Opiniones divididas en cuanto a la generalización de los contratos a término

Fuerte apoyo a algunas formas de flexibilización laboral en Uruguay

Un apoyo claramente mayoritario obtienen la flexibilización horaria semanal, la flexibilización de los descansos intermedios y la posibilidad de horas de trabajo diferenciadas en zafras y contrazafras. Hay opiniones divididas, con leve predominio de los juicios negativos, respecto a la generalización de los contratos a término y en cuanto a los efectos que sobre el empleo ocasionaría una menor rigidez de los contratos de trabajo

La flexibilización laboral es uno de los temas trascendentes en materia de reforma estructural, considerado parte del paquete de cambios de segunda generación y sin duda altamente controversial, particularmente en un país de fuerte tradición regulatoria. A fines de junio el ministro de Economía, Alberto Bensión, dio el puntapié inicial a la reforma laboral, en un discurso ante la Asociación de Dirigentes de Marketing, y en estos días se maneja la posibilidad de un pronto envío al Parlamento del correspondiente proyecto de ley.

La materia laboral presenta una muy elevada regulación, producto de diversas fuentes: la legislación nacional, los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo, los decretos y reglamentaciones del Poder Ejecutivo, los convenios colectivos y particularmente la jurisprudencia que ha extendido con mucha fuerza la intervención estatal en las relaciones entre empleadores y empleados de la órbita privada. En Uruguay la regulación del trabajo en la actividad pública (Estado, entes autónomos, servicios descentralizados, gobiernos departamentales) es ajena al derecho laboral. En tanto las fuentes son tantas y las regulaciones muchas, es un abanico muy grande el de posibilidades de desregulación o flexibilización. Algunas de las iniciativas sugeridas por el Ministerio de Economía apuntan a la flexibilización horaria, en particular a tres puntas: el horario global semanal, los horarios zafrales y los descansos intermedios. El horario global semanal supone la existencia de un límite semanal de horas de trabajo, pero no un límite diario. El ejemplo más utilizado es el de un restaurante, para cuya actividad es más conveniente que, por ejemplo, sus empleados trabajen 12 horas diarias los viernes, sábados y domingo, cuatro horas los miércoles y los jueves y descansen los lunes y martes. Este tipo de horario global se aplica en algunas industrias por convenio colectivo entre empresas y sindicatos, aunque es de muy dudosa legalidad. Y es de uso extendido en la Universidad de la República, donde muchos investigadores, técnicos y administrativos emplean el sistema de horario global semanal.

Los horarios zafrales suponen límites horarios semanales para diferentes épocas del año. Dos ejemplos clásicos son los de la industria de la bebida y las actividades turísticas, con una alta concentración de actividad en el verano y baja o nula en el invierno. Y así se sugiere, por ejemplo, la posibilidad de trabajar semanas de 60 horas durante tres meses y se compense con no trabajar en invierno por todas las horas realizadas en exceso. Como contrapartida la empresa debe asegurar el empleo todo el año y pagar lo mismo todos los meses, trabaje 12 horas diarias o no trabaje.

El tiempo de descanso actualmente es obligatorio al cabo de las cuatro horas de labor, y en la mayoría de los casos es de media a una hora. Lo que se pretende es que ese descanso pueda ser tomado en otro momento, por acuerdo entre las partes, a conveniencia común de la empresa y el trabajador. O inclusive no tomar el descanso y retirarse antes, lo cual puede ser muy conveniente para un estudiante, una madre con hijos chicos o quien tiene dos empleos.

El contrato a término hoy existe pero con muchas limitaciones. La flexibilización supondría la posibilidad de contratar a una persona por un tiempo determinado, no necesariamente corto, sin que exista indemnización por despido al término de la relación.

Todas las flexibilizaciones en materia de horarios y descansos cuentan con un amplio apoyo de la población, y ese apoyo se da entre frenteamplistas, colorados, blancos, nuevoespacistas e independientes, de los dos sexos, los cuatro niveles socioeconómicos, los diferentes tramos de edad y tanto en la capital como más fuerte aún en el interior. El contrato a término divide las opiniones casi por igual, con leve predominio de los juicios negativos. Concita fuerte rechazo entre los frenteamplistas y leve apoyo entre colorados y blancos. (Informe de Factum Opinión Pública, especial para El Observador. Derechos reservados.

 

Publicado en diario El Observador
octubre 21 - 2001