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Elecciones
internas del Foro
Batllista
La
definición del Delfín de
Sanguinetti
Oscar
A.Bottinelli
Aclaremos antes que nada que el
título de "Delfín" era el
que recibía el heredero del Reino
de Francia en la época de los
Borbones, y se ha generalizado como
sinónimo de sucesor de alguien. Y
en este caso, claramente, el Foro
Batllista más que elegir a su
candidato -o además de ello- estuvo
eligiendo a quién sucede como
candidato presidencial a Julio
María Sanguinetti, cuyo liderazgo
es absolutamente indiscutido en el Foro y
además se extiende al Partido
Colorado, fuera del Foro.
Recordemos que el mecanismo elegido
para la sucesión presidencial
buscó solucionar -y hasta ahora
parece exitoso, en cuanto a lograr algo
que funcione de manera no
traumática- tras dos fracasos
anteriores: uno el de Lacalle (quien
recurrió el mecanismo de
designación lideral, muy habitual
en el mundo, pero que supuso una fuerte
fractura, al punto de impedirle retener la
mayoría partidaria en la
elección pasada), y otro el de
propio Sanguinetti, en un juego que
terminó en una elección
primaria abierta con efectos muy negativos
para el Batllismo Unido, aceleró su
ruptura y contribuyó a una muy mala
votación tanto del Batllismo Unido
como del Partido Colorado. Hasta ahora
parece que el mecanismo ha resultado
exitoso en cuanto a resolver
armónicamente la sucesión
presidencial, de manera que todo el grupo
político surgiera respaldando a un
único candidato, sin la posibilidad
de fisuras importantes (me refiero a
quienes estaban obteniendo la mayor
cantidad de adhesiones).
Esta carrera comenzó
más o menos al año de las
elecciones pasadas, y dos nombres
estuvieron prácticamente desde el
principio: uno de una manera más
formal, más oficial o más
pública, que fue la de
Fernández Faingold, y otra que fue
la de Didier Opertti. Un tercer nombre fue
el de Mario Carminatti, quien
desistió de la candidatura poco
tiempo atrás por rechazar estos
mecanismos establecidos por el Foro.
Opertti declinó la
postulación cuando asumió la
candidatura a la presidencia de la
Asamblea General de las Naciones Unidas,
un cargo de relieve mundial que ejerce en
este momento, pero además cuando su
candidatura había empezado a
encontrar topes tanto a nivel de
opinión pública como del
aparato partidario. Quedaron definidos,
pues, Fernández Faingold, Ricardo
Lombardo que aparece un poco más
tarde, y Luis Hierro López que, si
bien fue una candidatura que estuvo
latente todo el tiempo, recién
cobró proyección a partir
del ascenso al Ministerio del Interior.
Veamos los puntos de partida y los
recorridos de los tres candidatos.
De los tres, Fernández
Faingold tiene la ventaja de ser el que
inició primero y en forma muy
explícita la carrera presidencial.
La otra ventaja con que contó fue
una fuerte estabilidad de las apoyaturas
políticas, ya que a fines de 1996
estaba recogiendo el 6% del total del voto
colorado y el primer lugar claro entre los
aspirantes foristas. Prácticamente
a lo largo de todo 1997 y buena parte del
98 se movió entre el 8% y el 9%, en
algún momento el 7%, y tuvo dos
picos altos: 13% en noviembre diciembre
del año pasado, 11% en enero de
este año, en las últimas
semanas un avance que lo llevó al
16%, y venía declinando unos puntos
debajo de lo que tenía en agosto.
Esta forma de ver los números
permite una segunda lectura: este piso
seguro que tenía Fernández
Faingold se le había transformado
en una inelasticidad, una fuerte
dificultad para crecer. El resultado de
Fernández Faingold puede leerse de
dos maneras: como negativo al haber salido
tercero, especialmente detrás de
Lombardo, una figura mucho más
nueva y de menor trayectoria en el plano
político, pero tiene otra lectura:
la de haber sido quien tuvo mayor cantidad
de votos en el colegio elector si se
excluye a Canelones, un departamento de
baja competitividad en la medida en que
sus dos figuras liderales impulsaban al
unísono una misma candidatura
presidencial. Más allá de
las ventajas y desventajas que puede tener
cada uno respecto a más o menos
carisma, más o menos atractivo,
Fernández Faingold tuvo dos grandes
dificultades estructurales para esta
candidatura. Una de ellos el cargo
público que estaba
desempeñando: el Senado aparece
como el peor cargo para un lanzamiento
presidencial, y lo veremos enseguida -es
muy obvio- en relación a Hierro
López. Lo que fue el cargo estelar
de la política uruguaya, el cargo
que (aunque reconocemos que desde la
oposición) permitió a Wilson
Ferreira Aldunate catapultarse de segundo
senador a candidato presidencial y
líder partidario, es hoy un lugar
muy oscuro para la opinión
pública, casi anónimo, y
obliga a un tremendo esfuerzo para forjar
un perfil y poder destacarse. Y el otro
cargo de Fernández Faingold fue la
secretaría general del Partido
Colorado, que da la impresión de
ser muy difícil para proyectarse.
