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Entre 1985 y 1988 el Frente Amplio se vio sacudido por un profundo
debate sobre su naturaleza y su finalidad. Un eje de la discusión
fue la naturaleza política de la organización, discusión que adoptó
la forma de la dicotomía coalición o movimiento, que en realidad
quería decir si se lo concebía como una alianza (porque nunca fue ni
quiso ser una coalición, ya que desde el origen pretendió ser algo
permanente) o como un partido (plural, federativo). Pero hubo otro
eje no menor, que adquiere significativa importancia al presente: si
el Frente Amplio busca ser la unidad de toda la izquierda o pretende
unificar a todos los que comparten su programa y nada más que a
ellos.
Puntualmente la discusión operó en torno al ingreso del Movimiento
de Liberación Nacional-Tupamaros al Frente Amplio, ingreso que en
aquel entonces tuvo la férrea oposición del Partido Demócrata
Cristiano (las vueltas de la vida hace que hoy sean socios en el
mismo sublema). Para buena parte de los sectores frenteamplistas y
para casi toda la representación de las bases, el objetivo del
Frente Amplio era unir a toda la izquierda sin exclusión alguna y
ser la representación política de toda ella. El Partido Demócrata
Cristiano razonaba de otra manera: el F.A. es una conjunción de
grupos políticos aliados detrás de definiciones comunes, métodos
comunes y un programa unánimemente acordado. Quienes no comulguen
con esas definiciones, esos métodos y ese programa, aunque fueren de
izquierda, no tienen nada que hacer en el Frente Amplio.
La discusión pareció superada por el tiempo. Al Frente Amplio le
queda poco o nada de alianza y es hoy un partido político
federativo, con su identidad, pertenencia, simbología y liderazgo.
El nombre oficial del conjunto político de izquierda osciló entre
Frente Amplio, Encuentro Progresista y la síntesis de Encuentro
Progresista-Frente Amplio, problema marcario al que se suma ahora el
posible lema de “Nueva Mayoría”. Para comodidad de los analistas, la
gente común le llama Frente Amplio a secas, y sus adherentes se
identifican a sí mismos como frenteamplistas. Su estructura
sectorial se parece poco a la de hace década y media: el dominante
Partido Comunista es una fuerza de menor porte, a la inversa el
Partido Socialista creció hasta ser el grupo mayoritario, el PDC ya
no tiene aquel protagonismo y es uno de los componentes de uno de
los sectores, el controvertido MLN (reciclado en MPP) disputa el
liderazgo con los socialistas, y se suman fuerzas nuevas, nacidas
desde adentro, como Asamblea Uruguay o Vertiente Artiguista. Y ahora
tiene además un liderazgo popular.
Pero hay otro elemento significativo, que de alguna manera da por
resuelta aquella discusión. Ya no es ni tiene posibilidades de que
sea el referente de toda la izquierda. Podrá serlo en el terreno
electoral, pero no más allá de él. El conflicto de Salud Pública ha
desnudado la existencia de una fuerte militancia, quizás no
demasiado numerosa, pero con capacidad combativa, de liderar un
conflicto, compuesta por gente que está desde el borde izquierdo del
frenteamplismo hacia más allá. Es que este EP-FA, o esta Nueva
Mayoría, como Tabaré Vázquez, están demasiado cerca del gobierno
como institución, demasiado próximos a la posibilidad de gobernar,
emitir decretos y resoluciones, dictar actos, emitir leyes, ejercer
el poder político. Una fuerza con esta proximidad está muy lejos de
los ideales revolucionarios, de los cuestionamientos globales al
sistema; no sólo no es una fuerza anti-sistema, sino que es una
fuerza que refuerza al sistema. Esto conviene aclararlo. El EP-FA
tiene programas sociales y económicos diversos a los aplicados en
los últimos gobiernos constitucionales (cuánto de diferente se verá
en el camino, si gana, lo importante es que esa diferencia existe en
el discurso), pero no tiene una propuesta que modifique el sistema
democrático liberal, o democrático republicano representativo
pluralista, ni tampoco la sustitución del sistema capitalista por
otro sistema. Para muchos analistas inclusive el programa
frenteamplista no es más que el retorno y el aggionamento del viejo
modelo del welfare state.
Cuando una izquierda llega al gobierno o se acerca al gobierno, deja
afuera a quienes no aceptan convivir con el sistema, quienes
apuestan a un cambio profundo de la sociedad o a un cambio profundo
del ser humano. Para citar algunas concepciones no englobadas por la
izquierda frenteamplista, están los grupos marxistas que reivindican
que el socialismo verdadero nunca se ensayó sobre la faz de la
tierra, están los que beben en las diferentes fuentes del trotskismo,
los que pregonan la democracia comunitaria como opuesta a la
democracia representativa, los que pugnan por revivir la lucha de
clases en todo su esplendor. Pero la izquierda política que se
acerca al gobierno tampoco comprende a todos aquellos que no se
preocupan de tener una cosmovisión omnicomprensiva y luchan por
causas más concretas y puntuales: el medio ambiente, los derechos
humanos, los derechos en particular de una minoría, el derecho a la
libre opción sexual, los derechos de las mujeres.
El EP-FA o la Nueva Mayoría no enfrentan la posibilidad de una
opción electoral de izquierda por fuera, a la izquierda de la
izquierda, al menos de una opción electoral con perspectivas de
representación parlamentaria. Pero en cambio afrontan dos o tres
tipos de desafío, que de llegar al gobierno pueden transformarse en
dos o tres formas de oposición desde la izquierda:
Uno. Determinado tipo de organizaciones no gubernamentales
inspiradas en la contraposición sociedad civil versus sistema
político, que se adjudican un rol de fiscales de causas y derechos.
Dos. Cierto segmento intelectual con prédica especialmente en el
campo universitario y en ámbitos culturales.
Tres. Grupos de intensa acción sindical, con capacidad para
desencadenar conflictos fuertes.
Esta izquierda a la izquierda de la izquierda no es controlable por
el EP-FA, ni siente que deba reprimir sus impulsos para no
comprometer a un gobierno de izquierda, pues duda del izquierdismo
de esa misma fuerza, a la que considera aburguesada. Este conflicto,
y los que puedan venir tras, preocupan hoy al gobierno. Pero hay
muchas señales que deben alertar a la izquierda, por lo hechos que
esta izquierda puede generar y como corolario entorpecerle el camino
hacia el gobierno y, si llega al gobierno, por lo que le puede
apedrear el rancho.
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