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Todo
indica que el próximo domingo habrá un cambio histórico en el país,
ya que un tercer partido que en esencia es el Frente Amplio
alcanzará como mínimo la mayoría en la Cámara de Representantes y,
ahora o el 28 de noviembre, la Presidencia de la República. La
lectura de la encuesta menos favorable al EP-FA arroja ese
resultado. Que el cambio sea histórico no quiere decir ninguna otra
cosa, ni que resulte bueno ni que resulte malo, porque en principio
habrá una mayoría que lo verá positivo, para otros será negativo y
otros distintos se aprestan a observar y esperar. Lo que es claro es
que el sistema político va a ser diferente (en esa diferencia
también contribuye el profundo cambio interno en el Partido
Nacional).
Un cambio histórico en un país gradualista y previsible, es
normalmente producto no de un ramalazo de opinión sino de largos
procesos históricos. Hasta hace casi cuatro décadas, los partidos
tradicionales en conjunto representaron las nueve décimas del
electorado. Para ser exactos, en 1966 obtuvieron el 88% sobre el
total de votantes. Desde entonces en todas las elecciones habidas,
sin una sola excepción, su porcentaje fue menor al anterior.
Inclusive en el brevísimo lapso que va del 31 de octubre de 1999 al
siguiente 28 de noviembre (en que cayeron un punto). La serie que se
inicia con el 88% (1966), sigue con un 79% (1971), 75% (1984), 68%
(1994), 54% (1999, octubre) y 53% (1999, noviembre). Ahora según las
diferentes estimaciones podrían estar entre un 44 y un 48% del total
de votantes. El recorrido de la izquierda es naturalmente el
inverso. La curva se construye en este análisis mediante la suma
inicial de los tres partidos fundadores del Frente Amplio con
expresión electoral propia en 1966 (Comunista, Demócrata Cristiano y
Socialista), sigue con el Frente Amplio, continúa con el Encuentro
Progresis- ta-Frente, a ambos se le adicionan en sus respectivos
momentos al viejo Nuevo Espacio y al siguiente Partido del Nuevo
Espacio, y hoy se toma la confluencia de todo ello en el Encuentro
Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. Este conjunto partió del
10% (1966), para seguir con el 18% (1971), 23% (1984), 30% (1989),
35% (1994), 44% (1999, octubre) y 45% (1999, noviembre). Ahora las
encuestas marcan que oscilará entre un piso del 50% y quizás un
techo del 54-55%. Varios estudios académicos realizados a posterior
de las pasadas elecciones nacionales sugerían que la izquierda, por
la mera línea histórica, con independencia de éxitos o fracasos del
gobierno, estaría en el entorno del 52-53%. A estos efectos no
importan puntos más o puntos menos; no es un análisis de encuestas
ni aún de la exactitud o congruencia de las estudios académicos de
regresión de datos, sino la búsqueda de una perspectiva histórica,
con una gran conclu- sión: más allá de los hechos puntuales de una
campaña electoral (que impactan), más allá de los aciertos o
desaciertos de este gobierno, hay una línea de larga duración de
caída de los partidos tradicionales y crecimiento del bloque
político que aquí se llama izquierda.
Este proceso histórico casi lineal, ha atravesado inmutable años de
vacas gordas y años de vacas flacas, periodo militar, gobiernos
fuertes de tinte personalista autoritario, y gobiernos de coalición
o entendimiento nacional, presidentes colorados, blancos, civiles no
elegidos, militares no elegidos y militares elegidos. En el
liderazgo de los partidos tradicionales han estado Aguerrondo,
Aguirre Ramírez, Batalla, Batlle, Bordaberry, Echegoyen, Ferreira
Aldunate, Gallinal Heber, Gestido, Heber Usher, Lacalle, Pacheco,
Pereyra, Ramírez, Sanguinetti, Tarigo, Volonté. Es pues un conjunto
variopinto de liderazgos de diferente tipo, concepción de país y
valores sobre el mundo, la sociedad, el hombre y la religión. Del
otro lado Arana, Arismendi, Astori, Batalla, Cardoso, Erro, Gargano,
Lescano, Mujica, Michelini (Rafael), Michelini (Zelmar), Roballo,
Rodríguez (Héctor), Rodríguez Camusso, Seregni, Terra, Vázquez.
Igual de variopinto el conjunto, en trayectorias, estilos y
concepciones. Lo único en común dentro de caja conjunto y de ambas
conjuntos en forma global, es la inexorable caída de los partidos
tradicionales y el inexorable crecimiento de lo que se denomina
izquierda. Las explicaciones, entonces, hay que buscarlas más allá
de hechos coyunturales, de procesos económicos y aún de efecto de
las personalidades.
No es fácil encontrar esas explicaciones profundas. Lo que más que
puede hacerse es tentar algunas hipótesis, insuficientes e
imperfectas, para lo que exige una investigación profunda. En
principio se toman tres, que no nece- sariamente son las más
importantes, ni únicas, ni quizás sea el orden correcto:
Una. Se fue agotando un estilo de hacer político y una tipología de
conformación de los elencos políticos; estilo y elencos que
produjeron una asintonía entre las elites políticas y el grueso de
la sociedad.
Dos. A partir de los años ochenta los partidos tradicionales
comienzan a impulsar procesos de cambio en la estructura del país,
más tímidos o más audaces, según el periodo y el gobierno: reducción
del Estado, privatizaciones o tercerizaciones, apertura de la
economía, transformación de la estructura productiva del país. Estos
cambios impactaron de distinta manera pero dejaron en un segmento
cuantitativamente importante la idea de abandono del papel protector
paternal del Estado y a la vez de surgimiento de una sociedad más
competitiva, competitividad vista como una valoración negativa.
Esta segunda hipótesis viene a discutir el uso de la palabra
izquierda. Si lo que crece se la ve como una izquierda en la
perspectiva de la izquierda latinoa- mericana, no parece ser el
talante abrumadoramente mayoritario de sus votantes. Si por
izquierda se entiende el retorno a un fuerte welfare state, al
modelo de estado protector típico de las socialdemocracias europeas
(y que Uruguay fue adelantado en el tiempo respecto a Europa), cabe
la denominación de izquierda. Quizás desde el punto de vista
conceptual lo más fuerte de este proceso es la identificación de una
propuesta política con un imaginario de sociedad considerado
exitoso: para la gran mayoría de los uruguayos la utopía está en el
pasado, por los años cincuenta, en torno a Maracaná. Entonces,
Maracaná en lo que implica de profundo (welfare state incluido) y
propuesta de cambios de elencos y estilos, pueden ser quizás algunas
explicaciones tentativas (parciales e insuficientes) para este
fenómeno de larga duración. |