|
El
ser humano es una máquina altamente compleja, donde lo racional y lo
emotivo se mezclan e interactúan, donde las decisiones no son
producto de cálculos artiméticoso ajedrecísticos, sino que son el
producto de el querer y el no querer de los individuos, de lo que se
juega en el plano consciente y en el inconsciente. No es entendible
hoy el Partido Colorado ni la Lista 15 exclusivamente a la luz de
actos racional y fríamente concebidos en pos del interés particular
de cada quien, ni por supuesto funciona con exactitud la teoría de
que la búsqueda del interés particular de cada uno da como resultado
el interés colectivo, en este caso del colectivo Lista 15 o del
colectivo Partido Colorado.
Alejandro Atchugarry es un ser especialmente complejo, de difícil
interpretación. Más aún, que la interpretación superficial de sus
actos puede llevar, o más bien lleva inexorablemente, a conclusiones
equivocadas. Las señales dadas por quien quedó finalmente como
primer senador quincista fueron linealmente interpretadas e
interpretables como un aspirante a la doble sucesión de Jorge
Batlle: la Presidencia de la República y el liderazgo de La 15. Y
así surgieron varias señales: Ejerció una jefatura férrea y vertical
del bloque parlamentario quincista, sin admitir el surgimiento de
una jefatura autónoma o derivada en la bancada de diputados.
Obstaculizó en forma clara y dura el surgimiento de un coordinador
del gobierno y en tal sentido saboteó eficazmente el surgimiento de
un competidor en el manejo gubernativo-parlamentario (que lo hubiera
sido Carlos Ramela). En el Ministerio de Economía (cuyo estilo fue
esencial para que el país pasase el peor momento de la crisis con
consenso político y gremial, y sin estallidos sociales) dio señales
de alta receptividad hacia un público que busca el político monacal.
Dos fotos de relevancia: el auto destartalado del ministro (además
llevado por Autoparque por mal estacionamiento) y el ministro en
persona bajando del auto un pack de Coca-Cola light, comprada de su
peculio personal.
Cuando abandona sorpresivamente el Ministerio de Economía, lo hace
con una imagen excepcional y en el tercer lugar del ranking
ministerial, detrás de Stirling y Opertti; hazaña mayúscula para un
ministro de Economía. Por las dudas la forma de salida dio la imagen
de un portazo al presidente. Lo uno y lo otro lo catapultaron a la
candidatura presidencial, cosa nada querida por el primer
mandatario. Después de analizar varios nombres posibles, se resignó
a lo inevitable: Atchugarry debía ser el pre-candidato presidencial
quincista, y el único en condiciones de competir con (y quizás hasta
poder ganarle a) Julio Ma. Sanguinetti. Esto quedó desbaratado a
mediados de enero con una famosa carta del ex-ministro al diario El
País. Fracasado este camino. Batlle ensaya una jugada de eximia
fineza, con lo que logra posicionar a Stirling como candidato único
y mata dos pájaros de un tiro: evita la confrontación desigual con
el Foro y obliga a Sanguinetti a salir de la cancha. Pero la jugada
contenía un segundo movimiento: Alejandro Atchugarry como la figura
lideral de la 15. Primero en todas las listas a la Convención y pre-candidato
a vice-presidente. Así aparecía una campaña donde de un lado se
postulaba la fórmula Stirling-Atchugarry y del otro a Stirling-"con
un candidato del Foro que no se sabe quién es y saldrá de los
conciliábulos post-27 de junio". En una nueva carta a El País el ex
–ministro desbarata la jugada: bajo ningún concepto será candidato
vicepresidencial. Cuando Jorge Batlle se obsesiona, no hay nadie más
empecinado que él. Con el alba del 28 de junio, desde el quincismo
surgen los clamores por la fórmula Stirling-Atchugarry; muere al
rato, cuando el ex-ministro declara urbi et orbi que el candidato
vicepresidencial le corresponde al Foro Batllista.
En marzo, para sorpresa de unos cuantos, Batlle anunció que
Atchugarry encabezaba la 15, hacia junio y hacia octubre, y asumía
el liderazgo del sector. Lo que pasó da para varias
interpretaciones, entre ellas que el primer mandatario lo que hizo
fue tirar una cáscara de banana; y que tampoco transfirió total e
íntegramente el liderazgo. La queja de diputados y dirigentes
departamentales y locales de la 15 es que debieron pelear en
solitario, sin una buena campaña central y sin el apoyo de un
liderazgo, en contraposición con un fuerte papel de Sanguinetti en
respaldo de los suyos. Habría que estudiar afinadamente cuánto hay
de verdad y cuánto de exageración, lo que sí es real es que este es
el sentimiento predominante en la 15. Lo cierto es que el 27 de
junio la formidable imagen de Atchugarry no se tradujo en votos: el
Partido Colorado votó en lo esperado y nada más, y la 15 perdió por
6 a 4 contra el Foro. Las movidas posteriores parecían obvias:
Batlle recupera el liderazgo a pedido de los dirigentes intermedios
y endilga a Atchugarry su fracaso. Lo hace además con un desplante:
al número uno no se le ofrece el segundo lugar sino el tercero,
detrás de un dirigente departamental de no demasiado exitoso
desempeño en su departamento.
Curiosamente es solo la tercera vez que Jorge Batlle es candidato al
Senado y la segunda que encabeza una lista senatorial: la anterior
fue en 1994, en el peor momento político de su 15. La primera vez
que fue senador lo hizo como tercer titular, detrás de la fórmula
presidencial, de Sanguinetti y de Tarigo, en 1984, cuando el
batllismo estaba unido en el Batllismo Unido. Es la segunda vez que
confronta mano a mano con Sanguinetti cada uno como cabeza de lista
al Senado. Y es la primera vez que confrontan sólo como cabezas de
lista al Senado, ya que en la anterior (1994) fueron además
candidatos presidenciales en el viejo sistema del doble voto
simultáneo. Con esta última movida, entonces, Batlle resuelve los
posibles cuestionamientos a su liderazgo y repite el duelo, quizás
el último duelo, la vencida, del duelo que pende sobre el Partido
Colorado desde hace dos décadas largas.
La decisión de Batlle quizás sea buena para la 15. Porque no cabe
olvidar que en este país hay un 8% de personas que aprueban
decididamente el desempeño del presidente, y ese es un nicho
suficientemente ancho para las necesidades actuales de la 15.
Apostar al voto de los que aplauden su gestión no es mala opción de
marketing. Y no es demostrable que la 15 hubiera votado mejor con
Atchugarry al frente, porque ya no lo hizo el 27 de junio. Lo
complicado de la decisión es que deja al Partido Colorado con
opciones muy cerradas para el votante suelto, para el indefinido o
para el que ahora se puede soltar del Partido Nacional al no tener a
Lacalle en la cancha. Porque el coloradismo postula a Batlle, a
Sanguinetti o a las sobrevivencias del pachequismo. Parecería que
para poder captar a ese tipo particular de electorado le está
faltando un producto light.
|