|
Dicen
los economistas, que de economía saben lo que no saben los
politólogos, que los próximos 30 días son decisivos para el futuro
del país. Ese sería el lapso para adoptar las medidas necesarias
para provocar un formidable ahorro en el gasto público, o quizás
para dar los pasos que generen en el resto del año ese recorte. En
los acontecimientos económicos importa y mucho el funcionamiento
político (Brasil y Argentina son dos ejemplos claros). Y el sistema
político da varios tipos de señales que pueden aparecer como
contradictorias; y algunas de ellas lo son.
El sistema político en su conjunto ha dado a lo largo de esta crisis
una firme señal de mesura, de reaccionar acorde a las dificultades.
En particular aparece como relevante la actitud del Encuentro
Progresista-Frente Amplio en su enfático apoyo al sistema financiero
y al adoptar además una postura de fuerte oposición pero dentro de
los límites de la oposición clásica, sin jugar a la
desestabilización del gobierno y con bastante preocupación por
evitar los desbordes violentistas de las fuerzas que están en el
extremo de la izquierda. La interpelación o las interpelaciones no
son actos que traspasen los límites del sistema, como lo demuestra
el juego normal de gobierno y oposición de los países de la Unión
Europea. Esta actitud de la oposición jugando en las reglas del
sistema, más una coalición de gobierno que en lo sustancial da
imagen de solidez, ha sido la señal recogida por los organismos
internacionales para otorgar los auxilios extraordinarios.
Dicho expresamente por figuras relevantes de estos organismos,
Uruguay actuó con la seriedad de la que careció Argentina. Mientras
esta nación se desplomaba, su sistema político jugaba a cambiar
presidentes (cinco en dos semanas) y a adelantar o postergar
elecciones, según las conveniencias o inconveniencias de los actores
mayores o menores, de los príncipes y de los barones. Como
contrapartida, ha surgido en Uruguay con mucha facilidad la
posibilidad de elecciones anticipadas, tema en que se reparten las
culpas desafiante y desafiado; ni es el momento de hacer desafíos de
esta magnitud, ni tampoco de gritar falta envido.
Todas las partes de la coalición de gobierno coinciden en la
necesidad del fuerte ahorro público y disienten en profundidad sobre
los recortes en particular. Es que la coalición de gobierno exhibe
cuatro tipos de asintonías significativas:
Uno. La existencia de divergencias ideológicas relevantes, que
atraviesan los partidos. Entre Batlle y Sanguinetti, entre la 15 y
el Foro, hay visiones distintas sobre el papel del Estado y del
mercado, sobre las empresas del Estado y acerca de las obligaciones
sociales del Estado. Y más o menos por ahí hay otro corte
significativo en el Partido Nacional, donde las posturas ideológicas
más nítidas son las del herrerismo de un lado y de Alianza Nacional
del otro, pero también hay matices diferenciadoras de la Correntada
Wilsonista y de Desafío Nacional.
Dos. A partir de la existencia de divergencias ideológicas,
estratégicas o tácticas, y de la convergencia en cuanto al objetivo
final, en cuanto a la necesidad de un fuerte ahorro global, se
imponen negociaciones afinadas, realizadas por negociadores
expertos, que sepan zurcir y bordar filigranas. Y no hay negociación
si no hay de todas las partes interlocutores absolutamente claros,
donde se sepa la representatividad exacta de cada uno.
Tres. Lo comunicacional ha sido una debilidad constante de este
gobierno, más grave cuanto más delicada es la situación del país.
Así se ha confundido a la gente con anuncios que no son tales, ya
que con el mismo rótulo se mezclan verdaderos anuncios (medidas que
pueden ser adoptadas por sí por el Poder Ejecutivo), ideas
personales que están lejos de ser decisiones del gobierno (aunque
fueren de personalidades como el ministro de Economía o del
principal asesor presidencial) o propuestas de ley que requieren de
un fuerte consenso político y parlamentario, donde el Poder
Ejecutivo no puede ir más allá de anunciar una simple propuesta.
Cuatro. Lo que tanto agentes económicos como simples ciudadanos
perciben como falta de rumbo claro, de reglas a qué atener- se, y
desconfianza en cuánto hasta dónde lo dicho desde el gobierno es
realmente una pista para algo.
|