Un 37% de la población aprueba y un 37% desaprueba su gestión

Empate en la opinión pública sobre el desempeño
del presidente Batlle

El presidente Jorge Batlle inició su mandato presidencial con un juicio de la población de Muy Bueno y llegó a alcanzar los 68 puntos en 100. Al cabo de un año y medio de gobierno el juicio pasó a ser neutro, con 47 puntos. La caída es producto de la baja de las aprobaciones y el aumento de las desaprobaciones. Hoy a Batlle lo apoyan dos de cada tres personas que lo votaron en el balotaje de noviembre de 1999, pero está cuatro puntos por encima de la votación colorada de octubre

El balotaje y el estilo seductor desplegado por Jorge Batlle en los últimos dos años y medio explican el alto nivel de adhesión con que se inició el mandato presidencial. En efecto, el balotaje supone que por primera vez el presidente de la República recibe en forma directa e inmediata, sin intermediación, el apoyo de la mayoría absoluta del electorado activo, es decir, más de la mitad de los votantes afirmativos depositan en la urna una hoja de votación que lleva exclusivamente las fotografías, nombres y apellidos suyos y de su escolta, el candidato vicepresidencial. No hay, pues, forma alguna de que el presidente no reciba el apoyo de más del 50% de los que sufragan por alguna opción, lo que en la hipótesis normal más desfavorable implica nunca menos del 49% del total del Cuerpo Electoral real (suponiendo un 3% de votos nulos y en blanco). A eso se suma que el viejo líder colorado descubrió una capacidad seductora sobre la gente, que algo había despuntado a mediados de 1989, cuando triunfó en las internas del Batllismo Unido en confrontación directa con Enrique Tarigo, capacidad que alcanzó a sus partidarios, a los adversarios tradicionales y también a la muy crítica izquierda. A lo largo de este año y medio de gestión surgen tres niveles de comportamiento de la opinión pública:

Uno. Desde la toma de posesión hasta agosto recibe una calificación de Muy Bueno y casi toca los 70 puntos (en un total de 100), algo realmente excepcional para un primer mandatario uruguayo. Este alto nivel, ya en descenso, se observa por última vez en agosto del año pasado. Golpeado por el explosivo aumento de la desocupación (trepa del 11% al 14% de la población económicamente activa) y por la caída en la actividad de la industria, el comercio y los servicios, cambia el nivel de juzgamiento público del desempeño presidencial. En toda esta etapa la característica fue un muy elevado nivel de aprobaciones y un bajo porcentaje de desaprobaciones.

Dos. Desde setiembre a diciembre de 2000 y nuevamente en marzo y abril de 2001 se sitúa por encima de los 50 puntos, en una calificación de Bueno. Este nivel, compuesto por dos períodos, tiene como constante una ventaja, aunque leve, de las aprobaciones respecto a las desaprobaciones.

Tres. En el verano pasado (enero y febrero de 2001) y desde mayo en adelante toca los 50 puntos o se ubica por debajo de ellos, con un piso de 46 alcanzado en julio, el punto más bajo de su gestión. Este nivel se caracteriza por un cierto equilibrio entre aprobaciones y desaprobaciones, a veces con una leve ventaja de las primeras y otras con leve predominio de las últimas.

Otro ángulo de análisis es el comparativo electoral, es decir la confrontación entre el porcentaje de aprobaciones y el porcentaje de voto obtenido. Batlle alcanza la Presidencia con el 52% del total del electorado real, porcentaje que supera entre marzo y julio de 2000, cuando las aprobaciones van del 53% al 57%. Hoy se ubica 15 puntos por debajo de su votación; en otras palabras, hay un 15% del electorado que votó a Batlle como presidente pero que no aprueba su gestión. Si la comparación se hace con el resultado obtenido en octubre de 1999, cuando logró el pasaje al balotaje, siempre estuvo por encima de ese 32%; hoy está cinco puntos por encima; es decir, hay un 5% del electorado que votó a otro partido y aprueba su gestión. El desempeño de Batlle es considerado excelente por los colorados, bueno por los blancos y muy malo por los frenteamplistas. Aunque no hay diferencias significativas por nivel socioeconómico, edad, sexo u ocupación, tiene un mayor apoyo en el nivel alto, los mayores de 60 años, los hombres, los empresarios y profesionales y los jubilados y pensionistas.

 

Publicado en diario El Observador
octubre 7 - 2001