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"La izquierda llega al gobierno con mucho menos preparación de lo
que uno se había imaginado"
Entrevista a Oscar A. Bottinelli
La semana que viene se cumple un año
del Frente en el gobierno. El 31 de octubre del 2004 fue
Oscar Bottinelli, quien afirmando: "Tenemos Presidente"
autorizara desde las pantallas de Canal 4 a Tabaré para
lanzar su histórico "Festejen uruguayos, festejen" y se
soltará la alegría desembozada de aquella noche inolvidable.
Decidimos entrevistarlo y respondió nuestras preguntas con
un pormenorizado análisis y planteó cuáles son, a su juicio,
las encrucijadas principales que deberá dilucidar la
izquierda para llevar a cabo una gestión exitosa.
¿Se
puede saber a quién votaste?
No, yo me retiro de la
política a fines del 89. Y paso a este otro lado del
mostrador. Este lado obliga a estar en la mayor asepsia
política. Y después uno se transforma en una especie de
individuo que anda con un microscopio mirando los políticos
dentro de las plaquetas. Y se termina siendo insoportable,
porque vive diciendo todo lo que hacen mal. ¡Claro! ¡Cómo no
lo hace uno! (Se ríe). Es más o menos como los comentaristas
de fútbol. Ninguno está dentro de la cancha. Esto hace que
uno sea más crítico de lo aceptable por los políticos.
¿Y que se ve a través de ese microscopio lo que ha
sido este primer año de administración frentista?
Es bastante complicado.
Diría que dejando de lado los macro acontecimientos con
Argentina, -que le han dado un respaldo muy grande al
Gobierno en lo interno-, creo que lo que más se notó es que
la izquierda llega al gobierno con mucho menos preparación
de lo que uno se había imaginado. Y no hablo de la
imaginación popular, desinformada,... sino del contacto que
uno tenía con dirigentes, con la gente que estaba elaborando
proyectos, que estaba trabajando con algunas fundaciones.
Uno pensaba en algo mucho más aterrizado y siente que se
está repitiendo la experiencia de la Intendencia de
Montevideo, en donde se llegó sin tener las cosas
preparadas. Allí se desperdició mucha preparación que había
habido en años anteriores y además hubo en aquel momento
muchos errores políticos. Y acá da la impresión de que
nuevamente hubo aprendizaje sobre la marcha. Lo estamos
viendo con mucha claridad en el terreno laboral, donde
rápidamente se fue a la derogación del decreto sobre la
regulación de ocupaciones. Hoy hay una opinión mayoritaria
del Gobierno en que si eso no fue un error, por lo menos fue
un apresuramiento. Se está notando que hay un desborde
porque no se valoró adecuadamente lo que implicaba conjugar
la derogación de ese decreto con las convocatorias a
Consejos de Salarios.
Ambas cosas iban a traer una explosión sindical, que
necesariamente lleva al acceso a la dirigencia de gente sin
experiencia, inmadura, sin trayectoria, y con bases recién
sindicalizadas que tampoco tienen la madurez de un sindicato
de larga data, que tienen mayores inmediatismos; entonces
resultó una combinación un poco explosiva. Porque se observa
que la mayoría de las ocupaciones -digamos- prematuras,
están ocurriendo en gremios nuevos. Aquellos sindicatos que
se mantuvieron fuertes, en grandes empresas, cuyos consejos
de salarios fueron prácticamente nominales porque ya venían
con convenios colectivos vigentes, renovables; esos no
tuvieron ningún cambio. Pero el tema es que hubo una
explosión de sindicalización y requería haberla enmarcado
mucho más.
¿Y ahora se estaría
intentando hacerlo?
Uno ve al Ministro
Bonomi como ha ido girando de lo que eran sus posturas
iniciales en marzo, abril y mayo al de ahora.
