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Optimismo
en cuanto a la clasificación
para Japón y Corea
Hace
mucho tiempo la clasificación para un mundial de fútbol
se consideraba un mero trámite a cumplir y las
expectativas se centraban en la posibilidad de
reeditar las hazañas de Colombes, Amsterdam,
Montevideo y Maracaná. Después se impuso otra
realidad: dos mundiales consecutivos sin clasificar,
malas actuaciones de los seleccionados mayores,
reiterados cambios en la dirección técnica,
conflictos políticos en la conducción del fútbol
profesional uruguayo. Al cabo de todo eso, la afición
uruguaya revivió en sus esperanzas con una fuerte
aprobación de la gestión de Daniel Alberto
Passarella (ver encuesta del domingo 5 de noviembre
sobre el juicio de la población sobre la gestión de
Passarella) y una fuerte confianza en las
posibilidades de clasificar.
A
pesar de concluir la primera rueda en el riesgoso
quinto lugar, que habilita a disputar una plaza en
Japón y Corea con el campéón de Oceanía, y a
punto de disputar esos temidos partidos en la altura
de La Paz, siete de cada 10 uruguayos creen que es
seguro o probable que Uruguay clasifique para el próximo
Mundial y la misma proporción considera que es muy
importante que ello ocurra o, más genéricamente,
que es muy importante que el fútbol uruguayo tenga
éxitos o tenga fracasos.
Cuatro
largos años atrás, con Héctor Núñez al frente y
la última conquista de la Copa América, las
expectativas de clasificación eran menores que las
actuales. Al comenzar las Eliminatorias solamente el
57% abrigaba expectativas de ver la celeste en
Francia, mientras que un 20% partía del supuesto
cumplido de que el Mundial sería visto por la
selección uruguaya sólo por televisión. Y ese fue
el momento más optimista: en julio las expectativas
de clasificar habían bajado al 28%
Cuando
en marzo de 1996 el director técnico uruguayo era Héctor
Núñez y los celestes campeones de América, en ese
momento las expectativas de clasificación eran
menores a las actuales. Al arrancar la disputa de las
Eliminatorias para el Mundial de Francia 98, el 57%
pensaba que Uruguay clasificaría, mientras el 20%
pensaba que no lo haría. A poco andar, en julio, el
optimismo cayó al 28% y el pesimismo pasó a ser
mayoritario (54%). Un mes más tarde, con Juan
Ahuntchain en lugar de Núñez y posibilidades de
clasificar en el límite máximo de las matemáticas,
quedó un 17% de optimistas a ultranza frente a un
64% de pesimistas, o más exactamente realistas.
En
este nuevo ciclo de fin de milenio las expectativas
iniciales fueron algo mayores que en 1996: 61%,
crecimiento debido seguramente a la alta confianza
generada por Passarella. Luego de la derrota ante
Paraguay la expectativa cayó al 51% y comenzó el
remontar la cuesta hasta llegar al 74% tras el empate
en Maracaná y la victoria frente a la débil
Venezuela. Después del empate con Perú en el
Centenario, las derrotas de visitante con Colombia y
Argentina y la goleada sobre Ecuador, las ilusiones
se erosionaron un poquito, pero no demasiado, para
quedar en el 71%.
Ahora
bien, ese porcentaje corresponde al conjunto de los
uruguayos, pero no todos los grupos opinan lo mismo.
¿Qué variaciones hay? Hay más optimismo en el
interior que en Montevideo (73% contra 68%). El nivel
socioeconómico medio es el más optimista (77%),
seguido del semibajo (75%), el bajo (71%) y por último
el nivel alto (60%). Y parece que el optimismo se va
con los años, como que el 81% de los jóvenes creen
en la clasificación, frente a un 69% de los adultos
medios y un 61% de los mayores. Los hombres tienen más
esperanzas que las mujeres (79% a 64%). Y en todos
los grupos ocurre que el porcentraje de quienes creen
probable pero no segura la clasificación es
invariablemente mayor que los que están seguros del
viaje a Japón-Corea
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