|

Las elecciones nacionales del 2004 son la cruz de los caminos en la
historia uruguaya, precisamente a cien años y dos meses de disparado
el último tiro en una guerra civil convencional. En esa cruz está de
un lado la prolongación del camino de los partidos tradicionales y
del otro lado el camino de lo nuevo, con todo lo que ello implica,
con la esperanza y el miedo que genera lo desconocido. Cuando faltan
quince meses para llegar a la cruz de los caminos, la coalición del
Encuentro Progresista-Frente Amplio y el Nuevo Espacio concita una
adhesión del 49% del total del electorado, frente a un 35% del resto
de los competidores sumados y un 16% de indefinidos puros (*). Así
planteado parecería como un hecho cierto el triunfo de la izquierda,
con lo cual resultaría que es una elección sin incógnitas, ante un
gobierno sin incógnitas desde el punto de vista de la arquitectura
política. En realidad las incógnitas hacia el 2004 son muchas y vale
la pena hacer un inventario:
Uno. ¿Puede considerarse un hecho el triunfo de la izquierda? En los
altos niveles empresarios hay una convicción generalizada que sí.
Curiosamente en la opinión pública no existe ese convencimiento. Ni
siquiera la totalidad de los votantes frenteamplistas están seguros
de su propio triunfo. Es obvio que existen las mayores
probabilidades de ese resultado, pero faltan quince meses de
gobierno y además la definición del cuadro de precandidaturas en
ambos partidos tradicionales. Lo que abre lugar a dos grupos de
incógnitas, uno por cada partido tradicional.
Dos. ¿Cuál va a ser la fórmula presidencial del Partido Colorado? Lo
que resultará de cuatro paquetes de preguntas: La primera es ¿qué
carta va a destapar Julio Ma. Sanguinetti, la del “soy candidato”
(como está convencido casi todo el medio político) o sorprenderá con
un “no corro esta vez”?; y si Sanguinetti dice que no, quién será su
vicario y cómo se resolverá ¿Hierro, Stirling, Opertti? La segunda
tiene que ver con la 15, el quién y el cómo de una precandidatura ¿Atchugarry?¿qué
hace ese fuerte entorno presidencial que empujó bastante para el
relevo en Economía? ¿conseguirá un nombre como para competir y
volver a desplazar al hoy senador?. En tercer término ¿hay espacio
para una precandidatura alternativa, fuera de los dos grandes
bloques?; en ese caso ¿quién tiene esa fuerza?. En cuarto lugar
estará la incógnita del resultado de las elecciones preliminares del
27 de junio.
Tres. El herrerismo impulsa nuevamente al anterior presidente
Lacalle; es un dato. En el no herrerismo es candidato al firme y
fuertemente despegado Larrañaga; pero se lanzan al ruedo otros
nombres, como Abreu, Gallinal, Heber (Arturo) y Ramírez ¿Llegan
todos a las elecciones preliminares de junio? ¿Se retira alguno, la
mayoría, todos? Los que se retiran ¿lo hacen en pos de uno de ellos;
acuerdan o no con Larrañaga? Finalmente también vendrán las
elecciones preliminares, su resultado y en el caso del nacionalismo
lo que es más importante aún, la administración del resultado por
ganadores y perdedores, lo que en otras palabras quiere decir
aprender del mal manejo de 1999, así como el coloradismo aprendió de
sus errores de 1989.
Hasta aquí los tres grupos de interrogantes referidos a la
competencia interpartidaria. Si en la cruz de los caminos se produce
el cambio histórico que hoy se avizora, las incógnitas electorales
no se terminan, sino que recién empiezan. Sigue el inventario:
Cuatro. ¿La izquierda obtiene mayoría absoluta en ambas ramas del
Parlamento (lo que le permite gobernar con sus propias fuerzas) o no
llega a esa mayoría absoluta y debe pactar?
Cinco. Para el caso de tener que pactar, no es nada menor la
composición de la representación parlamentaria del resto: ¿cuántos
colorados, cuántos blancos? ¿hay o no un cuarto partido en el
Parlamento, cuál, con qué fuerza, en una o en las dos ramas y con
qué predisposición a negociar y acordar con un gobierno de
izquierda?
Seis. ¿Cuál es la distribución interna de las bancas en el Partido
Nacional? ¿Qué peso tendrá el herrerismo, cuál el no herrerismo de
fuerte corte estatista (es decir, el larrañaguismo), cuál el no
herrerismo de corte más libremercadista? ¿Qué disposición tendrá la
izquierda para acordar con los blancos o algunos de los sectores y
cuál disposición tendrán los grupos blancos para ello?
Siete. ¿Cuál es la distribución interna de las bancas en el Partido
Colorado; habrá alguna disposición de la izquierda y de los
colorados para negociar entre sí?
Parecería que estas incógnitas solo importan a partir de un triunfo
de la izquierda sin mayoría absoluta. Pero resulta que si hay
mayoría absoluta, aparece otra lista de incógnitas. Sigue el
inventario:
Ocho. ¿Cuál es la correlación de fuerzas entre los diferentes
bloques de la izquierda, en particular entre Astori, los socialistas
y la constelación que pacientemente teje Mujica? Sin duda una cosa
es un gobierno de izquierda con un peso dominante de los socialistas
y otra cosa si ese peso lo ejerce Mujica; y también cuál es el
alcance y extensión de esa constelación que teje. Nada indiferente
es cuál será la fuerza de Astori y Asamblea Uruguay, aunque quizás
tanto o más importante es si exhibe la decisión de jugar ese peso
respecto al gobierno. Pero además de estos tres elementos que hoy
dominan el juego de la interna frenteamplista, aparece la
interrogante sobre el rol y la fuerza de la Vertiente, de Nin Novoa
y como incógnita mayor, la adhesión que demuestre ese flamante
asociado del EP-FA como lo es el Nuevo Espacio de Rafael Michelini,
así como qué es lo diferente que aporta al conjunto.
Como se ve el inventario de incógnitas es elevado y no es un mero
ejercicio académico, sino que según la respuesta a cada pregunta
será diferente el futuro del Uruguay. Los navegantes y observantes
encontrarán que deben atender tres señales:
-la evolución de la intención de voto entre los partidos
-la competencia presidencial en el Partido Nacional y el Partido
Colorado
-(y muy especialmente) la competencia entre sectores y bloques al
interior de la izquierda
* Ver VOTO04, El Observador, 9 de agosto de 2003
|