Está poniendo al Ministerio de Trabajo en una posición
arbitral, que no quiere decir neutral en todas las
cuestiones de fondo, pero sí en el sentido que el Ministerio
no sea una correa de transmisión de los sindicatos, ni estar
para volcar la balanza a favor de ellos, como se dijo al
comenzar la gestión. Y no digo esto para decir que sea el
problema sindical el principal, sino como uno de los
ejemplos más claros de lo que es haber llegado más con un
estado de espíritu de hacia donde ir que con planes y
programas concretos.
¿Hay otro ejemplo?
La seguridad pública es
otro tema, en donde por ejemplo uno ve errores que fueron
más de como se presentaron las cosas que de objetivos. La
liberación de presos fue claramente exitosa; se habla de
cifras de reincidencia muy bajas, muy por debajo de los
parámetros normales. Pero la forma de planteo del tema
generó conmoción; hubo un gran problema comunicacional, se
ponía el énfasis en los derechos humanos de los presos,
quizás hasta con alguna falta de entendimiento de cuál es la
percepción de la sociedad sobre la seguridad pública.
¿Cuál es esa
percepción?
Bueno, los sectores más
preocupados por la seguridad pública fueron y siguen siendo
los económicamente medios para abajo. Porque cuantos más
recursos se tiene, se tiene más posibilidades de obtener
seguridad. Usted no puede tener una casa en un barrio de la
periferia de Montevideo y gastar en rejas, empresa de
seguridad, vigilancia... En Carrasco en cambio, si recorre,
tiene toda la seguridad privada necesaria. Mire los índices
de delincuencia de Carrasco Sur y compárelo con las zonas
periféricas. Esa idea que podía interpretarse como una
especie de lucha de clases no era así. Las víctimas de la
inseguridad son las personas a las que les están robando
algo que para su presupuesto es altísimo: un televisor
comprado en treinta y seis cuotas de las cuales les falta
pagar treinta y tres sin tenerlo ya. Y además son personas
para las cuales el televisor es el único entretenimiento que
se pueden pagar. Creo que ahí hubo errores que ahora
parecería que se están corrigiendo, aunque todavía faltan
definiciones.
Tú has sostenido
que la izquierda llegó con concepciones muy diferentes en su
interna.
Pero cuando digo la
interna no significa que sea porque hay un grupo moderado y
uno radical. Dentro de la mayoría de los grupos existe esa
contradicción. Y diría que muchas veces también dentro de
las mismas personas. No es un tema de blandos contra duros.
No, está la visión que podríamos llamar pragmática, de decir
que en el mundo occidental lo único que existe es la
economía de mercado, lo único que ha funcionado; otros
modelos no lo han hecho o han caído, y por lo tanto una
política de izquierda y social es hacer que esta economía de
mercado sea lo más humana, solidaria y protectiva que se
pueda, digamos una socialdemocracia de izquierda o para que
se entienda mejor "a la sueca". Para decirlo en una palabra
que levanta más escozor en la izquierda: aceptar el
capitalismo. Lo otro es la idea utópica de un socialismo
como sociedad diferente. Con una socialización de los medios
de producción, aunque sobre todo desde el fin del modelo
soviético hay muchas dudas sobre el significado de esto, si
es estatización, si es la experiencia de autogestión.
O si son
cooperativas...
Cuidado que el
cooperativismo, que hoy tiene mucho apoyo en la izquierda,
era considerado una forma capitalista en los años
predictadura, y cuestionado desde todas las posturas
marxistas o marxistizantes. La visión que hay del
cooperativismo hoy es la opuesta a la que uno puede leer
entre el 68 y el 71. El único defensor del cooperativismo de
forma clara e inequívoca que había en el Frente Amplio era
el PDC.
No existía tampoco
el cooperativismo de vivienda.
El cooperativismo de
vivienda empieza a desarrollarse con la Ley de Vivienda,
cuyo auge es ya andando los 70'.
Pero el
cooperativismo de vivienda implica algo distinto; no se
trata de medios de producción.
Si, esa concepción no
estaba tan ligada al cooperativismo de vivienda que podría
catalogarse como cooperativismo de uso, sino al
cooperativismo económico, ya sea de producción o el
financiero, que es que más éxito ha tenido en el Uruguay.
