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Un
tema apasionante que desvela a todos quienes se dedican a los
estudios electorales es encontrar las causas profundas de la
decisión de voto, los elementos que llevan a las personas a
decidirse en determinada dirección. Sin embargo, hay algunas cosas
que conviene despejar a priori. En primer término, no es lo mismo
analizar las causas del voto en una democracia política (poliarquía)
estable, de larga duración, con alta confianza en las elecciones
como método para proveer los cargos públicos, que en un sistema
naciente, de creación o transición hacia una democracia política. En
segundo lugar, tampoco es igual el voto en un sistema de partidos
estable y sólido, con transformaciones lentas y previsibles, en
procesos largos, que cuando verdaderamente no hay un sistema de
partidos, o cuando el mismo es muy reciente o cambiante. En tercer
término, tampoco es lo mismo cuando los partidos son sólidos y
existe una relación fuerte entre ellos y los ciudadanos, que cuando
los partidos son débiles o meras máquinas electorales, y los
verdaderos referentes son los candidatos. Tomando en cuenta las tres
cosas, Uruguay es un extremo, como lo es el Reino Unido, de
poliarquía estable y de larga duración, sistema de partidos sólido y
previsible, y fuerte adscripción partidaria de los ciudadanos. En el
otro extremo pueden situarse países como Argentina (con partidos en
fuertes subas y bajas), Brasil (con un sistema de partidos que
tiende a la estabilidad pero muy reciente), México (que inaugura una
democracia política confiable) o Ecuador (virtualmente sin sistema
de partidos).
Además, en un sistema electoral y de partidos de la complejidad del
uruguayo, más que de la decisión de voto hay que hablar de las
decisiones de voto. Porque existe un primer nivel de decisión que es
el voto por un lema o partido político, que desde 1999 en el caso de
las elecciones nacionales supone simultáneamente una decisión por la
fórmula presidencial. Aparece un segundo nivel de decisión que es la
opción al interior de los lemas, la opción de nivel parlamentario
que puede ser un solo nivel, dos o tres, según se considere que es
una sola opción triple, dos opciones (una doble y una simple) o tres
opciones separadas; porque el elector escoge un sublema a la Cámara
de Senadores, una lista senatorial y una lista a la Cámara de
Representantes. Como la canasta le viene dada a través de hojas de
votación rígidas, lo normal es que predomine la opción única y
triple. En consecuencia, predomina en Uruguay, en elecciones
nacionales, una primera decisión por partido o partido-candidato
presidencial y una segunda decisión triple por sublema
senatorial-lista sentorial-lista a Diputados, expresada en la
selección de la hoja de votación distinguida por un número. En
síntesis, la gente escoge un partido y un número (lo que vulgar y
erróneamente se le llama número de lista).
En las últimas décadas se han encarado en el mundo muchos estudios y
proyectos en busca de determinar las causas que determinan el voto.
Pueden considerarse tres ángulos de abordaje del tema: el
sociológico, el sicológico y el de mercado. El ángulo sociológico es
el que más ha avanzado y buscado establecer relaciones entre el
individuo y su entorno social que expliquen el por qué se toma
determinada decisión al escoger el voto. Entre éstas la pertenencia
a un nivel socioeconómico determinado; la adquisición de determinado
nivel de instrucción formal; los valores en relación a nacionalidad,
religión, competitividad, solidaridad; los vínculos familiares y
sociales (incluidos los de trabajo y estudio); las influencias
recibidas de compañeros, profesores y jefes; el nivel de
urbanización de residencia (especialmente durante el periodo
formativo). El ángulo sicológico, de mucho menor investigación,
apunta a establecer los elementos afectivos que relacionan a una
persona con un agente político determinado, sea una organización
(partido, grupo), sea un liderazgo. Se trata de correlacionar qué
tipos de personalidades predominan en la adhesión a determinadas
organizaciones u optan por determinados líderes. El ángulo de
mercado va más a los elementos comunes que puede presentar el
mercado electoral con cualquier otro tipo de mercado, a partir de la
consideración que el voto es en lo electoral lo que la compra lo es
en el mercado de bienes y servicios; y también considerar que el
agente electoral (partido, candidato) es un bien como cualquier otro
en el mercado. De donde, concluyen, las reglas de posicionamiento no
difieren de las reglas de posicionamiento de cualquier producto,
atendiendo a la especificidad del tipo de mercado y de tipo de
producto. En el avance de investigaciones sociológicas se encuentra
en proceso el Comparative National Elections Project, bajo la
dirección de los catedráticos Richard Gunther (norteamericano) y
José Ramón Montero (español), y en la parte uruguaya por este
analista
El ángulo sociológico y el sicológico tienen en común el compartir
que los individuos se relacionan con los partidos políticos a lo
largo de toda la vida. Esa relación puede ser de proclividad,
rechazo o indiferencia, y se da aún entre las personas de menor
nivel de politización. La opción positiva, la duda afirmativa, la
opción negativa o la duda negativa hacia una organización política
surgen pues como un elemento estructural y no como una acción
puntual de campaña electoral. Lo mismo cabe decir de los líderes o
candidatos, con la diferencia que lo normal es que sean valorados no
a lo largo de toda la vida del ciudadano, sino de toda la vida
pública de alta exposición del dirigente político. Desde esta
concepción, la campaña electoral y el mercado tienen esencialmente
la función de actuar sobre el segmento de público dudoso (es decir
el que tiene proclividad determinado partidos o hacia candidatos,
pero de forma ambivalente o no firme) y el segmento de público sin
orientación partidaria, el verdaderamente indefinido. Sin embargo,
aún en estos segmentos son muy fuertes los elementos estructurales:
muy raramente un elector está en situación de optar por todos los
partidos y todos los candidatos con igules probabilidades.
Desde esta concepción, el proceso de decisión de voto sobre al menos
cinco de cada seis individuos se da en largos periodos. Lo que hace
campaña electoral es cristalizar simpatías y antipatías, atracciones
y rechazos. Por eso las líneas de larga duración son muy
importantes. La campaña electoral opera entonces sobre un pequeño
segmento del electorado (a lo sumo la sexta parte) y tiene valor en
cuanto los segmentos estructurales por sí solo no sean definitorios. |