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Una
forma de ver la política es como un juego de ajedrez. Así lo vio
hace cinco siglos el que concibió a la política como ciencia, el por
mucho tiempo incomprendido Niccolo Bernardo dei Machiavelli, más
conocido en español por el nombre Maquiavelo. Ello no quiere decir
que los jugadores en el tablero lo hagan como un juego, porque en el
juego de la política hay principios y cosmovisiones de por medio; lo
que tiene de juego es que hay reglas bastante nítidas de cómo se
mueven las piezas para la consecución del poder y para el
mantenimiento del poder.
La forma de jugar la condicionan las circunstancias. El 7 de
diciembre la izquierda vió el resultado, el del referendo sobre
Ancap, como un estruendoso triunfo suyo, de donde de ahí en adelante
solo cabía transitar una autopista que la conducía directamente
hacia el poder. El Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría
entró en una euforia etílica que lo llevó a cometer todo tipo de
errores en los seis meses siguientes. Y llevó a la izquierda a esa
soberbia que fundamentó el irracional desafío de transformar el 27
de junio en un plebiscito sobre su propia fuerza, sobre afirmar el
ser la mayoría absoluta del país. El coscorrón que significó el
resultado electoral borró la euforia producida el 7 de diciembre y
restableció la normalidad. El mensaje recibido por Tabaré Vázquez y
la dirigencia del EP-FA fue claro: el gobierno es del que lo
conquiste, con inteligencia y prudencia. Como quien dice, el 27 de
junio anuló al 7 de diciembre y puso las cosas en su sitio, en la
prosaica realidad. Como el gobierno no estaba ganado por derecho
divino y había que conquistarlo, Vázquez se lanzó a la más elemental
de las maniobras, basada en un viejo principio ajedrecístico: gana
el que ocupa el centro. Y decidió ocuparlo. Para ello operó la
pronta y sorpresiva designación de Astori como ministro de Economía
de su eventual gobierno, las buenas relaciones con los organismos
internacionales y con los gobiernos de España, Alemania, Argentina y
Brasil, el respaldo in totum a su shadow minister de Economía (aún a
costa de dejar por dos veces en el aire a su candidato
vicepresidencial). La izquierda pues tiene una estrategia clara,
está muy cerca de la mayoría absoluta y su triunfo en primer término
depende de sí misma, de su capacidad para no cometer errores, no
dejarse envolver por los adversarios, no pisar terrenos
resbaladizos. Parece simple la estrategia, pero es a la vez
complicada. ¿Cuáles son los riesgos? El primero y el más importante,
la tendencia de Tabaré Vázquez a decir cosas que seducen a sus
interlocutores de momento, sin percatarse que declaraciones
imprudentes en lugares remotos ante públicos insignificantes, se
transforman en formidables impactos políticos cuando la prensa los
recoge. Un segundo riesgo es el de un candidato vicepresidencial
crecientemente desalineado con el candidato presidencial y muy
pronto a la improvisación fuera de libreto. En tercer término, los
juegos sectoriales, el afán de cada uno de los grupos principales,
de los siete grupos, para diferenciarse de los demás; lo que los
lleva a jugadas como la reciente iniciativa de suspensión de
ejecuciones, que evidencia contradicciones en el espectro
frenteamplista y puede dejar en el aire al propio candidato
presidencial. Parece más riesgoso para el EP-FA-NM cometer errores
por sí mismo que por acción de los adversarios, y terminan siendo
más peligrosas o letales. Y quizás lo que no ha sido consciente
hasta ahora es del siguiente hecho: en 1999 obtuvo cerca del 45% en
el balotaje; desde el formidable desplome del año 2002 se ha
estabilizado entre 49% y el 50% del electorado. Eso es una ganancia
muy magra para la magnitud del desplome habido en el país.
La izquierda en principio necesita dos cosas para perder: sus
propios errores y el acierto de su adversario. Porque en principio
tiene un único adversario que es el Partido Nacional. Guste o no, el
Partido Colorado está fuera de competencia. Pero si no logra salir
de los magros niveles en que se encuentra, poco y nada puede hacer
para contribuir a la derrota de Vázquez. Está más o menos apenas por
encima del 10% (no importa si 11 ó 12, por allí anda). Es muy poca
contribución. Pero no hay forma de salir de ese nivel si no hay un
Partido. Hasta ahora el Foro se ha ocupado de sí mismo, y para eso
nada mejor que la candidatura Sanguinetti. La 15 se ha ocupado
también de sí mismo, para lo cual también lo mejor parece ser la
candidatura Batlle. El problema es que parece que nadie se ha
ocupado demasiado del Partido Colorado, el cual queda asfixiado
entre dos opciones de hierro, sin una tercera alternativa que capte
de afuera, y además con una fórmula presidencial que nunca despegó.
O el coloradismo encuentra un camino como partido, o poco va a
ayudar en la lucha de los partidos tradicionales contra la
izquierda.
El Partido Nacional no ha terminado el diseño interno, ha estado más
preocupado por lo de adentro que por lo de afuera. Lo más complicado
es que no ha definido del todo por dónde va a ir a confrontar al
EP-FA. Sorprendido por la rápida ocupación del centro, no ha logrado
una respuesta coherente. Ensaya una disputa sobre cuál es el más
creíble centrista, si el FA o el nacionalismo, o cuál es el gobierno
progresista más confiable. Cabe la duda de si por ahí anda el
camino. O si el camino es plantarse con un modelo de país y una
opción ideológica y programática opuesta al Frente Amplio. Cualquier
camino puede ser viable, siempre que se elija un camino, uno solo, y
por allí transcurra toda la campaña electoral. Pero ningún partido
que aparezca como en segundo lugar y pretenda ser desafiante del
primero, puede darse el lujo de no definir una estrategia. La misma
debe ser clara al menos cuando se entre en los 60 días finales de la
campaña electoral. Y sobretodo, debe definir de una vez por todas
como piensa plantear su relación con el gobierno actual, con su
coparticipación en este gobierno: si rescata mucho, poco o nada del
mismo.
Así están las posiciones en el tablero, y no son demasiadas las
semanas que quedan para que se terminen de delinear las estrategias
y afirmar las tácticas.
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