No es el mejor
momento para esa afirmación.
Bueno, pero más éxito
en cuanto al desarrollo de instituciones, más allá que esas
instituciones después han terminado en bancos, como Acac
primero y ahora aparentemente Cofac, si sucede.
Bueno, ¿pero
podemos titular esta nota, Bottinelli: gobierno
esquizofrénico?
No es que sea
esquizofrénico. (Risas) Y además no es un problema del
gobierno; es de toda la izquierda, que por ejemplo va
decantando. Yo tomo el caso Chiflett como una opción de
decir: "yo adhiero o sigo adhiriendo sin concesiones a este
modelo". Con lo cual se independiza de toda necesidad de
pragmatismo gubernamental. Y eso es un sentimiento muy claro
que existe en sectores de izquierda. Pero salvo esos casos
de gente que se ha ido decantando con mucha claridad hacia
ese lado y otros que han asumido una postura socialdemócrata
clara, el grueso aún no lo ha hecho. El ejemplo de Mujica es
bastante claro, cada vez que maneja propuestas altamente
pragmáticas, parte de una fundamentación utopista, diciendo:
"ahora tendremos que aceptar esto, tragarnos el sapo o
primero vamos a vivir, a comer y después se verá". No hay
una expresa renuncia a la utopía. Creo que este es un
problema grande, donde uno empezó a ver que los actores de
la izquierda llegaron al gobierno con ideas distintas sobre
lo que iba a ser ese gobierno. Para unos la idea era mejorar
un presupuesto, hacer determinadas obras; y para los otros
era empezar a afectar el capitalismo. Y esto se ve en el
concepto de empresas, de inversiones, de ganancias, rentas o
lucro. Hay todavía en la izquierda un largo proceso para
decantar hacia el lado que sea. Y este proceso siempre va a
implicar desgarramientos, porque en definitiva fue mucho más
lo que unió "en contra de" o en aras de utopías no
necesariamente realizables contra otras que podían serlo.
Y ligado a esto hay un tercer factor, y es que la izquierda
se acostumbró a construir sus políticas sobre la base de los
reclamos corporativos, básicamente los sindicales. Los
reclamos corporativos tienen una lógica de que no
necesariamente tienen que ser compatibles entre si. Se puede
apoyar a dos sindicatos cuyos intereses, en última instancia
se están oponiendo. La lógica corporativa tiene como
consecuencia que atiende la faceta del individuo que está
identificada con esa corporación. No atiende las otras. Por
ejemplo, un obrero del transporte es eso y se identifica con
su calidad de tal. Pero no se identifica con su calidad de
usuario de UTE o de OSE. A su vez un funcionario de UTE no
se identifica a si mismo como usuario del transporte.
Entonces la lucha del transporte muchas veces lleva a que se
encarezca el boleto, que perjudica a los otros trabajadores.
Esto que se puede dar en un marco de luchas reivindicativas
y de acciones opositoras llega a su fin en el gobierno. En
el gobierno no se puede decir "viva a todo", porque hay que
resolver ecuaciones. Si un gobierno dice que sí a este y al
otro, sube el precio de esto y de lo otro, la población
empieza a adquirir conciencia de usuario. Por eso este es
otro tema, la izquierda recién está dando en algunas áreas,
y no en todas, el salto de pensar en forma fragmentada en
función de intereses sectoriales, para pensar en globalidad
sobre el interés colectivo.
El interés
colectivo es algo difícil de evaluar.
Digamos que el interés
de la mayoría de las personas del país. O dicho en
terminología más de izquierda: no necesariamente el interés
del pueblo coincide con el interés de las reivindicaciones
populares de cada sector popular. La suma de sectores da
muchas veces como resultado una oposición al interés global.
Y este es un tercer tema, que es diferente al anterior que
describía, porque lo otro es más ideológico de fondo. Esto
es más de percepción de las formas de actuar. Este es otro
problema en el que la izquierda llegó al gobierno sin
habérselo planteado y los problemas le pasaron por encima.
