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Efecto Lula es un término acuñado por analistas financieros y medios
de comunicación oficialistas para describir el crecimiento de los
indicadores financieros negativos, fundamentalmente el riesgo país y
la cotización del real. Parte de dos hipótesis: que son muy elevadas
las probabilidades de triunfo presidencial de Luiz Inácio da Silva
(Lula) y que su gobierno supone un serio riesgo para las inversiones
y la estabilidad del país.
La primera hipótesis aparece sobrevalorada. De la lectura atenta de
las encuestas publicadas, y sin ningún otro elemento adicional,
surge que Lula tiene el mejor escenario de cuantos ha tenido en sus
cuatro presentaciones presidenciales, pero que tiene tantas
posibilidades de ser electo presidente como de no serlo. Todavía
faltan varios meses para la definición electoral y las encuestas
revelan una alta volatilidad en las intenciones de voto. La segunda
hipótesis está basada en las presunciones y perspectivas ideológicas
de los analistas y no en el programa y las declaraciones del Partido
de los Trabajadores. La experiencia uruguaya demuestra que las
premisas de los analistas financieros en materia política y
electoral no son del todo verificables; todos supusieron que el
triunfo de Batlle implicaba la estabilidad de la moneda, la
reducción de la inflación hasta llevarla casi a cero y el
mantenimiento o baja de los impuestos; y muchos advirtieron que esos
riesgos se encontraban en el triunfo de Vázquez, ya fuere como
consecuencia deliberada de su política o producto de su impericia.
Pero además, la lectura detenida de los informes de importantes
bancos internacionales y calificadoras de riesgo, informes que han
impactado de manera significativa en los mercados, revelan un bajo
nivel analítico, un alto desconocimiento político (no sólo de Brasil
o de la región, sino de la política como tal, como ciencia y como
praxis); todo ello teñido de un elevado grado de ideologización que
supone un cristal cuyo grosor y curvatura deforman la realidad.
Lo que se observa en Brasil, como en Bolivia y Argentina, es el
surgimiento o resurgimiento de una fuerte intervención externa en
las campañas electorales, ya fuere de forma abierta (como las
declaraciones del embajador norteamericano en La Paz o las del
subsecretario Otto Reich a propósito de varios países) o de forma
indirecta, a través de la presentación de análisis de riesgo de
inversión.
Todo indica, y el tema es de economistas y no de politólogos, que la
crisis de Brasil es muy profunda, y poco o nada tienen que ver con
ella las perspectivas electorales. También, que gane quien gane, va
a tener un margen reducido de maniobra (como en Uruguay y
Argentina); ese margen de maniobra es muy importante a favor o en
contra de ciertos sectores económicos, del agro, la industria o la
banca, de Minas Gerais, San Pablo o los estados del Sur, y también
es más grande o más chico en cuanto a papel del Estado y a políticas
sociales, pero ese margen es extremadamente estrecho en lo
macroeconómico y lo financiero. Fuere quien fuere el próximo
presidente, todas van a tener el realismo de moverse dentro de los
márgenes posibles, sin extralimitarse; y los tres posibles están
dando señales claras en ese sentido.
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