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Si
por sistema de poder se entiende el juego de mecanismos que
intervienen en la toma de decisiones, todo partido político presenta
un sistema diferente, siempre complejo y además no fácil de
desentrañar. En la izquierda uruguaya el sistema de poder tiene la
complicación adicional de la interacción entre la faz política y la
faz social (o más específicamente, la sindical). Por izquierda se
entiende a estos efectos por un lado al partido político Frente
Amplio (y su entorno, el Encuentro Progresista) y por otro lado las
dirigencias de izquierda que influyen decisivamente en el movimiento
sindical (en el PIT-CNT y en los sindicatos por separado).
El juego de poder es la resultante de la interacción de cuatro
fuerzas:
Uno. El liderazgo fuerte de Tabaré Vázquez.
Dos. La correlación de fuerzas entre todos los sectores políticos
expresada en la estructura del Frente Amplio (que es lo que se
dirime en el día de hoy)
Tres. La correlación de fuerzas entre todos los sectores expresada
en la representación parlamentaria y que emerge de las elecciones
nacionales.
Cuatro. La correlación de fuerzas entre algunos sectores con
significación en la vida sindical.
Como es bastante evidente, los tres tipos de correlación de fuerzas
entre los sectores políticos es diferente. El cuarto tipo (el
sindical) privilegia el peso de los grupos con mayor estructura
militante, lo que se puede llamar el primer círculo o el círculo de
hierro de la pertenencia de izquierda. El tercer tipo (el derivado
de las elecciones nacionales) privilegia el peso de los
agrupamientos con mayor captación de opinión pública. Engloba pues a
aquellos para quienes el frenteamplismo constituye una identidad,
más aquéllos que sienten una adhesión significativa, más los
simpatizantes, más los votantes ocasionales; constituye el círculo
más amplio posible. El segundo tipo es algo más difícil de definir:
es un círculo más abierto que el de los militantes permanentes y
bastante más estrecho que el electorado general. Comprende a quienes
sienten una pertenencia al Frente Amplio equivalente a lo que es la
afiliación en los partidos europeos. Pero además la correlación de
fuerzas en la estructura frenteamplista es el producto de dos
mecanismos de voto simultáneo: por un lado el voto por listas, de
circunscripción nacional, perfectamente identificables, ya que los
números, símbolos y candidatos corresponden más o menos a las
presentaciones en elecciones nacionales; por otro lado el voto por
personas en circunscripciones pequeñas (de departamento en el
interior, de zona en Montevideo), cuya adscripción sectorial no está
individualizada y es desconocida para buena parte de los electores.
En el voto por listas hay una mayor claridad en su emisión y juega
más la opinión, y en el voto personalizado cuenta más el contar con
una información de boca a boca, más propia de iniciados, y por tanto
pesan más los aparatos militantes. No es de desdeñar que los órganos
de dirección nacionales se eligen por partes iguales por listas y
por voto personalizado, lo que en la jerga frenteamplista se ha
denominado la representación de sectores y los delegados de base,
denominación ésta incorrecta, que corresponde a un anterior tipo
organizativo.
Las tomas de decisiones no son lineales. En el plano político son la
resultante de las decisiones del Plenario Nacional y la Mesa
Política. Pero las mismas pueden quedar fuertemente influidas cuando
Tabaré Vázquez toma una decisión y la impulsa, o cuando lisa y
llanamente se adelanta a una decisión formal y crea un hecho
consumado, con el poder que genera un liderazgo y el olfato que
caracteriza a los líderes para dar un paso fuerte sin equivocarse ni
en el momento ni en el rumbo. Otras veces la bancada parlamentaria,
o los legisladores, por el propio juego legislativo logran
precipitar decisiones y también crear hechos, con la fuerza que le
da el ser producto del voto popular. Y no pocas veces el movimiento
sindical crea hechos que envuelven al Frente Amplio y le marca los
caminos, como ha ocurrido en varias ocasiones en terrenos más
propios de la organización política que de la organización social,
como lo es el terreno electoral no eleccionario, vale decir, el
plebiscitario y el referendario.
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