El Partido Colorado tiene un
funcionamiento político muy escaso:
se reúne el Comité
Ejecutivo, trata algunos temas, pero nunca
es el centro de la decisión
política. El liderazgo tan fuerte
de Sanguinetti ha determinado que el
Partido Colorado en las negociaciones
políticas quedara siempre
representado por el propio presidente de
la República o por el conjunto de
líderes; recordemos que en el
proceso de reforma constitucional se
reunían Sanguinetti, Batlle,
Millor, y el secretario general del
Partido Colorado no aparecía como
un cargo de destaque. El momento en que el
cargo tiene destaque es en la
campaña electoral por la reforma,
cuando el presidente estaba al margen de
la misma, el Partido Nacional era
visualizado por su presidente, el Frente
Amplio por el candidato propuesto,
Tabaré Vázquez, y el Partido
Colorado por Fernández Faingold.
Este momento estelar también se
reflejó en las encuestas, cuando
Fernández Faingold duplicó
su adhesión electoral y
consolidó ese piso del que nunca
bajó en estos dos años.
Más allá de los atributos
para obtener o no captaciones, se
diría que el error de
Fernández Faingold es no haber
ocupado cargos de ejecución o
administración: es muy
difícil hoy catapultarse a la
Presidencia desde un cargo
parlamentario.
El caso de Lombardo fue
completamente distinto. De alguna manera
es el mismo camino que tuvo Volonté
en el período anterior: salir desde
la administración de un organismo
muy bien evaluado por la opinión
pública (en un estudio que hicimos
sobre Antel veíamos que la
totalidad de sus rubros tienen
calificación de muy bueno a
excelente por parte de la opinión
pública; la gente ha valorado muy
positivamente la gestión de Antel,
particularmente la satisfacción de
la demanda telefónica, la
digitalización del 100% de la red,
y todo esto sin duda se reflejó en
quien ejercía la presidencia del
organismo). Sin embargo, a Lombardo le
costó mucho llegar a ser
visualizado como candidato presidencial.
En nuestras encuestas recién
aparece en una forma competitiva,
acercándose a Fernández
Faingold, en octubre del 97, y allí
comienza un boom: noviembre, diciembre,
enero, febrero, marzo y abril, con el
punto culminante en febrero de 1998,
cuando alcanzó 18%, mientras
Fernández Faingold tenía 9%,
Opertti 6%, Hierro López ya en el
Ministerio 3%. No le alcanzó a
Lombardo para lograr el resultado, pero
para una figura que partió de donde
partió, con mucha menor trayectoria
que sus oponentes, da la impresión
de que fue un resultado
extraordinariamente positivo.
Hierro López, finalmente, es
una figura de larga trayectoria
política y periodística,
prácticamente nacida dentro del
batllismo. También estaba en el
Senado, donde carecía de
proyección, de perfil, y no era
visualizado como candidato presidencial.
El año pasado tenía 2% de
adhesiones, en diciembre del 97 1% y en
enero del 98 2%. Al llegar al Ministerio
inicia una carrera ascendente que lo
sitúa en febrero y marzo en el 3%,
en abril el 5%, mayo 6%, junio y julio 9%,
luego en un crescendo que lo lleva a
cerrar agosto en 16%, y ya en setiembre
venía superando ese nivel y
posicionándose claramente primero
en la opinión pública. Por
supuesto, hay que anotar claramente dos o
tres cosas. La primera es que optó
por una campaña muy diferente a la
de sus contendientes: no hizo
campaña explícita (uno
diría que hizo campaña de la
no campaña), en segundo lugar
contó con apoyaturas muy fuertes
(como los dos grandes líderes de
Canelones, Tabaré Hackembruch y
Orlando Virgili) y con un conjunto de
dirigentes (como el senador Ricaldoni, los
diputados Aguiar y Abdala) que permitieron
a mucha gente la lectura de que Hierro era
el candidato oficial, de que tenía
la "bendición" superior, lo que sin
duda también puede haber volcado
alguna gente a su favor.
