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Tradicionalmente el periodismo uruguayo tuvo entre sus principios
rectores el establecer un fuerte límite entre lo público y lo
privado. La esfera íntima de los individuos públicos se consideró
por muy largo tiempo como afuera de la cobertura periodística, al
menos en lo que se consideraba periodismo serio. No solo preservar
la vida íntima, sino también considerar fuera del ámbito noticioso
las conversaciones privadas entre periodistas y actores de la vida
pública. Estos criterios rigieron durante casi todo el siglo pasado.
Para unos ayudó a que la vida pública uruguaya no fuese distraída
por fuegos artificiales, como cuando los Estados Unidos o la
sociedad norteamericana tuvo como elemento central del debate
político el sexo oral practicado entre una pasante y el primer
mandatario, en el célebre despacho oval. Y que también han provocado
que una carrera política se trunque o se potencie según el grado en
que se revelen u oculten los detalles de la vida íntima, como aquel
pobre Gary Hart, cuyos sueños de llegar a la Casa Blanca quedaron
por el camino cuando un periódico reveló que había tenido relaciones
con una prostituta. Claro que para que esto sea noticia no solo se
requiere que haya un periodismo que difunda estos hechos como
noticia, sino que haya un público que consuma esas noticias y además
le otorgue valor social o político. Y esto que es válido para el
periodismo lo es para todos los comunicadores, fueren profesionales
de la comunicación o actores de la vida pública que en tanto tales
son comunicadores o utilizan la comunicación pública. Desde otro
punto de vista, aquel criterio comunicacional ha sido considerado
como pacato cuando no como hipócrita, como la expresión de una
sociedad que tiene una escala de valores para lo que se oculta y
otra escala de valores para lo que se dice en público.
Sin entrar al análisis de la razón o sinrazón de cada quien, vale la
pena hacer un breve inventario de los cambios que se han producido
en el país en los últimos años:
Uno. La eliminación de la distinción entre las declaraciones
publicables y las no publicables de parte de los actores de la vida
pública. En otras palabras, la eliminación del “off the record”.
Parte de dos premisas: a) el periodista es tal las 24 horas del día,
en todo tiempo y lugar, todo lo que oiga, vea o diga es publicable;
b) los actores de la vida pública deben tener un único discurso en
todo tiempo y lugar, en público y en privado.
Dos. La grabación de las conversaciones telefónicas informales entre
periodistas y actores, y la trascripción y publicación de dichas
conversaciones. En otras palabras, el derecho al record del off the
record, y a la publicación de ese off de record que pasa a ser in
the record.
Tres. La publicación de fotos de figuras públicas obtenidas en
ocasión de realizar actos privados (como un candidato a intendente
fotografiado en una whiskería o una directora bancaria fotografiada
en una discoteca bailando con su novio)
Cuatro. La grabación de videos con cámaras ocultas y la divulgación
de lo registrado mediante dichas cámaras
Cinco. El empleo de un lenguaje considerado por padres y maestros
como de mal gusto o impropio, o generalmente denominadas “malas
palabras” o palabras soeces, o también calificadas como
vulgaridades.
Seis. La realización de chistes relacionados con conductas sexuales
que en el humor se le atribuyen a figuras públicas
Siete. La divulgación de versiones que atribuyen a una figura de la
comunicación haber tenido relaciones sexuales en el estudio de la
emisora.
La lista abarca temas diferentes. No se trata de lo mismo. Pero en
conjunto trazan un cuadro de cómo se pasó de una escala de valores a
otra. Del país que para unos era sobrio y para otros hipócrita, a un
tipo de comunicación que para unos es amarillo y para otros es “sin
concesiones”. Cada cual puede tener argumentos para defender un
modelo u otro, o incluso quedarse en algún punto intermedio en el
pasaje de un modelo al otro. Pero lo que hay que tener en cuenta son
los cambios significativos que estos hechos tienen sobre la
comunicación, sobre la sociedad y sobre la fijación de la agenda
pública.
La eliminación de la distinción entre lo publicable y lo no
publicable, lleva a un periodismo que levanta barreras en la
comunicación con los actores de la vida pública, pues estos pasan a
sentir que no tienen libertad de hablar abiertamente con los
periodistas, pues todo puede ser publicado. Y los periodistas, al
menos los que incursionan en el análisis, pueden así perder
invalorables fuentes de información, carecer de datos sustanciales a
la hora de valorar e interpretar los acontecimientos. De allí se cae
pues en una situación en que los periodistas pasan también a una
calidad de actores, como contra-actores de los actores clásicos.
Esto genera un periodismo diferente, que para sus cultivadores
implica servir a la sociedad y no a las dirigencias societales.
La divulgación de hechos de la vida íntima, o la atribución de
hechos privados, o la práctica del humor basado en la vida íntima,
todas estas cosas conducen a una sociedad con valores diferentes a
los que tuvo tradicionalmente la sociedad uruguaya. Puede
considerarse que así se conduce a una sociedad menos hipócrita y más
trasparente, o puede considerarse que se pasa a la exaltación de lo
banal para desplazar lo importante.
Se adopte la posición que se adopte, que nadie crea que éstos son
hechos baladíes que no tienen impacto para el futuro. No quiere
decir que las cosas sean hoy diferentes a la semana pasada.
Transcurrirán semanas y meses sin que nada pase, pero si esto
continúa un día se descubrirá que se vive en una sociedad con
valores y temas diferentes. Una sociedad donde no hay fronteras
entre lo público y lo privado, donde lo privado se divulga como si
fuese público, es una sociedad diferente a la que reconoce la
existencia de fronteras. Una sociedad donde cabe el diálogo
reservado en forma diferenciada del diálogo público, es una sociedad
diferente a la que no reconoce esas distinciones, donde no existe
pues lo reservado. En gran medida puede decirse que un modelo es lo
que todavía es Uruguay y otro modelo es lo que es Argentina. Y el
país vive un momento en que se juega de qué lado se prefiere quedar,
cuáles van a ser las reglas de la comunicación, si existen o no
límites y cuáles son esos límites. Uno podrá estar muy equivocado,
pero es importante advertir que no se crea que se trata de algo
baladí o superficial: hay cosas muy profundas en juego.
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