Medicinas alternativas

Para el 55% de los uruguayos hay problemas de salud que sólo los resuelven las medicinas alternativas y no la tradicional, en particular la homeopatía, la acupuntura y los curanderos, pero sólo el 26% reconoce utilizarlas

         La medicina es la "ciencia y arte de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano". Así, en esa forma tan precisa y seguramente incompleta y controversial, es que la define la Real Academia Española de la Lengua, todopoderosa autoridad que santifica y demoniza palabras y acepciones. Pero la cosa es bastante más compleja. Para empezar no es tan tajante la diferenciación entre enfermedades del cuerpo y enfermedades de la psiquis, al punto que existe el estudio combinado de lo psicosomático. Tampoco esa definición de la medicina basta para distinguir entre las medicinas autorizadas y las no autorizadas, las ortodoxas y las heterodoxas. Sin contar que en Uruguay hay toda una parte del cuerpo y sus enfermedades que está fuera de la medicina en cuanto Facultad y profesión: la boca, o buena parte de ella, que corresponde a los odontólogos.

Y por si la complicación fuera poca, viene otro interrogante: Cuando se habla de medicinas alternativas, ¿son alternativas a qué? Se supone que a lo aceptado normalmente, a lo ortodoxo. Y, ¿qué es la ortodoxia?, ¿quién la determina? Se supone que en principio la integran todas las prácticas, procedimientos y técnicas plenamente aceptados por la Facultad de Medicina, por las sociedades científicas y hasta por los gremios médicos. Una medicina normal es aquella que es aceptada como tal por la comunidad médica, y ésta se integra por los que han egresado de la única Facultad (de Medicina) existente en el país. Medicina alternativa es pues toda aquella que no surge en forma clara e inequívoca como una rama o especialidad dictada o aceptada por esa comunidad, o esa facultad.

Por otro lado, es sabido que la medicina oficial o tradicional siempre debió competir con formas de curar las enfermedades —del cuerpo o de la mente, o de ambas en combinación— practicadas fuera de la comunidad médica. Las más viejas y comunes de ellas sin duda son el curanderismo y la yuyería, con gran auge décadas atrás en campaña, en zonas y tiempo con pocos o ningún médico. Entendido el curanderismo como una forma de diagnosticar y curar mediante palabras, gestos o rituales, a veces acompañados de brebajes; y la yuyería como una forma de farmacopea natural, simple.

Hoy más de la mitad de los uruguayos confían en las medicinas alternativas y consideran que existen problemas de salud que la medicina tradicional no puede resolver y sí los resuelven otras prácticas o medicinas alternativas. Hay prácticas que tienen su auge y caída, como en su momento el "agua de Querétaro". Otras tuvieron su auge y, aunque han disminuido, no desaparecen, como las flores de Bach. Y otras ni causaron furor ni tienen riesgo de extinción, como por ejemplo la apelación a la parapsicología con finalidades terapéuticas, en la que confía y la cual practica un porcentaje bajo de la población, pero muy estable en los últimos ocho años.

Las tres técnicas que prevalecen son la homeopatía, la acupuntura y el curanderismo, con diferentes intensidades y perfiles. La homeopatía es aquella en la que más se cree y la más practicada, aunque de cada tres personas que confían en ella solamente la utiliza una. Como se ve, esa especialidad tiene un amplio mercado por delante que puede triplicar sus consumidores. Los que confían en la homeopatía son muchos más en Montevideo que en el interior (37% contra 24%) y más mujeres que hombres (35% contra 23%).

Dos rasgos notables son que la confiabilidad (y su uso) es mayor cuanto más elevada es la edad y cuanto más alto es el nivel socioeconómico. Mientras cree en la homeopatía el 45% de los mayores (61 años en adelante), lo hace solamente el 23% de los jóvenes y adultos jóvenes (15 a 30 años). Asimismo, confían en esta técnica el 40% de las personas de nivel alto y solamente el 22% de las de nivel bajo.

La acupuntura es más fuertemente montevideana (31% contra 16% del interior) y más homogénea en cuanto a sexos (ambos confían y la emplean por igual). Al igual que la homeopatía despierta más adhesiones cuanto mayor es el nivel socioeconómico: 32% en el alto, 12% en el bajo. Pero a la inversa que la especialidad alternativa dominante, decae en la mayor edad y predomina en las generaciones intermedias: jóvenes 22%, adultos medios 25%, mayores 17%.

El curanderismo tiene adeptos y practicantes en todos los niveles socioeconómicos pero predomina en los niveles bajos: 23% en el nivel bajo, 15% en el semibajo, entre 9% y 10% en el alto y medio. Decae su adhesión en las personas mayores (9%) en relación a jóvenes y adultos medios (15%). Tiene algo más de peso en el interior que en Montevideo, pero muy leve (15% contra 12%) y algo más en los hombres que en las mujeres (17% contra 11%).

Publicado en diario El Observador
marzo 10  - 2001