Y lo cuarto que destacaría es que también se llegó con
visiones excesivamente ideologizadas de muchas cosas. Y eso
se ve claramente en la política exterior. Hoy el Ministro
Víctor Rossi dice: "Fuimos un poco ingenuos". Creo que la
ingenuidad del Gobierno estuvo en todo el diseño de la
política exterior. La misma ingenuidad que tuvo Batlle, pero
con un signo ideológico opuesto. Batlle cuando llegó creía
que no funcionaba el liberalismo económico a nivel
internacional porque los países se cerraban. Creía que si
Uruguay se abría, Estados Unidos que proclama la libertad
económica, nos iba a recibir con los brazos abiertos. Y ahí
descubrió que la ideología no funcionaba, que los EE.UU.
seguían proclamando la apertura de mercados salvo para el
suyo. Y además esa actitud tan escéptica hacia el MERCOSUR
que tenía Batlle llevó un poco a la idea, que analíticamente
también se sostenía, que con un Gobierno uruguayo que
pateaba el MERCOSUR, a Uruguay no le podía ir bien en el
MERCOSUR. Si Uruguay volvía a ser el "gran mercosuriano", y
además un gobierno de izquierda en Brasil y un gobierno
medio progresista -confuso ideológicamente, que no se sabe
mucho lo que es- como el de Argentina, el MERCOSUR entraría
en su mejor época.
Ya planteaste los
cuatro puntos sobre tu visión del Gobierno. Nos interesaría
un análisis de la relación fuerza política-gobierno.
Esa relación ha
funcionado muy mal. Y necesariamente debía funcionar mal,
porque hay un tema que el Frente Amplio nunca resolvió. Aquí
hubo una parte de lo que llevó a la ruptura del 88, 89. No
se puede tener en un país con nuestros sistema político
electoral una estructura parlamentaria o de fuerzas que se
expresan a nivel del Estado, que responda a una lógica
determinada, que es el voto en las elecciones nacionales, y
una estructura interna de toma de decisiones y con mandato
imperativo, que responde a una lógica totalmente diferente,
sin que haya nada que combine las dos cosas. Ese problema ya
estuvo en la ruptura del PGP (Partido por el Gobierno del
Pueblo) y el PDC, del 88, 89, con otros elementos más de
fondo, no quiero simplificar. Y ahora el problema es que la
lógica en la que reposa la estructura y la lógica en que
reposa la fuerza parlamentaria y el respaldo electoral se
chocan. Eso inevitablemente crea problemas.
En segundo término creo que el Frente Amplio fue resolviendo
mal el tema de su estructura a partir de la reestructura del
86, porque se fue agregando cada vez más piezas y hoy su
estructura es absolutamente ingobernable. Si uno dice que el
órgano de decisión más o menos cotidiano, que es la Mesa
Política, tiene un número de miembros superior al del
Senado, ve que algo está fallando en materia de
ejecutividad. Y no hubo entonces una preparación para
construir una fuerza política que fuera una fuerza de
gobierno.
Y tercero, hubo un vaciamiento de los cuadros partidarios.
El gobierno absorbió todo y por lo tanto los partidos
quedaron bastante vacíos. Quedó incluso vacío el Parlamento,
en que quedaron muy pocas figuras de peso.
Y por otro lado, la correlación de fuerzas que se expresa a
través de la estructura partidaria, sobre todo el Plenario
Nacional, con la que puede expresarse en el Parlamento, no
tienen nada que ver. Creo entonces, que dejando de lado los
temas puntuales de gobierno, entre las cosas a resolver en
el 2006 están estos temas claves: economía de mercado o
utopía; intereses globales versus intereses sectoriales; y
estructura y formas de funcionamiento de las estructuras. Es
sustancial desde el punto de vista político resolver esto
para el oficialismo, que no es solo el Gobierno.
Algo se está
intentando hacer...
