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EL 27 de junio se realiza un tipo de elección de difícil definición
y clasifica- ción. Sus objetivos generales son tres: la elección del
candidato a presidente de la República de cada partido; la elección
de un órgano deliberante nacional con la única finalidad de elegir
el candidato a vicepresidente y en diversas situaciones elegir
supletoriamente al candidato presidencial; la elección de un órgano
deliberante departamental en cada departamento con la única
finalidad de elegir al o a los candidatos a intendente municipal.
Algunos partidos le han agregado un cometido adicional: que esos
órganos deliberantes (nacional o departamentales) constituyan las
convenciones nacional y departamentales de los respectivos partidos,
en tanto autoridades partidarias por un periodo de cinco años. Este
objetivo es una decisión de cada partido, que aprovechan el acto
comicial para resolver un tema como lo es la composición de las
autoridades partidarias, pero no es un objetivo que surja
necesariamente del texto constitucional ni del legal. Desde el punto
de vista de la naturaleza del cuerpo electoral, es una elección de
carácter general; en la misma participa el Cuerpo Electoral (con
mayúscula, es decir, el órgano de origen constitucional integrado
por todas las personas habilitadas para votar).
Interesa pues señalar el camino que se eligió estampar en la
Constitución (y que en ambos partidos tradicionales también se
estampó en sus respectivas cartas orgánicas): que la base de
soberanía partidaria fuese una porción indeterminada e
indeterminable del Cuerpo Electoral. En el mundo occidental,
particularmente en Europa, predomina un modelo diferente: la base de
soberanía de los partidos son los afiliados. Afiliado es
generalmente una persona que adhiere a un partido político con ánimo
de permanencia y comparte las bases de principios del mismo; la
relación afiliado-partido es una comunión en base a ideas, valores o
modos de concebir la resolución de los conflictos de la sociedad. La
adhesión de un afiliado a un partido va más allá de la coincidencia
puntual con un candidato o de la problemática de una elección, y en
principio va más allá de las victorias o derrotas circunstanciales.
Los afiliados son quienes eligen las autoridades partidarias y, en
forma directa o indirecta, eligen a los candidatos del partidos a
los diferentes cargos públicos, desde la jefatura del gobierno hasta
los cuerpos vecinales. La base de soberanía no solo es determinable
colectivamente, sino que es posible establecer persona por persona
quienes son los co-soberanos de un partido determinado.
En el modelo adoptado en Uruguay es imposible saber quienes integran
ese conjunto que constituye la base de soberanía, pues los
candidatos son elegidos (y en ambos partidos tradicionales sus
autoridades son elegidas) por un conjunto de personas de las que
sólo puede saberse la cantidad, y cuya relación con el partido es
variable: desde quienes tienen una relación de pertenencia (y serían
afiliados de haber criterios de afiliación) hasta electores
puntuales, adhesión que empieza y termina ese mismo día en esa
elección de candidatos o autoridades. El sistema permite
perfectamente que un elector vote a lo largo de once meses por tres
partidos diferentes (en julio con estas llamadas “internas”, en las
nacionales de octubre y en las municipales del siguiente mayo). Por
lo que una persona que en octubre exprese su adhesión a un partido,
puede en junio haber intervenido en la elección de candidatos y de
autoridades de un partido diferente. En otras palabras, el sistema
no asegura que el gobierno del Partido Colorado sea decidido por los
colorados, ni que el gobierno del Partido Nacional sea decidido por
los blancos; consecuentemente, el sistema no solo no asegura sino
que está hecho para permitir que el candidato colorado sea elegido
mediante la intervención de cualquier ciudadano, se identifique con
la corriente política que fuere, y está hecho para permitir que el
candidato blanco sea elegido también por personas que se
identifiquen con lo blanco, o con lo colorado, o con lo
frenteamplista, o con otra pertenencia, o con ninguna. Esta es la
lógica del sistema. Lo que se denomina voto extrapartidario no es
una anomalía del sistema sino una conducta lógica y natural del
sistema.
Si se considera que no es conveniente que gente que se defina como
colorada o frenteamplista elija dentro del Partido Nacional, o si se
entiende que no es bueno que gente definida como blanca o
frenteamplista elija dentro del Partido Colorado, lo que se está
haciendo es cuestionar la lógica del sistema implantado con la
reforma constitucional de 1996. No es un problema que tenga que ver
con la ética del votante, ya que el votante actúa siguiendo la más
estricta lógica del sistema, es un problema de diseño del sistema.
Pero en estas elecciones se dan situaciones extremas como la del
Encuentro Progresista-Frente Amplio, en que no se elige ni siquiera
quien hace el asado: hay candidato único a presidente, hay acuerdo
sobre el nombre que elegirá la convención nacional como
vicepresidente, no se define el candidato a intendente en al menos
los dos tercios de los departamentos, no se eligen las autoridades
partidarias. El voto al EP-FA es un acto de adhesión de la misma
importancia que concurrir a un acto público, no es participar de una
elección, ya que prácticamente no se elige nada (salvo en algún que
otro departamento en que sí se pueda elegir el o los candidatos a
intendente municipal).
Una vez más se comprueba que los diseñadores de la reforma actuaron
como el aprendiz de brujo, que desató fuerzas que luego no pudo
controlar, y que no previó que pudieran desatarse. En la reforma se
pensó el efecto de cada instrumento en particular, y no se estudió
cómo quedaba el proyecto en su conjunto, cómo operaba la interacción
de todas las partes. Estas “elecciones internas”, que tienen hasta
mal puesto el nombre, fueron concebidas sobre la base de que todos
los partidos en todas las elecciones iban a tener la misma
intensidad de convocatoria. La premisa no sólo resulta falsa hoy,
sino que ya era falsa en el momento de elaborarse la reforma, e
inclusive es teóricamente falsa.
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