La mejor imagen la tienen en cambio la Iglesia, los bancos y la Policía

Para los uruguayos el poder reposa en la tríada gobierno-Parlamento-partidos 

Según la gente el poder en Uruguay lo tiene el sistema político: el gobierno, el Parlamento, partidos. Y estas son las tres instituciones que los uruguayos califican peor. En cambio, las tres entidades de menor poder son las que reciben la mejor opinión: la Iglesia Católica, los bancos y la Policía. El rival del sistema político en el manejo del poder para los frenteamplistas es el poder económico y militar, para los colorados los sindicatos y para los blancos el Poder Judicial.

Un observador parado en el medio de Mahattan pensaba: unos miran el rascacielos de las Naciones Unidas y dicen "allí está el poder", otros recorren Wall Street y replican "no, el poder está aquí"; incluso para otros el verdadero poder sobre la gente está en Madison Avenue o en St. Patrick, o más al sur en el Pentágono o la Corte Suprema. Es que el poder puede ser político, económico, comunicacional, espiritual, militar, judicial y de muchas otras formas.

Sin duda una forma de saber cómo una sociedad ve al mundo y a su propia comarca es cuando expresa dónde cree que está el poder, cuando ubica e identifica el poder. Para los uruguayos, para el conjunto de la sociedad oriental, el poder está en la política, reflejado a través de la tríada de instituciones que soportan el sistema político: el gobierno, el Parlamento y los partidos; y de estos tres, el más poderoso es el gobierno.

Durante mucho tiempo la visión oficial de la izquierda situó el poder en otro lado. La consigna predominante fue: llegar al gobierno para luego alcanzar el poder. Desde esta óptica, el poder no está en el gobierno, ni en el Parlamento ni en los partidos, sino en otro lado: en los bancos, en las grandes empresas, o en las Fuerzas Armadas. Para la base social frenteamplista eso no es así: cuando se piensa en el poder, de cada diez simpatizantes del EP-FA seis ubican el poder en la tríada política y solamente tres en la tríada económico-militar: empresarios, bancos, militares.

Para los colorados, cuyo partido es por lejos el más consustanciado con el ejercicio del gobierno, también para seis de cada diez el poder está en el sistema político, pero es interesante que ven a los sindicatos como el rival del sistema político: la quinta parte de los colorados, dos de cada seis, ven en el movimiento sindical el factor más importante de poder. Y los blancos ven también el poder en el sistema político, pero con menos fuerza: son la mitad los nacionalistas que estiman como lo más poderoso al gobierno, las cámaras o los partidos; pero uno de cada siete ve como la institución más poderosa al Poder Judicial, a los magistrados, lo que quizás se explique por la fuerte embestida judicial sufrida por dirigencias blancas en el lustro pasado.

La asociación entre poder y sistema político es más fuerte en las mujeres que en lo hombres, en la gente que vive en el interior que la que lo hace en Montevideo, y también más fuerte cuanto menor es la edad y cuanto más bajo es el nivel socioeconómico.

Un dato significativo es la fuerte diferencia de apreciación que la sociedad en su conjunto y cada uno de sus segmentos realizan entre el gobierno y las otras entidades políticas. Lo más poderoso para todos es el gobierno. El poder del Parlamento y el de los partidos se ven más o menos similares, pero a cada uno de ellos se les atribuye menos poder que a los empresarios.

La visión de los empresarios como factor de poderío se da fundamentalmente entre los montevideanos, en el nivel socioeconómico alto, entre los frenteam-plistas, en el sexo masculino y entre los funcionarios públicos, empresarios y profesionales universitarios.

Pero lo que surge con mucha fuerza es la visión negativa del poder. Cuando un conjunto de la sociedad identifica a alguna institución o grupo de entidades como la más poderosa, lo normal es que a su vez tenga una mala opinión de las mismas. Los colorados no ven demasiado bien a los sindicatos; los frenteamplistas miran con desconfianza a los empresarios, los militares y los bancos; los nacionalistas guardan suspicacia hacia los magistrados judiciales. Y cada uno a su vez considera como poderosa a esa institución o a esos grupos de instituciones.

La Iglesia Católica es la entidad de mayor prestigio (entre las instituciones que han sido testeadas por Factum en este estudio) y sin embargo ningún grupo social le atribuye poderío significativo. Y la sociedad en su conjunto ve muy poderoso al sistema político y a su vez tiene una imagen negativa de las entidades políticas. No es apresurado concluir que los uruguayos ven al poder como algo negativo.

Publicado en diario El Observador
marzo 11 - 2001