Con todo se dio un paso
muy importante con la liquidación del Encuentro Progresista
y la Nueva Mayoría y que todo conformara el Frente Amplio. Y
lo otro que fue muy sabio, es que tenían que coincidir la
denominación y la identidad de la fuerza política con lo que
siente la gente. Sociologicamente solo existía el Frente
Amplio. Nosotros en la caravana del último domingo previo a
las elecciones de Montevideo, hicimos el conteo y
encontramos solo dos banderas del Encuentro Progresista. Y
en los festejos, por lo menos en las tomas televisivas no se
veían ni acá, ni en Maldonado, ni en Paysandú o Canelones.
En las encuestas de cada cien votos del Frente, noventa y
dos se definían como voto al Frente Amplio. La gente es
frenteamplista. El uno por ciento se definía como
encuentrista. Y esto después de más de diez años en que los
dirigentes solo hablaban de Encuentro Progresista y no de
Frente Amplio. El terminar con esta disociación ya fue un
paso positivo porque los temas de identidad no son menores,
no puede haber confusiones.
De algún modo hay
como una contradicción allí, porque siempre se habló de que
el Encuentro era una apuesta de Tabaré para la renovación. Y
hoy por hoy se ve la necesidad de volver al Frente Amplio.
Creo que hubo una serie
de simplificaciones contra el frenteamplismo. La primera por
parte de quienes rechazaban el frenteamplismo como algo que
rompía el concepto de una coalición o agregación de fuerzas
con identidades separadas. Pero eso fue un fenómeno social
que se dio durante la dictadura; nada deliberado ni una
estrategia de nadie. Fueron reduciéndose las viejas
identidades partidarias. Y en segundo lugar, lo que es un
pecado del Frente, sino desde el origen por lo menos desde
la salida institucional, que era pensar que la única forma
de crecimiento que había era por agregación. Toda fuerza
política en el mundo crece por convencimiento de nueva
gente. Yo me acuerdo que cuando se discutía el ingreso del
MLN, que un dirigente decía: "¿Y si no admitimos nuevos
grupos cómo vamos a crecer?" Tenía la idea de que había un
capital congelado y que solo entrando nuevos grupos con su
capital electoral en el bolsillo, el Frente crecía. Se
demostró lo contrario, que lo que llevó al Frente al
gobierno fue el crecimiento con gente y no por agregaciones,
que cuantitativamente fueron muy menores. Algunas pueden ser
importantes cualitativamente, pero más bien las agregaciones
crecieron todas después de estar adentro.
En tercer lugar el Frente Amplio, en el momento en que se
plantea la dicotomía Frente Amplio-Encuentro Progresista,
estaba muy asociado a la figura de Seregni. Y un Seregni
polémico. Porque este Seregni mítico de hoy no es el Seregni
que se veía por parte de mucha de la gente del Frente hace
tres años. Y entonces el Encuentro Progresista se veía como
la construcción en torno a Tabaré en contraposición a un
Frente Amplio en torno a Seregni. La sucesión de liderazgo
era sucesión de identidad y de estructura política. Yo creo
que confluyeron todos esos factores. Lo que ocurre es que el
Frente Amplio comienza a quedar consustanciado con Tabaré ya
inequívocamente en la campaña electoral del 99. Ya Seregni
había abandonado definitivamente el liderazgo, había
terminado toda esa complicada transición que de dio entre el
5 de febrero del 96 y la designación de Tabaré como
presidente del FA en diciembre del 98. Ya era notorio que el
crecimiento era por vuelco de votantes y no por agregación
de grupos. Y sin embargo la otra lógica siguió. Creo que
hubo en alguna gente asociación entre el fenómeno del
Partido Comunista y el Frente. El viejo Partido Comunista,
en su auge, necesitó diluir su identidad para poder crecer.
