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Muchas cosas apuntan a que la crisis que vive el país no es una
crisis coyuntural sino que es de fondo. El que sea de fondo no
quiere decir grave, sino que está basada en elementos profundos.
Como en toda observación humana las percepciones son variadas: si se
discuten los indicadores de pobreza en Uruguay, para los uruguayos
son preocupantes, si se hace un estudio comparativo con casi todo el
resto de Latinoamérica, el tema parece insignificante; lo mismo vale
en relación a la crisis de país, la percepción de qué es una crisis
sin duda presenta valoraciones diferentes en ambos lados del Plata.
Cuando se discute la crisis y sus soluciones, las discusiones en
general apuntan a temas que afectan en el presente: déficit fiscal,
inflación, valor de la moneda, actividad industrial y económica en
general, desocupación. En general el debate transcurre entre quienes
privilegian el equilibrio fiscal (y hasta hace un mes, también la
baja inflación y la estabilidad monetaria) y quienes privilegian el
crecimiento económico y el nivel de empleo, aún a costa del
equilibrio fiscal, la inflación y la devaluación (en verdad los
hechos caminan por encima de las posturas, el rebrote inflacionario
vino y también la devaluación, así que el tema desapareció del
debate: no hay dos posturas).
La polémica sobre las soluciones presentes, sobre las prioridades,
se sobrepone a una segunda discusión sobre el modelo de país. Pero
cuando se discute sobre modelo de país, se confrontan posiciones
sobre el modelo de país hacia adentro, es decir: el tipo de Estado,
su tamaño, su papel, el nivel de apertura o hermetismo de la
economía. Las cuestiones en juego son pues si el Estado debe dirigir
la economía o limitarse a controlar el mercado, si debe tener
actividades económicas propias y exclusivas, las debe tener en
competencia o debe carecer de ellas y no invadir lo que pueda ser
una esfera de actividad privada, si debe protegerse de manera
especial la producción nacional mediante barreras a la introducción
de productos importados, o si se debe ir a un nivel de apertura que
lleve a la subsistencia a los productos nacionales que son
competitivos a escala planetaria.
Esta es una forma de ver el modelo de país. Falta el otro, el país
para qué, qué va a producir, cuál va a ser el centro de la actividad
mediante las cuales el país va a generar su riqueza y sus ingresos.
Para explicar bien los dos modelos vale la pena un ejemplo de
actividad individual de las personas. Un conjunto de individuos se
pueden juntar para realizar una actividad económica y discutir el
modelo de sociedad: si anónima, limitada o cooperativa, sin en plano
de simetría o asimetría ente los socios. Pero falta una segunda
discusión: para qué es esa sociedad, si para realizar intermediación
financiera, fabricar tejidos, engordar novillos, realizar
consultoría o brindar servicios turísticos.
Sobre este modelo de fondo del país, el producir qué y para qué,
puede haber también dos posturas: que es un tema de debate público y
resolución a nivel político-social, o que no cabe el debate porque
el mercado por sí solo es el que determina qué, cómo y cuándo se va
a producir, para qué y para dónde, tesis que es sostenida por los
liberales más fuertes, aunque no por todos los liberales. Para bien
o para mal en el mundo predomina largamente la tesis que considera
que el modelo de país debe ser producto de una decisión colectiva, y
esta postura si es mayoritaria en el mundo es hegemónica en Uruguay.
Claro que también sobre esto hay más de una visión, pues se va desde
quienes consideran que el Estado debe decidir e instrumentar, a
quienes entienden que es más una decisión colectiva de Estado,
sociedad, agentes económicas, más implícita que explícita, y de
libre instrumentación.
Hasta que la aftosa llegó largamente anunciada, sobre el modelo de
fondo del país puede decirse que había dos posturas. La tradicional
que se expresa en la frase "el Uruguay se salva con el agro o con él
perece" y la moderno tecnológica, que consideraba algo obsoleto el
pensar en el país productor de alimentos, ya que es la hora del
software y la tecnología. Ahora las bases de discusión son más
matizadas, menos dicotómicas. Lo que parece llegada la hora de
discutir no sólo que se va a hacer en esta emergencia, ni cómo se va
a caminar en cuanto al modelo de Estado y de apertura, sino cuáles
van a ser las bases de producción del país, cuánto de servicios,
cuánto de agro, cuánto de tecnología, y orientado todo hacia dónde,
hacia qué mercados.
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