|
Hace
20 años y dos días ocurrió un hecho de singular trascendencia para
el retorno a la democracia: la liberación de Líber Seregni. Quizás
se perdió la importancia que cumplió el entonces líder del Frente
Amplio en ese proceso. Es que puede afirmarse que su actuación entre
1981 y 1985 constituye el período estelar de su vida política,
período en que más de la mitad del tiempo ejerció la conducción
desde la cárcel. Y también que fue decisivo para que Uruguay tuviera
una salida pacífica, ordenada y rápida en la forma y en el tiempo en
que se dieron esa salida y esa transición del autoritarismo a la
democracia; y que fue insustituible para que el Frente Amplio como
tal sobreviviese.
Sin duda sus actuaciones fuertes y empecinadas resultan polémicas.
Hay quien comparte todo lo que hizo, quien coincide con lo uno o con
lo otro, y quien disiente con todo. Se trata aquí de exponer sus
aportes, sin valorarlos.
Cinco son las grandes metas que se trazó en los largos años de
pensamiento en solitario en la Cárcel Central, algunas cumplidas
plenamente y otras frustradas:
Una. La vigencia del Frente Amplio. Ni en aquella época ni hoy es
una obviedad la existencia y continuidad del Frente Amplio,
amenazado siempre desde dentro y desde fuera, sometido
constantemente a proyectos alternativos o sustitutivos. En aquellos
años los partidos tradicionales partieron del supuesto que había
sido un fenómeno fugaz, no repetible: ya no había una izquierda,
sino dos, tres o cuatro. El Frente Amplio no existía y correspondía
desconocerla; había comunistas, socialistas, democratacristianos y
algo más. Así fue como no estuvo sentado con el rey de España; lo
estuvieron el Partido Socialista y el Partido Demócrata Cristiano en
tanto tales, pero no el Frente Amplio. En la propia izquierda se
dudaba o negaba su existencia. Seregni buscó reafirmar la vigencia
del Frente Amplio y la concentración en el mismo de todas las
fuerzas originarias mediante múltiples actos de diversa dimensión.
Los más relevantes: la convocatoria al voto en blanco en las
elecciones de 1982 para marcar la existencia del Frente Amplio; la
formulación de un camino propio e independiente de ambos partidos
tradicionales (en particular el no seguimiento al Partido Nacional);
su oposición al surgimiento de un seregnismo diferente y alternativo
al Frente Amplio.
Dos. La búsqueda de la negociación entre el sistema político y las
Fuerzas Armadas como la única forma de salida pacífica y ordenada
del autoritarismo. Partió de la absoluta convicción que en Uruguay
no se daban ni se iban a dar situaciones de derrota de las fuerzas
armadas por insurrección interior ni rendición por aventuras bélicas
en el exterior; no existían caminos ni a la Nicaragua (1980) o Costa
Rica (1952), ni a lo Grecia (1974) o Argentina (1982-83). Solo la
negociación posibilitaba esa salida. En el error o en el acierto,
exhibió una convicción de hierro y un formidable coraje para sentar
a la izquierda a la mesa con los comandantes militares; mucho más
difícil cuando no se sentaron todos los partidos políticos.
Tres. La negociación no como un ejercicio de exclusivo
convencimiento del otro, sino como corolario de una confrontación de
fuerzas. El oponer a la fuerza de las armas la organización y
movilización de la sociedad civil, la creación de un entramado
social y político y de un accionar que limitase el ejercicio
efectivo del poder por los detentadores del mismo.
Cuatro. El mirar hacia delante y no hacia atrás. Destinar todo el
esfuerzo para construir el futuro y no quedarse en revolver el
pasado. Al respecto cabe recordar algunos párrafos del discurso en
el balcón de su casa, en el segundo piso de Bulevar Artigas frente a
la Facultad de Arquitectura: “Todos nuestros esfuerzos para
facilitar esa marcha y para alcanzar la libertad y el total
ejercicio de la democracia. Por eso, compañeros, ni una sola palabra
negativa, ni una sola consigna negativa. Fuimos, somos y seremos una
fuerza constructora. Obreros de la construcción de la patria del
futuro que soñamos. (…) Antes de que ustedes se retiren quiero
decirles una cosa: la gran preocupación de este momento, para poder
transitar efectivamente los caminos hacia la recuperación de la
democracia, es la pacificación de los espíritus, la pacificación
nacional. (…) No hay democracia si no hay paz”.
Cinco. La concertación concebida en un doble aspecto. En primer
lugar, la unidad de todas las fuerzas políticas para transitar
juntas la negociación con las Fuerzas Armadas y la transición hacia
la restauración democrática. En segundo lugar, la concertación como
acuerdo programático para la construcción del futuro del país.
Los tres primeros objetivos fueron alcanzados: la vigencia del
Frente Amplio, la salida negociada (que se operó a través del
acuerdo del Club Naval) y la movilización. El cuarto objetivo, el
mirar hacia delante y no quedar prisioneros en el pasado, pareció
cumplido hasta hace poco tiempo, y ahora está en la incertidumbre.
La concertación tuvo éxitos escasos. El acuerdo entre los partidos
no fue todo lo esperable, en particular por la fuerte asintonía
entre Seregni y Ferreira Aldunate, quienes en esos años no se
entendieron. La concertación como objetivo programático tuvo escasos
éxitos (uno de los mayores la transición en materia de educación
general y universitaria). Pero su idea no fue entendida o no fue
compartida. Así fue como la Concertación Nacional Programático (Conapro)
devino en un catálogo de demandas, muchas de ellas contradictorias o
apenas formulaciones de principios. No fue entendida o compartida
por los otros partidos, pero tampoco fue compartida adentro, donde
muchos sectores la veían como un freno a la movilización de las
masas y en particular del movimiento sindical. Su concepción de la
concertación se entiende si se observa el camino seguido por el
general en sus últimos años a través del Centro de Estudios
Estratégicos 1815: la búsqueda de los puntos de encuentro en los
grandes temas de debate, de grandes acuerdos nacionales para la
construcción del futuro del país. Tuvo a su frente el modelo de
Suecia, con su pacto de 1937 entre la burguesía industrial, los
sindicatos y el gobierno, que constituyeron la base político-social
del vertiginoso desarrollo del país nórdico. Y más
contemporáneamente el ejemplo del Pacto de La Moncloa, impulsado por
Felipe González, entre gobierno, empresarios y sindicatos, que
también sentó las bases de acuerdo político-social para el gran
empujón español.
A los 87 años de edad optó por desvanecerse de la escena pública.
Tras esa decisión personal, es más fácil analizar su pasaje por la
política con perspectiva histórica.
|