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Como estado tapón que
es, para el destino del Uruguay es tan importante lo que pasa afuera
como lo que ocurre dentro, y no pocas veces lo de adentro es
accesorio en relación a lo de fuera. Es un país en buena medida
tomador de decisiones ajenas. Aunque lo ocurrido en estos días, la
sobrevivencia del sistema financiero frente al peor embate de su
historia, demuestra que lo que se haga aquí importa y mucho para que
los efectos de los sucesos externos sean menores o mayores; pero
para hacer las cosas bien, entre otras cosas hay que otear el
panorama y adelantarse a los acontecimientos.
Si algo es sustantivo para el futuro del país es su inserción
internacional. Conviene aclarar algunos supuestos de este análisis:
Uno. A la larga o a la corta la inserción internacional de los
países se va a dar dentro de su propia región, la cual puede
construirse más grande o más chica. De donde el destino del Uruguay
es su inserción en la región, lo cual supone que está asociado a la
suerte del Mercosur
Dos. La suerte del Mercosur depende en uno de los caminos posibles
en una gran ampliación que equilibre el poder de los socios, o en
otras palabras, se logre un contrapeso al desproporcional tamaño de
Brasil (lo que no se obtiene solamente con el ingreso de Chile, que
además es difícil); y si no se puede o no se quiere la ampliación,
depende que Brasil logre ejercer un liderazgo beneficioso para el
bloque
Tres. Que el interés estratégico de Brasil es integrar el grupo de
líderes del planeta y en particular liderar una región, a su vez
asociada a algún otro gran bloque político-económico. Su ganancia no
está tanto en la región como en la construcción de una macro-región
Cuatro. Un liderazgo beneficioso, para el bloque y para todos,
significa en buen romance que Brasil se preocupe por obtener
ganancias estratégicas a costa de minúsculas pérdidas inmediatas.
Nadie llega a potencia mundial poniendo trabas a la importación de
carne de ñandú porque molesta a un insignificante productor
paulista.
De lo anterior surge entonces que para el destino del Mercosur
importa mucho el resultado de las elecciones de Brasil. Hace ya
cinco años que el gobierno central perdió peso en las decisiones
estratégicas del país, como para marcar dos tiempos nítidamente
diferenciales en las administraciones de Fernando Henrique Cardoso:
un primer periodo de liderazgo nacional y consecuente liderazgo
internacional, y un segundo periodo destinado al arbitraje interno,
a nadar en medio de los conflictos intestinos, a costa de una fuerte
pérdida de peso internacional. La imagen de Lagos firmando junto a
Aznar la asociación de Chile con la Unión Europea aparece como una
bofetada para el Mercosur, un gran fracaso, la contracara de la foto
de la firma conjunta de Julio Ma. Sanguinetti y Felipe González al
culminar 1995, como respectivos presidentes temporales de ambos
bloques. Y si bien en el debilitamiento del Mercosur tiene mucho que
ver la crisis argentina, marca también una crisis de liderazgo
regional y, por ende, esa imagen marca el fracaso de Brasil en el
plano internacional. La calificadoras dirían que allí se le bajo el
nivel de sus títulos internacionales.
El próximo presidente de Brasil va a ser Lula o Serra, o quizás, con
una posibilidad muy remota, Garotinho. ¿Qué ofrecen en relación a la
región? Para Serra, y no es un error de traducción, ni lo dijo una
sola vez, sino muchas, por radio, televisión y en declaraciones de
prensa, Brasil debe dejar de ser tan generoso como ha sido hasta
ahora con el Mercosur. Lula se apoya en la agregación de intereses
corporativos y regionales, intereses empresariales, políticos y
sindicales, es decir, todos aquellos para los cuales el Mercosur es
su enemigo. Y Garotinho sorprendió el pasado domingo con la
afirmación que si es elegido presidente marginará de la política
internacional a Itamaratí; tiene la pueril idea que el comercio
internacional es tema de comerciantes, con la cual nada tiene que
ver la diplomacia, cuyo único objetivo son los cócteles.
Si estas apreciaciones son correctas, el futuro del Mercosur depende
de que quien resulte electo presidente, después de todos los
tropezones iniciales, empiece a recibir baños de realismo y haga un
curso acelerado de estrategia internacional.
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