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La
crisis que vive el país marca unas cuantas coincidencias en el
sistema político: mantener las disidencias sin riesgo de
desestabilización, apuntalar del sistema financiero. No hay puntos
de contacto en cuanto a las soluciones para salir de la crisis o al
menos para frenarla; y la falta de acuerdo no es por apetencias
menores ni (solamente) cálculos electorales. Hay visiones diferentes
sobre cosas tan fundamentales como el papel del Estado y del
mercado, la libre competencia y la regulación, la apertura comercial
y el proteccionismo, la responsabilidad individual, la protección
societal. Precisamente en un momento de crisis es cuando esas
profundas diferencias impiden que todo el país camine en una misma
dirección, porque las prioridades son diferentes. A vía de ejemplo y
nada más, mientras para unos la salida del pozo ideal pasaría por
enajenar todas las empresas del Estado y generar la llegada de
inversiones extranjeras en comunicaciones y energía, para otros
precisamente pasa por el reforzamiento del papel tutelar del Estado
ante un modelo que consideran ha agravado los problemas del país y
generado una mayor injusticia social.
Para salir de etiquetas con connotaciones de valor, conviene manejar
una terminología operativa en base a la cual se denomina como
“libremercadistas” a los partidarios del liberalismo económico o
neoliberalismo, y como “societalistas” a los inclinados por una
mayor presencia y regulación del Estado. Otro punto de partida
necesario para el análisis es considerar la existencia de dos
grandes bloques políticos: el tradicional (a su vez subdividido en
Partido Colorado y Partido Nacional) y la izquierda (compuesta por
el Encuentro Progresista-Frente Amplio y el Nuevo Espacio oficial).
En el análisis académico de los actores políticos y del
comportamiento de la sociedad, el límite entre libremercadistas y
societalistas no coincide exactamente con la frontera entre los
bloques, sino más bien corta dentro del bloque tradicional. Es muy
nítida y pareja la divisoria en el coloradismo, donde la Lista 15
representa la quintaesencia del libremercadismo y el Foro Batllista
ocupa un abanico de posturas más bien societalistas. En el
nacionalismo es fácil advertir la postura libremercadista del
herrerismo, la societalista de Alianza Nacional y Desafío Nacional y
una gama más opaca y difusa en el conjunto denominado Correntada
Wilsonista (que por ahora no es una sola fracción sino el
agrupamiento de cinco sectores y algo más).
Pero no es ésta la visión que la opinión pública tiene de los
actores políticos. En trazos gruesos se ve una postura societalista
representada por la izquierda y otra postura libremercadista por los
partidos tradicionales. En el Partido Nacional, la actitud
crecientemente opositora de Larrañaga apunta a visualizar la
diferencia ideológica, y también los discursos de Ramírez y los
estudios del Instituto Alvaro Carbone. Pero la postura societalista
del Foro Batllista se ha diluido mucho ante la gente común. Es que
el Foro se encuentra atenazado entre el sentido de partido, propio
del coloradismo, y la obligación consecuente de apoyar a un
presidente colorado, aún a costa de ocultar las diferencias de
concepción. Así ocurre que el Foro es más lo que hace por sus ideas
en privado (en la negociación política y parlamentaria, en los
directorios de los entes) que lo que publicita de tales propuestas.
De donde, el grueso de la opinión pública, la que no lee entre
líneas, la que sigue los trazos gruesos de los flashes noticiosos,
no ve allí una alternativa ideológicamente diferenciada. Y eso se
acentúa por la simplificación de la prensa (que tiende a ver más
rivalidades personales que programáticas) y aún más a partir de la
persistente prédica anti-marxista y anti-izquierdista, que lo
identifica más con posturas de derecha populista que con posiciones
socialdemócratas.
Las medidas de fondo a discutirse en este segundo trimestre del muy
largo 2002 y la actitud a asumir en el referendo sobre Antel-Ancel,
marcarán los escenarios de confrontación de las posturas
ideológicas. Una confrontación que por ser en momentos de crisis
profunda y en parte en actos referendarios, apuntala las visiones
maniqueas y las definiciones binarias.
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