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El
presidente de la República es un hombre acostumbrado a sorprender y
eso fue parte del éxito de su primer año de gobierno. Pero a veces
da giros sorpresivos sin que la existencia del giro ni la magnitud
del mismo resulten perceptibles, quizás porque la atención de la
gente anda por otro lado, muy cerca de las incertidumbres sobre
trabajos, cobros y pagos. Se pasó de los amagues de impulsar la
flexibilización laboral a un ortodoxo representante de la doctrina
prevalente en materia laboral. Para el que no pasó inadvertido el
giro fue para el PIT-CNT, que recibió con entusiasmo la designación:
“hablamos el mismo idioma”.
La reforma laboral se consideró uno de los elementos clave de la
segunda oleada de reformas, como se llamó particularmente desde
ámbitos afines al liberalismo económico y desde los organismos
internacionales e interamericanos. Sin embargo, el candidato Jorge
Batlle no la tuvo en su agenda electoral, quizás por coincidencia
con buena parte del gran empresariado que sostiene (sostenía) que la
flexibilización se da a través de convenios entre empresas y
sindicatos. Por eso el tema apareció tarde. La reforma laboral tardó
catorce meses en ser planteada por el ministro de Economía y no pasó
de ser más que un solo discurso, duro e irritativo. Dos diferentes
son los sectores que impulsan esta reforma. De un lado los pequeños
y medianos empresarios que carecen de interlocutores colectivos
válidos para lograr una flexibilización por vía de los hechos;
quienes se sienten particularmente desprotegidos en la instancia
judicial. Es que por su propia dimensión carecen de buenos sistemas
probatorios, libres de todo cuestionamiento, ante una jurisprudencia
que devalúa las pruebas documentales, jerarquiza la prueba
testimonial y en los hechos invierte la carga de la prueba. Del otro
lado apoyan la flexibilización legal grandes empresas
multinacionales no muy adeptas a depender de la buena voluntad de
los sindicatos, máxime si a falta de esas buenas amigas lo que
aparece es la imprevisibilidad judicial.
No es fácil saber por qué el impulso a la reforma laboral quedó por
el camino, si porque no se la consideró impresindible (coincidiendo
con una de las tesis empresariales), porque se demoró demasiado y
luego vino el vendaval o porque, como ha sucedido en la mayoría de
los asuntos, la administración Batlle tiene serias dificultades para
traducir las ideas en planes y los planes en realizaciones. Lo
cierto es que nunca apareció redactada una sola línea.
Con la ida del Partido Nacional se produce un recambio ministerial
que implica un formidable giro. El nuevo titular es un calificado
laboralista, autor de obras de gran consulta, paradigmático de la
doctrina prevalente en la cátedra desde hace varias décadas, en la
misma de la OIT, que puede considerarse fuertemente protectiva hacia
la parte asalariada, a la que considera como la más débil en la
relación laboral. Su discurso de aceptación fue claro en alejar los
temores sindicales respecto a la flexibilización laboral. Por eso lo
del hablar el mismo idioma entre ministro y sindicalistas. Sin
embargo, el que haya una coincidencia básica, no implica pensamiento
similar. El sindicalismo uruguayo es afecto a la protección del
asalariado a través de una organización sindical fuerte y
reconocida; y como prueba de su tesis basta exhibir al gremio
bancario, que puede dar fe de cuanto más importante es un sindicato
fuerte que un buen marco legal. La corriente laboralista que el
ministro representa es más afecta a la protección jurídica
individual. La actividad de cada uno determina mucho los puntos de
vista: la razón de ser de los sindicalistas es la organización de
sindicatos fuertes, la razón de ser de los abogados es que haya
lugares donde litigar.
Lo más probable es que la reforma laboral no tuviese hoy espacio,
como no lo tiene ninguna reforma que afecte las ideas
mayoritariamente sentidas por los uruguayos. Entonces, si el
gobierno se decidió a dar por terminada una reforma que nunca llegó
siquiera a proyectarse, no es mala medida que haya buscado un
ministro que se siente con buena aceptación sindical y de paso
refuerce una línea de diálogo y entendimiento inaugurada por el
titular de Economía.
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