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En el manejo de los tiempos reales, al fin del 2001 Jorge Batlle
llega a la mitad de su mandato. Es que el período de gobierno en
realidad es de cuatro años y no de cinco, merced a la reforma
constitucional que instituyó un largo ciclo electoral que consume
todo el último año del quinquenio. De esos cuatro años efectivos,
descontado además el verano, han transcurrido dos, la mitad del
periodo. Lo normal es que a esta altura se haya agotado la
aprobación del programa legislativo y ejecutado buena parte del
mismo. No ocurre así. El tono de la discusión de este verano está
más acorde con el tiempo de una transición presidencial, de las
semanas previas a la trasmisión del mando, que a los ajustes de
detalles y cosas pendientes propios de la mitad del mandato.
Este es un gobierno que nació producto de una explícita alianza
electoral del Partido Colorado y el Partido Nacional, que contó con
el respaldo inicial de 18 senadores y 55 diputados, lo que significa
una cómoda mayoría para aprobar rápidamente todo el paquete
legislativo. Un gobierno que estuvo libre del fantasma del bloqueo
político y del desgaste de la negociación voto a voto, cámara a
cámara. También llegó con un amplio caudal de ideas. Tuvo pues todo
para gobernar con comodidad y prontitud. Lo que se evidenció a lo
largo de los dos años que no es lo mismo tener ideas que tener
programas, y que las mayorías parlamentarias sirven de poco si no
hay proyectos, y si tampoco hay instrumentos para el funcionamiento
fluido de la coalición política.
Jorge Batlle se reveló en los últimos tiempos como un formidable
comunicador, o quizás más precisamente como un formidable seductor.
Pero ese poder operó exclusivamente hacia su figura y no se trasladó
ni hacia el gobierno como conjunto ni hacia las medidas de gobierno.
El año 2001 reveló además cierto estancamiento de ese poder de
seducción. Pero el gobierno como tal careció de buena comunicación.
Por un lado por las públicas controversias entre ministros (y hasta
entre ministros y sus subordinados), y por otra por la distancia
entre anuncios y realizaciones. Dos iniciativas trascendentes, como
la flexibilización laboral y la generalización del IVA, han quedado
por el camino, o con fuerte retraso, por anuncios precipitados,
hechos en forma inadecuada y en el lugar inoportuno. Y el año se
cierra con el más significativo error comunicacional, como que la
hija del ministro de Economía, economista ella, pronostique el
quantum de la devaluación uruguaya; es que aunque sea injusto (y sin
duda lo es), los hijos y cónyuges de los gobernantes no son libres
de abrir la boca ni de hacer los que les plazca.
La contracara de todo esto son dos tipos de logros de relevancia.
Por un lado, los avances efectivos de la Comisión para la Paz en el
esclarecimiento de la suerte de detenidos-desaparecidos en el país.
Por otro lado, avances importantes en la reforma del Estado, como lo
son la reciente ley que permite la asociación de ANCAP con empresas
privadas internacionales, la subasta del puerto de Montevideo y la
desmonopolización efectiva en algunos campos de las comunicaciones.
La reforma de ANCAP como fue encarada no aparece en los programas
iniciales de Batlle, y fue producto de la elaboración sobre la
marcha, a partir de diciembre del 2000; en un año se encontró el
camino y se obtuvo un amplio apoyo político (porque lo que cuenta es
que la asociación de ANCAP tiene apoyos importantes en la
izquierda). La subasta del puerto puso fin a largos años de
sucesivos fracasos, esta vez sin controversias significativas. En
materia de comunicaciones el proceso va más lento, y buena parte de
sus suerte se juega el 21 de febrero, fecha en que habrá o no el
número suficientes de firmas para desencadenar un referendo.
Estos dos meses de verano son claves para definir la suerte del
gobierno en su segunda mitad; está en juego el logro o no de un
funcionamiento más fluido de la coalición de gobierno y la
existencia o no de acuerdos para el impulso de un conjunto de
reformas importantes y medidas significativas. Es que más allá de
los condicionantes externos, mundiales y regionales, los actores
sociales y económicos esperan del gobierno respuestas a los altos
índices de desocupación y a los bajos niveles de actividad
económica.
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