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Desde
dos años a la fecha Tabaré Vázquez recibe una estable intención de
voto del orden del 42-43%. Si se toman en cuenta todas las
variaciones ordinarias, se mueve en una banda de flotación que va
del 41% al 44% del total del electorado. Y en forma excepcional una
vez registró el 39% (es decir, exactamente el mismo porcentaje que
en las elecciones nacionales de octubre de 1999) y otra vez marcó el
45% (porcentual igual al del balotaje de noviembre del mismo año).
Por otra parte, los partidos tradicionales en conjunto reciben una
intención de voto del orden del 42-43% (contabilizado el voto oculto
o silencioso); y con esta misma contabilización su banda de
flotación va del 42% al 49%.
Aparecen inicialmente dos hechos nítidos. El primero es que continúa
el fenómeno de crecimiento ininterrumpido del Frente Amplio. Desde
su fundación, la votación de una elección pasó a ser el piso para el
período interlectoral siguiente: de allí para arriba; ahora ocurre
lo mismo en relación al Frente Amplio, pero no respecto a Tabaré
Vázquez, cuyo mejor resultado electoral está por encima de la actual
adhesión. El segundo es que una vez configurado un nuevo panorama
electoral en el año 2000, el mismo se ha mantenido estable por dos
años completos.
En estos dos años el país cambió de manera fuerte: finalizó la
estabilidad, vino el rebrote inflacionario, comenzó un marcado
proceso devaluatorio de final incierto, se disparó la desocupación,
cayó el nivel de vida de prácticamente toda la población, se acentuó
la recesión económica en la industria, el comercio, los servicios en
general, el turismo y la banca en particular, el riesgo país pasó
del apacible panorama uruguayo a adquirir ribetes de tinte
argentino, las reservas se desplomaron, nació un nuevo empuje
emigratorio y es visible un clima de gran pesimismo sobre el futuro
del país, al menos en plazos más o menos mediatos. También se
percibe una fuerte afectación de la imagen y credibilidad de la
dirigencia tanto blanca como colorada, y se ha registrado una
importante caída en el juicio de desempeño del presidente de la
República.
Hay entonces una fuerte estabilidad en la intención de voto pero
cambios sustanciales en el panorama económico y social del país.
Ello supone una contradicción importante. Y la contradicción es
mayor si por un lado se ve que con las cifras enunciadas la
posibilidad de triunfo de la izquierda es muy incierta, mientras por
otro lado la opinión pública en general, y las elites con mayor
énfasis aún, tienen la percepción de que el próximo presidente de la
República va a ser inexorablemente Tabaré Vázquez.
Es muy difícil explicar estos fenómenos que en principio aparecen
como contradictorios. A título de inventario de hipótesis, o más
bien de catálogo de preguntas, va este punteo centrado en
explicaciones a la estabilidad en la intención de voto:
Uno. Puede ser un fenómeno de superficie, que esconde un proceso
oculto de cambio, que más tarde o más temprano va a aflorar y
producir fuertes variaciones en los comportamientos ciudadanos.
Dos. Puede ser que cada conjunto del país atribuya responsabilidades
diferentes por la crisis: para medio país es el efecto del fracaso
del modelo seguido por ambos partidos tradicionales, mientras que
para otro medio país Uruguay es víctima de acontecimientos fuera de
su control; desde esta perspectiva, inclusive puede sostenerse que
la crisis hubiese sido peor de no estar uno, otro o ambos partidos
tradicionales en el gobierno o en respaldo del mismo.
Tres. Hay una comprobable desilusión en el Partido Colorado y el
Partido Nacional y una baja en la confiabilidad en sus dirigencias.
Pero es posible que no haya como contrapartida un atractivo,
confianza o credibilidad en la contraparte, en particular de la
figura presidencial de Vázquez. Desde este punto de vista no basta
con desilusionarse de un lado sino que además hay que creer en la
alternativa, y esa creencia no se está generando.
Cuatro. La falta de fe en el futuro del país hace que se consideren
irrelevante los efectos de los cambios políticos. Si todo va a ser
igual, para qué cambiar.
Por alguno de estos caminos podría estar la explicación de lo
sorprendente.
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