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La
decisión del Directorio del Partido Nacional, de ser avalada por la
Convención, significa un cambio sustantivo en la arquitectura del
sistema de partidos: el intento de ruptura de una estructura polar,
binaria o bibloquista para retornar a la tríada, al juego de tres
partidos. Una estructura polar es en esencia una estructura
bipartidista, en que uno de los actores en lugar de ser un partido
es una firme coalición de dos partidos. Entre un sistema
bipartidista y uno tripartidista la diferencia no es de número sino
de esencia. El juego político entre uno y otro es de naturaleza
diferente.
En una arquitectura binaria-compleja, como la existente aquí, hay un
bloque de gobierno y un bloque de oposición. El juego normal supone
que cada parte del gobierno, cada partido, negocia con la otra en el
entendido que no hay otra posibilidad que el acuerdo; no está
permitido el que uno de ellos busque entendimientos fuera del
bloque. Y lo mismo cabe para el bloque de oposición, que en este
momento en esencia es un solo partido con un solo liderazgo. No se
menosprecia ni al Nuevo Espacio ni al Nuevo Espacio Independiente,
pero desde el punto de vista cuantitativo el papel de ambos es
marginal, y sólo es relevante en circunstancias excepcionales,
cuando alguno de los bloques falla en su monolitismo. Una
arquitectura de tres lleva al juego de tríada, donde cada uno de los
tres elementos es capaz de acordar por igual con cualquiera de los
otros dos, contra el tercero. No hay pues alianzas supuestas ni
acuerdos imposibles. Si la tríada es imperfecta, la arquitectura
supone la existencia de dos actores cuya posibilidad de acuerdo
entre sí es remota o imposible, y un tercer actor que potencia su
papel al ser el fiel de la balanza, como lo fue durante largo tiempo
el Partido Demócrata Libre en la vieja Alemania Federal.
Desde el punto de vista de los ciudadanos, el esquema binario le
significa optar primero entre dos grandes bloques; luego, en caso de
optar por el bloque tradicional, elegir entre el Partido Colorado y
el Partido Nacional; es lo que ocurre en la actualidad. El esquema
triangular significa que el ciudadano opta entre tres opciones,
tiene tres cartas a la vista. Si se observa, en 1994 el ciudadano
tuvo ante sí tres partidos en competencia. En 1999 tuvo un partido
cuya presencia en la final (en el balotaje) era indiscutido y dos
partidos que disputaban la clasificación en semifinal, cuál
derrotaba al otro para enfrentar a la izquierda. El tripartidismo
funcionó electoralmente por última vez en 1994, y se diluyó en el
lustro siguiente, coalición de gobierno mediante y empujado
decisivamente por la implantación del balotaje.
El Frente Amplio y el Partido Colorado coinciden en apostar al
esquema binario: para Vázquez es la antinomia
progresismo-neoliberalismo, para Sanguinetti la confrontación de dos
familias ideológicas. En esa situación el Partido Nacional corre el
riesgo, ya visible, de aparecer como un apéndice del Partido
Colorado, como el socio menor del bloque tradicional. Le va la vida
en cambiar este esquema. No es solamente una apuesta hacia el 2004,
sino hacia más allá. Es una apuesta a estar mejor posicionado en el
recambio del sistema de partidos que se avizora, y que se acelerará
en caso de que triunfase el Frente Amplio.
Con esta decisión el Partido Nacional, su mayoría, busca presentar
un nuevo esquema, donde aparece un partido en el gobierno (el
Colorado), uno en la oposición (el EP-FA) y otro en el medio (el
Nacional), coaligado con el gobierno en el Parlamento y la
administración autónoma (u otorgando gobernabilidad desde ambos
lugares), pero fuera del gobierno y libre de apoyar o no apoyar.
Crea la incertidumbre sobre qué ley se aprueba y cuál no, cuándo
coincide con el gobierno y cuándo coincide con la oposición.
Triangula y adquiere relevancia. Puede inclusive apostar a mantener
el mismo perfil en la eventualidad de un gobierno de Vázquez, donde
frenteamplistas y colorados enroquen posiciones y el nacionalismo
conserve la postura del medio, del ni gobierno ni oposición. Es un
camino riesgoso, tan riesgoso como seguir por el actual sendero. Es
que al nacionalismo le quedan dos alternativas: o recrea la tríada o
a la corta o a la larga va a una especia de fusión con el
coloradismo. Y cualquiera de las dos son opciones por un lado
estratégicas y por otro ideológicas.
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