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El país afronta este año dos posibles referendos relativos a Antel y
Ancap. Uno está en duda en cuanto a si la Corte Electoral franquea o
no el recurso, y sobre el otro todavía no comenzó la recolección de
firmas. Ambos hechos aparecen interrelacionados, lo que ocurra con
uno va a impactar en el otro y en conjunto todos los actores
políticos tienen para ganar y para perder. El contexto parece más
favorable a la oposición y el resultado final dependerá del
afinamiento con que cada parte juegue el juego.
Los actores pueden dejar de lado estrategias y tácticas y guiarse
exclusivamente por los principios, olvidar a Richelieu y seguir la
conducta de Fernando II de Habsburgo, con la alta probabilidad de
obtener los logros del sacro emperador, es decir, cosechar más
derrotas que victorias. Pero en última instancia es cada dirigente
político el que en cada caso debe evaluar cuándo puede flexibilizar
los principios en pos de un resultado, y cuando debe apegarse
rígidamente a sus principios aún a costa del fracaso. Si se opta por
el idealismo, no cabe análisis estratégicos ni tácticos.
En cambio, si se piensa que los actores van a actuar con
pragmatismo, es interesante analizar el contexto y las fortalezas y
debilidades de cada parte. La situación del país es vista como
extremadamente mala por la casi totalidad de la población y la
mayoría de ella considera que en mayor o menor medida hay
responsabilidad de los gobiernos: de Batlle, de Sanguinetti, de
Lacalle, de todos o algunos, pero en definitiva del Partido Colorado
y del Partido Nacional. El clima social es pues favorable a la
oposición.
Antel en particular es doblemente favorable a la izquierda, ya que
la población está en forma abrumadoramente mayoritaria en contra de
todo tipo de participación privada, considera exitosas y eficientes
a Antel y Ancel, y prefiere llamadas internacionales caras antes que
un debilitamiento de la recaudación de la empresa. Además, desde
1992 para la gran mayoría de los uruguayos la imagen de Antel se
asocia con un Estado fuerte, protector y eficiente. Los estudios de
opinión reflejan con claridad que un referendo sobre Antel-Ancel
tiene muy altas probabilidades de favorecer a la oposición. Pero hay
dos temas en juego que generan otras consecuencias.
Uno tiene que ver con el posicionamiento de los actores
tradicionales. Batlle y Lacalle no sólo son grandes impulsores de
las normas en cuestión, sino que ellas coinciden con su más profundo
pensamiento y acción de gobierno. En cambio, tanto a Sanguinetti
como al nacionalismo no lacalllista (Larrañaga, Ramírez, Pereyra)
les va a resultar incómodo participar activamente en defensa de las
normas objetadas; se van a ver obligados a una fuerte acción de
convencimiento y, una sociedad mayoritariamente estatista, los va a
ubicar como sectores anti-estatistas o de dudoso estatismo. Si esto
ocurre, si el Foro y el nacionalismo no lacallista son percibidos de
esta manera, el Encuentro Progresista-Frente Amplio habría recibido
un valioso regalo: el centro queda a su entera disposición. El otro
asunto está relacionado con la posibilidad de no realización del
referendo en función de una interpretación constitucional y legal de
la mayoría de la Corte Electoral que sería altamente polémica, no
solo en el plano académico, sino en el doctrinario; pero
fundamentalmente que llevaría a una buena parte de la opinión
pública, quizás a la mayoría, a considerar la decisión como un acto
tramposo, lo que conllevaría a una pérdida de prestigio de la
autoridad electoral y un sentimiento de frustración y rabia. A no
dudar que este sentimiento de frustración y rabia se volcaría en el
referendo sobre Ancap. Puede decirse con mucha certeza: si se impide
el referendo sobre Antel, está sellada la suerte de la ley de
asociación de Ancap.
En cambio, si se dan las dos instancias referendarias, el tema Ancap
disociado de Antel resultado complicado para la izquierda. Asamblea
Uruguay no va a participar y la Vertiente queda descolocada al
impulsar un referendo contra normas redactadas de puño y letra por
sus dos senadores. Al EP-FA y a Vázquez les va a resultar
extremadamente difícil maniobrar basado en una fuerza política que
discrepa sobre el fondo del asunto e impulsar un voto contrario a
una ley redactada por tres de sus senadores. Puede con ello perder
mucha credibilidad hacia esa masa centrista, y por tanto anular todo
el efecto favorable que reciba del tema Antel.
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