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Ilusión
y pena en un plástico
Uno
de cada tres mayores de 15 años posee al menos una
tarjeta de crédito. La tenencia de los plásticos es
mayor cuanto más elevado es el nivel socioeconómico.
Los cuarentones son quienes tienen proporcionalmente
más tarjetas, y los porcentajes caen hacia ambas
puntas.
El
dinero no es todo en la vida también están las
tarjetas de crédito". Palabras más, palabras
menos, esta ironía aparece en muchos comics y
caricaturas de los últimos tiempos, a partir de la
irrupción masiva de esos pequeños rectángulos de
plástico que han cambiado las costumbres de mucha
gente, de consumidores y comerciantes, a lo largo y
ancho del mundo.
La
tarjeta de crédito ha pasado a ser sinónimo de
muchas cosas: mayor facilidad de compra,
despreocupación por tener dinero en la billetera,
miedo a comprar sin límites y la angustia de la
llegada de la cuenta mensual.
Para
los comerciantes ha significado una disminución en
los márgenes de ganancia y retardo en los cobros, o
por el contrario mayor facilidad de venta. Para los
asaltantes el cartelito "no se aceptan tarjetas
de crédito" es un buen indicador de que por allí
hay una caja repleta de efectivo. También ha
impactado al mundo de la cobranza: han aparecido
tarifas diferenciales en distintas instituciones
(clubes, mutualistas) donde el afiliado paga menos si
lo hace con tarjeta que mediante cobrador. Como todo
cambio revolucionario, genera impactos para un lado y
para el otro, produce cariños y odios según el
momento del mes y también según el lado del
mostrador.
Hay
tarjetas para muchos gustos y colores:
internacionales, regionales y nacionales; plásticos
concedidos con altas exigencias y otros contra la
presentación de un simple recibo de sueldo, un
certificado de antigüedad en el trabajo y una foja
limpia en el Clearing de Informes; y hasta tarjetas
prácticamente volanteadas.
Uno
de cada tres mayores de 15 años posee tarjetas de crédito:
más o menos la mitad de ellos tiene una sola y la
otra mitad al menos dos tarjetas. Hay una forma de
presentar datos estadísticos, de manera forzada,
casi de caricatura, que es tratar de construir el
retrato del individuo medio. En este caso se puede
decir que el poseedor promedio de tarjetas es una
persona de nivel socioeconómico alto o quizá medio,
residente en Montevideo, de 40 y pico años de edad,
que paga casi siempre todo el estado de cuenta
(financia poco) y lo hace en pesos uruguayos, y tiene
entre uno y dos plásticos.
La
realidad es un poco más compleja y con más matices.
Hay tarjetas en los cuatro niveles socioeconómicos,
aunque es mayor el porcentaje cuanto más elevado es
el nivel socioeconómico; de cada 10 personas de un
mismo nivel, tienen tarjeta cinco en el nivel alto,
cuatro en el nivel medio, tres en el semibajo y
solamente dos en el nivel bajo. Estos datos indican
dos cosas: por un lado que los plásticos se
masificaron, porque hay un número importante en los
niveles ubicados de la mitad hacia abajo; por otro
lado, que a pesar de esa masificación tiende a ser
un instrumento de pago de mayor preeminencia de la
mitad social hacia arriba.
Hay
poseedores en la capital y en el interior, pero en
Montevideo es uno cada dos y tierra adentro uno cada
cuatro, lo que marca fuertes diferencias entre los hábitos
de consumo entre el país metropolitano y el país
simplemente urbano o semi rural.
Casi
no tienen tarjetas los menores de 20 años (apenas un
3%). Luego se produce un gran salto, ya que la poseen
cuatro de cada 10 veinteañeros, y la proporción
sigue subiendo hasta los 50 años de edad, etapa de
la vida en que la mitad de la gente es poseedora del
plástico. Luego la proporción baja hasta llegar a
la tercera edad (septuagenarios y siguientes), entre
quienes en conjunto hay pocos poseedores de tarjetas:
un individuo de cada seis. Una duda que queda para el
futuro es cuál es la razón de que baje la proporción
de tenedores de "credit cards" a partir de
la cincuentena.
Una
explicación posible es que puede comenzar a
disminuir la necesidad de consumo y se entra en una
etapa con mayores temores y por tanto con una actitud
más cautelosa.
La
otra explicación puede estar relacionada
exclusivamente con la etapa de la vida en que las
tarjetas se masificaron, algo así como lo que ocurre
con las computadoras; si ésta es la motivación
correcta, entonces habría que esperar que de aquí a
10 años, cuando los actuales cuarentones sean
cincuentones, no baje la proporción de un tramo de
edad al siguiente, sino que se mantenga estable.
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