Y la 1001 y Democracia Avanzada fueron el gran espectro, no
porque quedara escondido, sino porque había gente que aún
estando de acuerdo con la forma en que los comunistas
conducían el movimiento popular, los sindicatos, estando de
acuerdo con sus dirigentes, no podía votar al Partido
Comunista ni sentirse comunista. Pero se encontraban muy
cómodos en la 1001 o Democracia Avanzada, aunque estuvieran
dirigidas por Rodney Arismendi o Jaime Pérez. Y mucha gente
hizo una traslación mecánica del mismo problema al Frente
Amplio, cuando realmente el Frente Amplio no levantaba esa
resistencia. Y si levantaba resistencia era la izquierda,
con el nombre que tuviera. Y se quiso imponer el progresismo
como una palabra alternativa al frenteamplismo al punto de
cometer muchos errores. En la campaña de mayo del 2005 en
que se apelaba al voto progresista, nosotros detectamos en
una encuesta que la gente no entendía lo que quería decir.
Entendían que significaba que había que votar a los mejores
candidatos de cada departamento. Nosotros planteábamos:
Enumere cuáles son los candidatos progresistas. Y las
respuestas eran Chiruchi, Vidalín, Vergara, Tabaré Viera.
¿Qué era progresista a nivel municipal? Un intendente que
hace obras por el departamento, que hace progresar el
pueblo. Y esos que la gente entendía que eran progresistas
fueron en general los reelectos.
No se le daba una
interpretación política partidaria...
No, porque no es una
ecuación. Tampoco es percibida así por la gente esa división
derecha-izquierda que a veces la izquierda quiso plantear en
términos de que quien no está en el Frente Amplio es de
derecha. Además la propia izquierda ha tenido oscilaciones
en esas clasificaciones. Sobre todo con mucha gente del
Partido Nacional a las que ponían y sacaban del progresismo
según las conveniencias políticas.
Y yo veo que todavía sigue habiendo resistencias a esta
unificación de identidades en el Frente Amplio, y hay
declaraciones, se escapan cosas, y cuesta la asunción plena
del frenteamplismo. Pero la identidad es fundamental para
construir cualquier cosa.
¿Qué pasa con la
oposición?
El shock de blancos y
colorados fuera del gobierno es demasiado grande. Creo que
hay un desacomodo de escena de los dos partidos
tradicionales en esta situación. En muchos casos no
entienden que no se sale con las mismas formas de actuación.
Particularmente el Partido Colorado necesita una reflexión
profunda. Yo he insistido mucho con que el Partido Colorado
necesita responder esta pregunta si se le acerca un joven:
¿Por qué tengo que votar al Partido Colorado? No le hagan la
historia del Gobierno de la Defensa contra el Cerrito, ni le
hablen de la Guerra Grande, porque no es por ahí que va la
cosa. La necesidad de repensar para qué existe un partido,
cuáles son sus elementos convocantes, su praxis, su forma de
hacer política está ahí. Porque esto es una de las cosas que
desgastó mucho a los partidos tradicionales. Y el caso del
Partido Nacional es parecido.
Es difícil todavía hacerle oposición a este Gobierno. Lo que
está apareciendo es lo que uno diría "nichos de mercado".
Sin ninguna duda en el sector de los desocupados permanentes
se está generando insatisfacción de un Gobierno que ahora
está preocupado por el tema y quiere lanzar planes, pero que
de hecho optó por mejorar los salarios de la gente que ya
está trabajando, en lugar de optar por disminuir la
desocupación. Lo grave es que no fue una decisión
consciente. Y también hay un creciente desencanto en los
sectores medios, a raíz de la Reforma Tributaria, porque
sienten que no es el que más tiene el que más paga, sino que
es solo hasta determinado nivel, y de ahí para arriba
proporcionalmente se paga menos. Creo que allí en los
sectores medios, en los sectores de desocupados, y en gente
de los niveles más bajos que no están bien atendidos por las
políticas sociales de este Gobierno, es donde los partidos
tradicionales pueden encontrar espacios para rearmarse. Y
además con casi medio país, que no olvidemos, no votó ni
está dispuesto a votar a la izquierda.
¿No
hay una oposición hasta más fuerte desde dentro del propio
Frente?
