27 Set. 2019

El renacimiento de los debates presidenciales en Uruguay

Oscar A. Bottinelli - Diálogo con Aldo Silva

Radio Universal – Fuentes Confiables

Los debates propiamente electorales reconocen un origen hace 2082 años en Roma y modernamente en 1958 en Illinois, Estados Unidos. El más famoso fue el de Kennedy-Nixon en 1962. En Uruguay el primer gran debate histórico fue en torno al plebiscito constitucional de 1980, en el ápice del periodo militarista. El más recordado, en 1994, el de Sanguinetti con Tabaré Vázquez. Los últimos: Andrade-Talvi y Cosse-Larrañaga.

A.S.: Hablemos de los debates presidenciales, que no nacieron la televisión. Hay unas cuantas cosas para conversar.

O.B.: Hay mucha tela para cortar. Está la idea de que, ahora, con la televisión, empezaron los debates, pero tienen años. Es importante ver los tipos de debate. En general, se tiene la idea de que el debate es dos personas confrontando. En realidad, debate es todo lo que sea contraposición de discursos o de escritos. Por ejemplo, en Colombia, a la campaña electoral le llaman “debate electoral”, porque es un largo debate, donde cada uno dice una cosa, el otro dice otra, a veces se constan, y eso construye un debate. Obviamente, hay un formato de debate, más directo, que es cuando alguien escribe o dice algo, y otro escribe o dice algo contestándole. El debate, últimamente, se ve más como un conjunto de personas, directamente, una frente a otra, intercambiando ideas. La radio y la televisión han ayudado en eso. Los ámbitos pueden ser la radio, la televisión, el Parlamento, la plaza pública, un viejo lugar de debate, se desafiaban los candidatos en la plaza, y las publicaciones, los debates por escrito.

El formato de debate puede ser libre. Hay un programa de televisión en la RAI, de primer nivel, que se llama #Carta Bianca. Se hacen unos debates tan libres, que hace unos días no se entendían ninguno de los dos porque hablaban a la vez, y cada vez subiendo la voz, y se acoplaban. En general, el debate libre tiene la ventaja de que cada uno puede manejar una técnica libre, como tratar de avasallar al otro todo el tiempo, y el otro puede quedarse callado y actuar de contragolpe.

El debate más estándar es el cronometrado. Se define en bloques, con tantos minutos iniciales para cada uno, tantos minutos finales, habitualmente se sorteael que inicia y concluye. Hay una variante, en la que cada uno hace una exposición, y punto, o se agrega un minuto para réplicas o aclaraciones dentro de cada bloque.

Hay otro, que yo llamo examen múltiple, periodístico, o de analistas políticos, que es cuando hay un panel de periodistas o analistas, y cada uno del panel hace una pregunta a cada uno de los candidatos. Muchas veces queda más como un tribunal tomando examen, y se acartona demasiado. Se alivia cuando se permite replicar, o hacer aclaraciones. Es importante que los debates pueden ser, en cuanto al formato personal, binarios, como el del martes próximo, entre Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou, o múltiple. En las últimas elecciones presidenciales chilenas estaban todos los candidatos, y era un debate más complicado. También lo vimos en los últimos días entre todos los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Demócrata en los Estados Unidos. Como era tantos candidatos se hizo en tres tandas, tres días seguidos. Son dos formatos. Puede ser como el que vamos a tener el martes, o podría haber sido un debate en que estuvieran todos los candidatos presidenciales, o los cuatro primeros en las encuestas, o los que tienen representación parlamentaria, más el que se “coló” en el medio.

A.S.: Me encantaría que hables de los antecedentes. Uno piensa en el debate entre Nixon y JFK, un debate emblemático.

O.B.: Los debates empezaron un poquitito antes que el debate entre Nixon y Kennedy: hace 2.082 años, 21 siglos. En el año 63 AC, elección de jefe de Gobierno de la República de Roma, el cónsul, entre el candidato del patriciado, Marco Tulio Cicerón, un gran intelectual, y el candidato de la fracción popular, Lucio Sergio Catilina, apoyado, nada menos, que por Julio César. Para que veamos la actualidad de algunos temas, Cicerón atacaba a Catilina, porque era un demagogo, porque las tres propuestas del partido popular, que va a llevar a cabo César varias décadas después, cuando ya tiene el poder, eran el perdón de las deudas de los más pobres, reforma agraria y participación popular.

