos cuestiones, porque claramente Graciela Villar no es una figura potente en términos electorales por sí misma, no es conocida, tampoco tiene experiencia parlamentaria de gobierno nacional, como para tener el respaldo, el respeto, la fuerza interna parlamentaria para presidir la Asamblea General “con pergaminos”. Sí aporta, y creo que es relevante para el FA, es hacia el frenteamplismo. Porque el FA ha ido perdiendo frenteamplismo, incluso dentro de esta propia campaña electoral, cuando ni Carolina Cosse ni Daniel Martínez centraron en el FA sus campañas. Fueron campañas personalistas. El caso de Andrade también fue bastante personalista, pero tuvo una impronta frenteamplista, y Bergara fue el más pegado al frenteamplismo. Esta figura de Graciela Villar puede apuntar a aportar “frenteamplismo” a la fórmula. De hecho las primeras reacciones de la militancia han sido positivas en ese sentido. Villar puede aportar a encender un poco más la llama de los frenteamplistas. Motivar a gente que no iba a abandonar el Frente Amplio, porque no tiene lugar donde ir, pero estaba desanimada.

A.S.: ¿Martínez para afuera y Villar para adentro?

E.B.: Esa puede ser una lógica que se haya buscado. Hay que ver si funciona. Sí es claro que Martínez es una figura más neutra, menos involucrada directamente con una militancia fuerte, una figura que, hasta el momento, no despertaba grandes rechazos en la población, y Villar le aporta esa raíz fuertemente militante y frenteamplista.