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El
Partido Nacional debate una de las decisiones más trascendentes de
su larga historia, pues de ella puede depender el resurgimiento o el
camino a la minimización. El 3 de noviembre la Convención decidirá
el mantenimiento o no de la coalición de gobierno, así como el nivel
de presencia en el gobierno o el nivel de oposición. Un primer
problema es que tras dos períodos de coalición fuerte, acentuado por
el balotaje, ha desaparecido el escenario triangular y fue
sustituido por un esquema binario, de dos grandes bloques. Para la
casi totalidad de la opinión pública hay un bloque de izquierda y un
bloque tradicional; en un segundo escalón, el bloque tradicional se
compone de un Partido Colorado y de un Partido Nacional; en un
tercer escalón, el Partido Nacional se forma con equis número de
sectores. Un esquema tripartito supone: a) que hay un juego de tres,
por lo cual el primer escalón de decisiones para el ciudadano es a
cuál de los tres otorga su preferencia en una selección en que los
tres compiten por igual; b) que dos cualquiera de las tres partes se
puedan aliar contra la tercera, y que no hay alianzas de suyo y
alianzas contra natura. El balotaje institucionalizó el esquema
binario generado por las coaliciones de gobierno, y el triángulo se
borró. En esta situación al Partido Nacional le caben dos caminos:
mantener el esquema binario y aspirar a ser la primera fuerza del
bloque tradicional, o romper el esquema binario y apostar a
reconstruir el juego de tres. Esta es sin duda la primera decisión
que en orden lógico debe adoptar la colectividad blanca. Y en ello
mucho tiene que ver si se apuesta a un papel importante en el 2004 o
por el contrario se juega a sobrevivir en el 2004 y apostar fuerte
al futuro, 2009 en adelante.
Visto para el 2004 y el 2005, la competencia por el liderazgo del
bloque tradicional es por primera vez factible, luego de la abrupta
caída colorada y el empate que en setiembre se produce entre ambos
partidos históricos. Pero si existe la convicción que el Partido
Nacional está condenado a un tercer lugar o que es dudoso ese
liderazgo de bloque, el juego triangular es el único posible. Y
significa generar una situación de equidistancia con el Partido
Colorado y con el Frente Amplio; así, ante la eventualidad de un
triunfo de izquierda y un coloradismo en la oposición tajante, tiene
la posibilidad de ser un buen interlocutor de ambos, del gobierno y
de la oposición, un articulador central del sistema político.
Un segundo desafío aparece en el plano ideológico o programático y
supone contestar dos preguntas. Una ¿el Partido Nacional abraza un
único programa o juega a la competencia de dos programas, uno
librecambista y otro tendiente al estatismo? Dos, si opta por tener
un único programa, ¿cuál de los dos rumbos elige?
De la mano de éste aparece un tercer desafío, que es la arquitectura
interna. Todo indica que la probabilidad de una ruptura del
herrerismo es muy baja, y que el riesgo desapareció luego que todos
pasan a aceptar el liderazgo de Luis Alberto Lacalle y la conducción
ejecutiva del sector en manos de Luis Alberto Heber. Y el herrerismo
representa entre el 45% y el 60% del partido, es una columna
central. ¿Pero del otro lado qué hay? A nivel de figuras con
posibilidades presidenciales aparecen seis: Sergio Abreu, Francisco
Gallinal, Arturo Heber, Jorge Larrañaga, Juan Andrés Ramírez y
Alberto Volonté. Y los sectores son muchos más, no todos exactamente
perfilados ¿Alguna de las figuras es capaz de aglutinar a todas? Y
si no es posible ¿puede crearse una especie de Unión Blanca
Democrática? El tema es muy difícil, porque para aglutinar a todos
se requiere que la figura tenga potencial de captación en la opinión
pública y a la vez sirva de vértice a grupos diferentes. Para ello
no hay que olvidar, que lo único en común de todos los grupos es su
oposición al herrerismo y en particular a Lacalle, pero que las
posturas ideológicas van desde un fuerte liberalismo a planteos de
tinte socialdemócrata, y en relación al gobierno también van desde
la defensa de lo actuado hasta la más férrea oposición. Pero además
hay algo que no debe menospreciarse: la UBD fue posible porque
existía el colegiado, donde caben varias candidaturas de igual
porte, y hoy hay un régimen presidencial, que supone que todo el
mundo debe encolumnarse tras un único referente.
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