En esos debates aparece, de parte de Cicerón, el primer eslogan electoral de la historia: “Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?” ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? Esto fue inventado por el hermano de Marco Tulio Cicerón, Quinto Tulio Cicerón, que escribió el primer manual de campaña electoral de la historia, hace 21 siglos. El Commentariolum Petitionis. Es bastante rico todo lo que arroja el primer debate.

Antes de lo de Cicerón-Catilina, en el sigo IV AC, hace casi 2.500 años, en Atenas, hay muchas polémicas, que no están registradas, de Demóstenes en el ágora, la plaza pública. Gran orador que no preguntaba con quién polemizar. Ya hace 2.500 años se registran muchos debates políticos.

Si vamos a la era moderna, encontramos que los debates empiezan en 1858, entre agosto y octubre. En salones, teatros, por la candidatura al Senado por el estado de Illinois, entre Abraham Lincoln, del naciente Partido Republicano, y Stephen Douglas, del Partido Demócrata. Los debates más importantes fueron, primero, en Alton, y el más relevante de todos en Freeport. Estos debates se repiten dos años después, en 1860, cuando los dos son dos de los tres candidatos presidenciales en Estados Unidos; Lincoln y dos demócratas, Douglas, un demócrata de izquierda, y el esclavista del Sur, John C. Breckinridge. Ahí hay registros de crónicas sobre los debates en la prensa, y fueron muy estudiados por los biógrafos de Lincoln.

A.S.: Hablemos de los tiempos que corren.

O.B.: La contemporaneidad arranca con un debate radial y televisivo, 1960. En Uruguay apenas arrancaba la televisión, pero en Estados Unidos sí era importante, pero todavía la radio era un elemento dominante. Fue muy interesante el debate entre John Kennedy y Richard Nixon, porque George Gallup hace inmediatamente una encuesta, y le da que los que lo escucharon por radio vieron un empate entre los dos; incluso analizado ese debate, leído, más sólido Nixon que Kennedy. Pero los que lo vieron por televisión, 80 a 20 a favor de Kennedy. ¿Por qué? Porque la radio es más racional, juega más el discurso, lo que se dice. En la televisión juega mucho la imagen, y Kennedy fue el primero en dominar la imagen de televisión, desde cómo se vistió. Para empezar, Nixon le erró hasta en la camisa, que no hacía contraste con el fondo y el traje; no se había maquillado, y la televisión blanco y negro penetra mucho y se le veía la barba. Y Kennedy era un actor, un show, y manejó la imagen de una manera espectacular. Otra cosa que se descubrió fue que, mientras Nixon hacía lo clásico de un viejo debate, discutía contra Kennedy, Kennedy le hablaba al público, no le importaba lo que decía Nixon, no le contestaba. Lo que le importaba era lo que le decía al público, no lo que le decía Nixon. Y fue impactante, desde el punto de vista televisivo. Fueron cuatro debates.

A.S.: Los que escucharon radio dijeron “empate” o “capaz que ganó Nixon”. Lo que vieron la tele, 80 a 20 a favor de JFK.

O.B.: Espectacular. El mismo debate. Ahí se marcó la diferencia. Y no era la televisión de hoy, era en blanco y negro, en la que se desdibujaba la imagen de las personas. Era horrible la definición. Pero ya aparecía la imagen, en octubre de 1960.

Podemos hacer un rápido resumen: en España, debates relevantes, el de Felipe González y Aznar, en 1993, fue impresionante. Estaban en una mesa de 60 centímetros y uno pensaba que en cualquier momento uno le iba a dar una trompada al otro. Se miraban a la cara y se decían “usted es un mentiroso”, y “usted es un cobarde”. En Italia, el más relevante, en la elección de 2006, entre el presidente del Gobierno en ese momento, Silvio Berlusconi, y el anterior y futuro presidente, Romano Prodi, de centroizquierda. Un debate que tuvo una trampa formidable; por el sorteo le tocaba cerrar a Berlusconi, y en el momento de cerrar, con un minuto para hacer el resumen, larga una propuesta “bomba”: en términos uruguayos propone eliminar la contribución inmobiliaria. Lo tiró cuando ya no había posibilidad de réplica del otro. Y Prodi, que es más profesor que buen comunicador, quedó con los brazos abiertos y la cara demudada, frente a lo que rompía todas las reglas del debate.

