Para los fenteamplistas el desempeño del intendente es excelente

La gestión de Arana sigue gozando 
de una calificación muy buena

La población capitalina otorga a su intendente una calificación muy buena. El puntaje se mantiene incambiado en los últimos cinco meses y es inferior al que obtuvo al reasumir el cargo a mediados de julio pasado. La imagen de su gestión mejora en los niveles semibajo y bajo, y empeora en los niveles alto y medio. Mientras blancos y colorados consideran que la gestión del intendente Mariano Arana es buena, para los frenteamplistas es excelente.

Mariano Arana ha navegado los casi seis años que lleva al frente de la Intendencia Municipal de Montevideo con viento a favor: una calificación entre bueno y muy bueno. Una sola vez, al cerrar 1996 estuvo por debajo del bueno con 49 puntos (en una escala de 0 a 100). Fue el piso de un período que va de octubre de 1996 a febrero de 1997, en que se mueve siempre por debajo de los 60 puntos, cuando confluyeron una serie de hechos que generaron su primera afectación de imagen, el más fuerte de los cuales fue la privatización del estacionamiento tarifado céntrico y la implantación del cepo. En la primavera de 1998 se inicia un despegue que lo lleva a culminar su primer período y enfrentar la reelección con 80 puntos y un nivel de excelente.

Al alejarse del Palacio Municipal conoció su techo. Pasada la elección y su arrollador triunfo sobre el Partido Colorado en una relación de dos a uno, se conoció el importante déficit municipal y la necesidad de medidas restrictivas en el gasto, así como una política recaudatoria más agresiva. Reasume la comuna con tres puntos por debajo de cuando la dejó. En el interregno tuvo un leve desgaste, que se aceleró en los primeros 30 días de su segundo mandato. Y desde entonces se ubicó en esta franja en torno a los 70 puntos, donde no tiene ni grandes subidas ni fuertes bajadas, lo cual significa estar en un nivel estable y nítido de muy bueno.

El juicio de la población montevideana entra en la categoría de los juicios afectivos, es decir, donde la imagen no aparece respaldada plenamente por un juicio similar sobre los aspectos concretos de la gestión de gobierno. La gente juzga mucho mejor al intendente que a la labor que desempeña en los temas clave, como alumbrado público, calles, veredas, limpieza de la ciudad o recolección de basura.

La imagen de la Intendencia está plenamente asociada a la del intendente Arana. La aprobación de Arana es del 62% y la de la Intendencia de 59%; mientras la desaprobación del arquitecto es del 19%, la de la institución es del 15%. Resultado: el puntaje del intendente y el de la Intendencia son exactamente iguales, de 71 puntos. Es que a diferencia del gobierno central no aparecen caras visibles fuertes que identifiquen al gobierno comunal. A nivel nacional, además, del presidente de la República hay un vicepresidente y por lo menos seis o siete ministros con bastante exposición pública.

A fines del año pasado Arana lograba 75 puntos en el nivel socioeconómico alto, y hoy , 70. En el nivel medio también bajó, de 74 a 70. Pero en sentido contrario aumentó su popularidad en los niveles semibajo (de 68 a 77) y en el bajo (de 57 a 69). Para los frenteamplistas su gestión está en el más alto nivel de lo excelente, casi excelentísimo (89 puntos), mientras que para colorados (52 puntos), blancos (53) e independientes (59) su desempeño es bueno.

En el futuro inmediato se hace difícil una caída, o al menos una caída sustancial en la imagen del intendente montevideano. El Encuentro Progresista-Frente Amplio obtiene el apoyo de más de la mitad de los residentes capitalinos y es un electorado muy fiel a sus principales representantes políticos. Las dificultades financieras de la Intendencia, los recortes en las inversiones y algunas actitudes agresivas (el guinche de vehículos, el tema de los automóviles matriculados en el interior, la reiteración de amenazas de multas a la población) no parecen afectar a una población, más preocupada por las señales negativas en materias que compete resolver al gobierno nacional. Por otra parte hay una fuerte empatía entre Arana y una mayoría cómoda de la población capitalina (con independencia de los gustos políticos) y por ahora no se visualiza al jerarca comunal como un competidor lanzado en la disputa presidencial o vicepresidencial.

Publicado en diario El Observador
julio 1 - 2001