|
El 13 de enero en esta columna se escribió: "El referendo sobre
Antel- Ancel es un test muy importante, porque es impulsado
exclusivamente por la izquierda, más allá de algunas adhesiones de
figuras departamentales de los partidos tradicionales. En alcanzar o
no las más de 600 mil firmas para el 21 de febrero se juega toda la
capacidad de bloqueo del Frente Amplio. No hay empate. O están las
firmas y demuestra efectiva capacidad de bloqueo y convocatoria
popular, o no están las firmas y queda como una derrota
significativa. La prueba es mucho más necesaria para el Frente
Amplio y para Tabaré Vázquez, a partir del debilitamiento generado
por la división de posiciones y la ausencia de liderazgo en el tema
ANCAP". La presentación de casi 700 mil firmas en la semana que pasó
marca que el Frente Amplio demostró efectiva capacidad de bloqueo y
convocatoria popular: salvó la prueba con éxito.
Por otra parte en esa nota se analizó: "... hasta ahora la izquierda
por sí sola no ha logrado triunfar en ningún acto
plebiscitario-referendario. (...) cuando el camino es propiamente el
referendo, las mayores probabilidades están en el fracaso en la
etapa inicial, en la búsqueda de las apoyaturas ciudadanas mínimas
para proceder a la convocatoria del acto electoral". La presentación
de las firmas marca pues un giro histórico: la izquierda por sí sola
logra por primera vez la convocatoria de un referendo.
A partir del éxito se abren siempre dos caminos: el de afirmar lo
ganado o el de redoblar la apuesta. La izquierda optó por esto
último, algo así como "no pregunto cuantos son, sino que vayan
saliendo". Y el 1° de marzo comienza la recolección de adhesiones
contra la ley de asociación de Ancap, camino mucho más riesgoso,
pues ni el ente petrolero es un símbolo del cariño estatista de los
uruguayos (como lo es Antel), ni el tema es claro para la opinión
pública, ni hay una posición sólida del Frente Amplio, a partir de
la participación de Astori, Couriel y Rubio en el texto de la ley.
Hoy la hipótesis más probable es la de un triunfo opositor en el
tema Antel-Ancel y un resultado incierto en relación a Ancap.
Independientemente de los temas en sí, cualquier referendo que se
realice en el segundo semestre del 2002 se haría en un contexto
favorable a la oposición, seguramente en el peor momento económico y
social desde la restauración institucional. De allí a colegir surge
con claridad la estrategia de cada bando: para la oposición, asociar
el voto contrario a la ley a un voto contra el modelo económico de
los gobiernos colorados y blanco; para el gobierno, centrar la
discusión en el tema en sí: el futuro de Ancap, los monopolios
legales y naturales de Antel, la necesidad de asociaciones que
aporten tecnología. Ante la perspectiva de dos actos referendarios,
la pregunta que surge es: ¿cuál es el orden que le conviene a cada
parte, primero Antel y luego Ancap, o a la inversa?
Si el referendo de Antel es el primero y, lo que hoy se ve como más
probable, triunfa la oposición, qué pasa con Ancap. Una lectura es
que esto le da a la izquierda el envión de ganador. Después del
primer gol, el segundo: cae la ley de Ancap. La otra lectura sería
más favorable al gobierno: descargada la crispación en el referendo
sobre Antel, en torno a Ancap se podría hacer un debate más sereno,
centrado exclusivamente en el tema petrolero.
Si el referendo de Ancap es el primero, a favor de la izquierda la
lectura sería: la disconformidad con el gobierno y la crispación por
la situación económica y social se va a descargar en el primer
referendo, fuere cual fuere, lo que ayudaría a la derogación de la
ley de asociación; y la discusión autónoma sobre Antel es favorable
en sí misma a la izquierda. La lectura opuesta es que la discusión
sobre Ancap es la más favorable al oficialismo; todo está en separar
ese referendo del contexto socio-económico.
En definitiva, cada parte debe orejear bien las cartas para hacer su
juego. El acertar en el orden correcto de ventajas y desventajas es
crucial para el éxito o el fracaso. En el entendido que el éxito
para la izquierda es el doblete y el éxito para el oficialismo es
salvar la ley de Ancap.
|