En Alemania ha habido muchos debates importantes. El de 2005, entre Angela Merkel, desafiante, que gana esa elección, y el jefe de Gobierno en ese momento, Gerhard Schröder, que fue espectacular. En Francia, de varios, me parece digno de recordar el de 2011, entre Nicolás Sarközy y François Hollande. Y en Brasil ha habido muchos, pero me pareció muy importante el de Dilma Rousseff y José Serra, de 2010, realmente impactante.

A.S.: ¿Y por casa cómo andamos?

O.B.: Primero digamos que, en Uruguay, la televisión se inicia con múltiples programas. El debate era, por excelencia, el formato de la televisión que se producía en Uruguay; lo demás venía enlatado. Acá se producían informativos o debates, y algunos programas periodísticos que ocupaban todo el sábado o el domingo. Yo participé en La juventud opina, con seis polemistas, que dirigía un español, Mariano Perla, en Canal 4, en el año 62. Después había un programa que se hacía en Canal 10, por 1965, 1966, Parlamento juvenil o algo así. Había un programa espectacular, en Canal 12, Sala de audiencias, que dirigía Mario Kaplún, con el seudónimo de Mario Cesar, que era como los juicios penales norteamericanos. Él hacía de juez, Román Pérez Senac hacía de actuario, y, enfrentados, fiscal y defensor. Se elegía un tema y presentaban testigos. Hubo algunos programas más tipo polémica. Me tocó participar en dos: uno sobre guerrilla latinoamericana, donde estaba Elías Bluth, que años después fue secretario de la Presidencia; estaban los que defendían la guerrilla y los que defendíamos la tesis constitucionalista. Estaba Bluth, Roque García Mullin, Enrique Rodríguez, célebre senador comunista, Eduardo Galeano, Armano Cuervo. Y después, otro debate en Sala de audiencia, sobre Reforma Constitucional. En ese momento yo había participado como joven estudiante de Derecho en la elaboración del proyecto del Partido Nacional, y participó Alembert Vaz versus Luis Hierro Gambardella. Luis Hierro Gambardella tenía, como auxiliares, a Aquiles Lanza, años después intendente de Montevideo, y Julio María Sanguinetti, el joven segundo auxiliar. El único auxiliar de Alembert Vaz fui yo. Estamos hablando de abril, mayo de 1966. Perdón por las autorreferencias.

Después había un programa, Conozca su derecho, que era de mucha gente participando, y hablando. Lo dirigía Eduardo Reich Sintas, un abogado, y ahí participó gente importante, como el general Arturo Baliñas, que después fue candidato de la 1001, como el desaparecido médico Manuel Liberoff, el historiador argentino José María Rosa.

Y llegamos al célebre debate de 1980, en Canal 4, que quedó marcado, sobre la reforma constitucional durante el período militarista, que condujeron Carlos Giacosa y Asadur Vaneskaian, con Néstor Bolentini y Enrique Viana Reyes, y ahí surge la proyección de Enrique Tarigo, que lo lleva a la vicepresidencia de la República. Él se populariza en ese debate. Y hay un debate, no tan recordado, en radio Carve, pocos días después. Ahí recuerdo, por el lado del No, a Héctor Lorenzo Ríos, que después fue diputado del Partido Nacional, y había sido ministro interino de Hacienda, y Enrique Tarigo, y del otro lado, Néstor Bolentini, y no recuerdo si estaba Viana Reyes o Eduardo Esteva, constitucionalista, que en ese momento era muy joven. Pero pido disculpas si estoy nombrando a alguien que no fue. En mi caso particular, estaba exiliado, por lo que no pude ver el debate de Canal 4, lo vi muchos años después, cuando se edita la grabación. En cambio, el de radio Carve lo escuché en directo, y fue muy emocionante.

En 1984, en la restauración institucional, hay múltiples debates. Por ejemplo, uno muy polémico, dirigido por Néber Araújo, sobre el Club Naval. En el mismo estrado puso a Sanguinetti, Tarigo, y los dos del Frente Amplio, Young y Cardoso, y en el otro a los del Partido Nacional, Juan Martín Posada, Alembert Vaz, Guillermo García Costa y Gonzalo Aguirre. Y quedó como que fueran dos partidos, y tuvo algo que ver con que Neber Araújo tenía una postura muy favorable a Wilson Ferreira y muy contraria al Club Naval. Eso generó una protesta muy grande, tanto del Frente Amplio como del Partido Colorado.

