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Un momento significativo de la campaña electoral de 1999 ocurrió
cuando la confrontación televisiva entre de un lado Daniel Olesker y
del otro Alberto Bensión e Ignacio de Posadas, a dúo. Esa polémica
prefiguró la controversia central de la etapa del balotaje, que giró
en torno a la economía. Es muy probable, casi seguro, que la mayoría
de la ciudadanía no se sintió identificada con ninguno de los tres
polemistas; con uno por su enfoque con fuerte acento marxista, con
los otros dos por su nítido anti-estatismo. Pero a esa masa
decisiva, centrista, estatista, gradualista, la coalición que logró
sentar a Batlle en el sillón presidencial le exhibió activos de
relevancia, los que vale la pena inventariar:
Uno. El logro de la baja de la inflación, a la mitad de una decena
de puntos porcentuales, y el temor que un triunfo de Tabaré Vázquez
supusiese un rebrote inflacionario
Dos. La estabilidad monetaria, entendida como un cierto alineamiento
entre la cotización del peso frente al dólar y la variación de los
precios internos. Estabilidad que llevó a amplios sectores a
endeudamientos en dólares a mediano y largo plazo, desde los
adquirentes de vivienda de niveles medios y medio altos, y de
automóviles 0 km, hasta los productores agropecuarios y los inversos
industriales. Si bien pocos meses antes el Frente Amplio hubo
callado su discurso sobre el "atraso cambiario", ese conjunto
electoral de centro percibió señales confusas de la izquierda y
expresó en el voto a Batlle su temor a la devaluación
Tres. Los discursos, tanto de Jorge Batlle como del Partido
Nacional, sobre la necesidad de caminar hacia una rápida reducción
de impuestos. En particular su tajante oposición no solo a la
creación de nuevos tributos en general, sino en particular de gravar
los ingresos personales. La propuesta del impuesto a la renta a las
personas físicas fue sin duda un elemento de peso en contra de la
izquierda.
Cuatro. Tras un consenso básico en que Uruguay no podía tolerar el
nivel de desocupación alcanzado entonces, por encima del 10%, casi
en el 11%, la polémica giró en torno a la capacidad de unos y otros
para reducir el desempleo. Ninguno acusó al otro de impulsar
políticas que ahondasen aún más la desocupación. El problema para
todas era como salir rápidamente de ese nivel intolerable. La Lista
15 fue particularmente eficiente, en una intensa recorrida por
emisoras, canales y diarios, en demostrar que solamente Batlle podía
reducir la desocupación a un nivel esperado, para el año 2002, en
torno al 8%, quizás con mala suerte más cerca del 9%
Como es de público conocimiento la elección se definió por una
diferencia algo menor al 8% del total de votantes. En otras
palabras, la izquierda necesitaba un swing de tan sólo el 4% (votos
hacia Batlle que rotaran hacia Vázquez) para invertir el resultado.
Es muy probable que esos activos del gobierno, de Batlle, del
Partido Colorado y del Partido Nacional, hayan sido decisivos para
que esa rotación no se produjese.
Como también resulta bastante obvio, ni blancos ni colorados cuentan
hoy con esos activos que resultaron cruciales en 1999, dado los
resultados a la fecha en materia de moneda, inflación, desempleo e
impuestos personales.
Hoy la sociedad uruguaya se divide electoralmente en tres grandes
partes. Los dos quintos están a pie firme con los partidos
tradicionales, con alguna volatilidad entre la adhesión al
coloradismo o al nacionalismo. Otros dos quintos están no menos
firmes en su voto a la izquierda. Pero un quinto del electorado, que
no es poco, demuestra cierto alejamiento de los partidos
tradicionales, de ambos, desencanto con el gobierno y la gestión
presidencial, desencuentro con el liberalismo económico, temor al
futuro. Buena parte de esa gente siente que vive hoy la
inestabilidad que quiso evitar con el voto a Batlle, la
inestabilidad que temió se diese si triunfaba Vázquez. Al gobierno,
a colorados y a blancos les va la vida en demostrar que lo ocurrido
es culpa de lo que el presidente, en su peculiar estilo, definió
como "los garrones que nos hemos comido". Y por tanto, en que la
culpa no es de la política aplicada en estos tres últimos gobiernos.
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