Hay una oposición y se
va a seguir consolidando. Y tiene que ver con lo que
hablamos antes de una izquierda muy dura. Con valores muy
consistentes que va a pretender seguir en lo mismo que
estuvo y le impide ser oficialista.
Donde se de
discusión en la interna del Frente, la oposición pierde
totalmente los espacios...
Eso es en parte lo que
pasó en el 2005. Toda la discusión era Astori contra Mujica,
Astori y Mujica contra Gargano; Gargano y Mujica contra
Astori. Y tampoco fue esa teoría que decía que hay dos
bloques en el Gobierno. No, en cada tema se baraja de manera
diferente. Incluso, en una lectura muy liviana del tema del
Tratado de Inversiones, se puede decir que hubo tres
bloques: Mujica encabezando la oposición al Tratado; Astori,
Lepra y Nin su defensa, y Gargano, que fue la línea
triunfante, la de aceptarlo si había modificaciones. Fue una
tercera postura. Y Vázquez fue por esa línea. Es mucho más
complicado. Claro, todo ese juego hace que la oposición no
tenga ni un centímetro. Entonces se dice: Ah, Fulano está
apoyando a Astori; Mengano a Mujica. Y queda como los apoyos
externos.
¿Se nota en las encuestas desencanto con el Gobierno?
Lo que nosotros
encontramos es lo siguiente: Groseramente más del sesenta
por ciento tiene una visión positiva del Gobierno. Si se les
pregunta si el Gobierno va bien o no, dos tercios dicen que
va bien. Pero uno de esos tercios dice: Va bien; está de
acuerdo con lo que yo esperaba. Y el otro tercio de esos dos
dice: Va bien, pero por debajo de lo que esperaba. Hay
cierto desencanto. Y el tercer tercio está en contra. Hay
tres tercios marcados; uno de apoyo total, otro de apoyo con
cierto desencanto, que eso tiene que entender el Gobierno; y
otro que no estuvo nunca de acuerdo.
¿Se centra mucho en
Tabaré el apoyo o el desencanto?
En el Gobierno, porque
según de qué estemos hablando se puede personalizar en el
Ministro de Economía, o en el del Interior, en algún otro o
en el Presidente. No es lineal.
¿Quienes son los
candidatos para el 2009?
Yo tengo como catorce y
todavía hay tiempo para que aparezcan nuevos.
¿Dentro del Frente
o todos?
Dentro del Frente,
exagero con ese número, hay que considerar once y el
duodécimo sería la posible reelección.
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PERFIL
Politólogo, Catedrático de
Ciencia Política en la especialización de
Sistema Electoral y Régimen Electoral Nacional.
Director de Factum, institución dedicada al
análisis político y estudios de opinión pública.
Periodista desde sus dieciocho, fue cronista
parlamentario durante diez años, principalmente
a través de El País y Marcha.
Es casado, tiene 61 años y
tres hijos: Eduardo con veinticinco años es
sociólogo y Coordinador General de Factum;
Nicolás con veintitrés, estudia sicología y
Fiorentina con veintidós a punto de recibirse de
Licenciada en Química.
Hincha, cuando no, del
Defensor Sporting, institución a la cual estos
cronistas parecen destinados a ir descubriendo
adeptos allí donde recalan. Al respecto refiere
Bottinelli una anécdota: "Seregni, que era
hincha de Nacional, al comenzar en la vida
política es consultado sobre el club de sus
preferencias, y respondió: "Mis asesores me
aconsejaron que dijera que soy de Defensor".
"Pero yo si soy de Defensor."
Fue fundador junto a Elina
Berro y el brasilero Neiva Moreira del primer
semanario editado en offset, Sur, del que se
editaron 16 números durante 1971. En este
proceso es que conoce al Gral. Seregni, de quien
fue secretario político desde el 71 al 87. Sus
orígenes políticos se encuentran en el Partido
Nacional. Formó parte de la etapa fundacional
del Frente Amplio.
Estuvo exiliado en Buenos
Aires desde fines del 75 a principios del 82.
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