Luego vienen los debates presidenciales, aunque el Club Naval estuvo en toda la polémica. Recuerdo uno entre Seregni y Zumarán, que estuvo más centrado en el Club Naval; recordemos que Seregni estaba proscripto, por lo tanto no era candidato presidencial, el candidato era Crottogini, y tú me recordabas uno entre Crottogini y Dardo Ortiz, y luego el debate entre quienes eran los “finalistas”, Sanguinetti y Zumarán. Y hubo, en Canal 10, un debate entre los candidatos a la Intendencia de Montevideo, Aquiles Lanza, que fue finalmente elegido, Mariano Arana, del Frente Amplio, y Uruguay Tourné, por el Partido Nacional.

A.S.: Yo recuerdo uno entre Arana y Mario Carminatti en Canal 12.

O.B.: Sí. Ahí estamos hablando de diez años después, de 1994.

A.S.: Y después tenemos los de 1989.

O.B.: En el 89, el programa era En vivo y en directo, dirigido por Néber Araújo, y la revista Guambia le hizo una página entera, de humor, que decía “En Batlle y en directo”. Porque el único que debatía era Jorge Batlle contra los demás. Jorge Batlle contra Lacalle, contra Carlos Julio Pereyra, contra Zumarán, contra Seregni y contra Batalla.

A.S.: Recuerdo especialmente el debate con Lacalle, que fue de gran proyección de Lacalle.

O.B.: Diría una cosa de los cinco debates: esa fue una elección de las más ideologizadas de la etapa de restauración institucional. Tanto Batlle como Lacalle expusieron modelos de país parecidos, muy nítidos, sobre la base de lo que se puede llamar liberalismo económico. Y del otro lado, Carlos Julio Pereyra tenía un modelo muy diferente al de Lacalle, que luego generaron muchos de los cortocircuitos de ese gobierno; Zumarán era otra postura, más próxima a la de Carlos Julio Pereyra, dentro de la misma esfera, y obviamente Seregni y Hugo Batalla. Ahí no era solo debate de cómo gestionar los ferrocarriles, ni qué persona habla mejor. Había diferencias ideológicas fuertes.

Y hacia las elecciones del 94, el más recordado es el de Sanguinetti y Vázquez. Y esto que voy a decir es muy importante para el debate del martes, que también lo podemos decir de los recientes debates entre Andrade y Talvi y Cosse y Larrañaga: cuando el debate es entre dos, pero la elección es entre más de dos, puede ganar uno y perder otro, pueden perder los dos, y pueden ganar los dos. Vázquez y Sanguinetti ganaron los dos. A Sanguinetti, que atacó muy duramente a Vázquez, en realidad, no le importaba ni Vázquez ni el Frente Amplio. Estaba compitiendo, primero por frenar el voto más de derecha que se le iba hacia el Partido Nacional, y tratar de recuperar votos que ya se le habían ido. Es decir, Vázquez fue su contendiente en el debate, mirando en realidad a Volonté y Ramírez, del Partido Nacional. Y Vázquez sí, afirmándose como presidenciable, para competir en las Ligas Mayores.

Luego hubo otro menor en el impacto que tuvo, entre Ramírez y Vázquez. Tuvo muy escasa confrontación, y eso ayudó mucho, tanto a Vázquez como para matrizar lo que buscaba Sanguinetti. Y le sirvió a Ramírez, porque como Volonté no debatió, llenó un vacío que pudo haberlo afectado.

Y ya, habiendo mencionado los dos debates que condujo Daniel Castro en junio, de Andrade y Talvi, donde los dos ganaron, porque no fueron a ganarle al otro sino a posicionarse frente a sus electorados. Andrade frente al electorado frenteamplista, y Talvi frente al electorado opositor, e incluso frente al electorado pro frenteamplista que terminó yéndose a Talvi el 30 de junio. Hubo debate, pero de gran altura de los dos. Fue excepcional. En cambio, el de Carolina Cosse con Larrañaga fue mucho más acartonado, donde leyeron demasiado, y no los ayudó. Uno puede decir que no lo ayudó a ninguno.

Este último comentario que voy a hacer hace que Talvi tenga o no tenga razón en su protesta. Todo depende de lo que pase el martes de noche. Si los dos actúan muy bien, realmente es un juego en el que le hacen un offside al Partido Colorado, porque no le dieron pantalla. Pero capaz que, si los dos no se destacan, el gran ganador termina siendo el que quedó afuera. El martes puede ganar Daniel Martínez, Lacalle Pou, los dos, o Talvi, por no estar.