Como toda elección -esta no
es una elección popular, ciudadana,
pero sí una elección de
estructura, donde los 1.200 convocados a
votar ocupan cargos partidarios o
electivos, o tienen actividad
política nacional, departamental,
local o barrial- esta tiene dos lecturas:
una la del resultado (quién
salió primero, quién segundo
y quién tercero) y otra es
cómo se distribuyeron los votos en
distintos lugares. Esto merece algunos
apuntes.
En primer lugar, el departamento de
Canelones. El Foro Batllista cuenta con
dos caudillos de larga trayectoria, dos
figuras de peso desde la vieja lista 15
("los Viejos", como les dicen
cariñosamente sus seguidores), como
son el por segunda vez intendente
Tabaré Hackembruch y el senador
Orlando Virgili. Ese departamento contaba
con 208 habilitados, de los cuales votaron
196. Tanto Hackembruch como Virgili, al
unísono, se pronunciaron y
trabajaron activa y duramente por la
candidatura de Hierro López, y de
ests 196 votantes, 135 (algo más de
dos tercios) lo hicieron por Hierro, y
prácticamente un tercio
manifestó una actitud
independiente, más hacia Lombardo
que hacia Fernández Faingold: uno
diría que de cada nueve votos de
Canelones hubo seis para Hierro, dos para
Lombardo y uno para Fernández
Faingold. Pero de alguna manera este
tercio de votos independientes
marcó un límite al poder de
Hackembruch y Virgili: no salen mal, los
dos tercios los respaldaron, aunque en lo
previo parecía que no
debería haber menos de 150
electores a favor de Hierro para que fuera
un respaldo total, y en abril ambos
dirigentes van a necesitar un muy buen
resultado para revitalizar su
fortaleza.
Un caso distinto es el de Soriano:
el senador Pozzolo se mantuvo neutral,
aunque gente muy allegada a él
trabajó por la candidatura de
Fernández Faingold, mientras que el
ex intendente Martino y el diputado Vener
se manifestaron a favor de Lombardo. Y en
Soriano Lombardo apareció bastante
por delante de Fernández Faingold,
con 58% a 27%. Aquí, la neutralidad
de Pozzolo puede ser entendida como
neutralidad total, o como que el grupo
puede tener algún nivel de
debilidad. Es otro caso en que se
medirá y revalidará los
liderazgos en las internas de
abril.
Y un caso opuesto puede ser el de
Maldonado, donde el senador Wilson
Sanabria se pronuncia por Fernández
Faingold, Benito Stern por Lombardo, y
prácticamente la suma de ambos
precandidatos es la casi totalidad del
departamento: hay claramente una
revalidación de liderazgos de los
dos, y sale muy fortalecido el senador
Sanabria, quien aparece como ganador, con
más de la mayoría absoluta
de los votos en apoyo a Fernández
Faingold.
Hay dos departamentos en que los
votos de Fernández Faingold
estuvieron por debajo de las apoyaturas
esperadas: uno es Flores, donde le apoyaba
el diputado Ramón Pereyra
Pabén y si bien gana tiene un nivel
de disidencia importante, y en Rivera
donde también existe un importante
nivel de disidencia, a pesar de las
fuertes apoyaturas con que
contaba.
Finalmente hay que considerar dos
departamentos donde las competencias
pueden considerarse las más
abiertas de todas, o donde hubo
equilibrios en los apoyos, por no existir
un caudillo dominante, como es el caso de
Montevideo, o Salto, donde la figura
señorial que es el intendente
Malaquina se mantuvo absolutamente neutral
y hubo un juego totalmente libre. En
Montevideo, este juego abierto (con
distintas apoyaturas de distinta
naturaleza) Hierro logró el 44% de
los votos, Fernández Faingold el
35% y Lombardo el 21%. En Salto, el juego
libre benefició a Fernández
Faingold, que obtuvo el 41%, Lombardo
logró el 34% y Hierro 24%. La
lectura es que, en dos lugares con juego
abierto, los resultados no fueron los
mismos.
Se despeja un gran escalón
hacia las elecciones internas del 25 de
abril de 1999, y tenemos ya
prácticamente definida la
competencia en el Partido Colorado con las
candidaturas de Hierro López,
Batlle, Millor, posiblemente la de
Vailliant (que se define en este mes) y la
de Federico Bouza.
También está definido
el cuadro del Partido Nacional, con
Lacalle, Ramírez, Ramos,
Volonté y Alem García, y
habrá que esperar el Congreso del
Frente Amplio para ver cómo queda
posicionada lo que por ahora parece una
disputa entre Tabaré Váquez
y Danilo Astori.
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