|

Para bien o para mal siempre es conveniente mirarse en espejos
ajenos. Uruguay es un país cuya cultura, y en particular su cultura
política, recoge una muy fuerte influencia italiana, como que por
las venas de más de 4 de cada 10 uruguayos corre en todo o en parte
sangre itálica. Italia acaba de tener unas trascendentes elecciones,
para algunos comparables en importancia a las de 1948, que han
culminado en una formidable polémica. El elemento fundamental de la
controversia es que la conquista del gobierno la viene obteniendo el
centro-izquierda por una diferencia de 25.224 votos en 38.151.407
votos válidos emitidos en la circunscripción central, en la cual
quien gana logra una cómoda mayoría absoluta de los escaños del
total de la cámara baja (340 en 630), la cámara política por
excelencia. Si se añaden más de 1 millón de papeletas anuladas y en
blanco, el total de votantes supera los 39 millones. La diferencia
es pues del 0.066% sobre votos válidos y del 0.064% sobre total de
votantes. En cifras uruguayas es como si la Presidencia se estuviese
definiendo por 1.437 votos. Esta es la magnitud de la diferencia
entre ambos polos.
Pero el tema viene complicado por otros temas más, que devienen
en duras polémicas que siembran la desconfianza y la incomunicación
recíproca, que conviene analizar cada uno en comparación entre lo
que sucede en Italia y lo que es norma en Uruguay:
Uno. La estabilidad del sistema electoral, es decir, de las
reglas de trasformación de los votos en bancas. Uruguay cuenta con
reglas estables y conocidas tanto por los actores políticos para
diseñar su juego como por parte de los electores para calcular y
definir su estrategia de voto; estas reglas fueron establecidas en
1925 y se han mantenido incambiadas con algunas modificaciones de
entidad en la reforma de 1996. En Italia, luego de una larga
estabilidad del sistema electoral por más de 40 años, viene una
modificación radical del sistema en 1993 y luego otra variación no
menos radical en diciembre del año pasado, a tres meses de las
elecciones políticas nacionales.
Dos. La congruencia del sistema. Los sistemas electorales pueden
responder a los más diversos principios e ingenierías, a gusto y en
función de las ideas y valores de cada cual; pero sustancialmente
deben guardar una fuerte consistencia interna, una buena lógica y
congruencia. Italia estableció un sistema de cómputo cuasi nacional
para la elección de la preponderante Cámara de Diputados, en un
mecanismo parecido al de las juntas departamentales uruguayas, donde
quien obtiene la mayor cantidad de votos logra per se la mayoría
absoluta de los escaños. En lo que parece ser un error técnico y no
una decisión política, este universo no se compone del total de
votantes, sino que se excluyen a 5 distritos: los 4 de la
circunscripción exterior y los de la región Val d’Aosta (exclusión
de la cual todavía no se ha enterado los valdaostanos). Como se
sabe, en Uruguay las bancas de diputados se distribuyen entre los
lemas (partidos) en base a los votos obtenidos en todo el país, sin
exclusión alguna.
Tres. Incongruencia en la elección del Senado, que se elige por 4
mecanismos diferentes: en 17 distritos por un mecanismo proporcional
de base regional, 3 distritos binominales, 8 distritos uninominales
y 1 banca complementaria a las 6 binominales del Trentino-Alto Adige,
como compensación a la minoría. El resultado final deviene, como
ocurrió, altamente aleatorio y no relacionado ni con el predominio
en votos ni con el predominio en territorio
Cuatro. La incongruencia en la elección de una y otra cámara. El
cuerpo electoral general lo componen todos los ciudadanos en activo
con 18 y más años de edad, pero el electorado para el Senado lo
componen solo los que computan 25 años en adelante. Y como está
generalizado en el mundo (y no aquí) se vota por separado para cada
cámara. La conclusión nada inesperada es que para el Senado hay más
votos hacia la derecha que en la cámara baja; mientras en ésta hubo
paridad, en el Senado hay una clara diferencia a favor del
centro-derecha. En Uruguay la congruencia viene dada por el mismo
universo, el mismo sistema (adjudicación proporcional de base
nacional) y el voto vinculado para ambas cámaras.
Quinto. En Uruguay las reglas electorales, sean de base legal o
constitucional, solo pueden modificarse con el voto de los dos
tercios del total de componentes de cada cámara. En Italia (como en
(Francia) se pueden modificar y se modifican al compás de las
mayorías (de apenas algo más de la mitad), contra la voluntad de ese
apenas algo menos de la mitad, lo que arroja una alta inestabilidad
y contribuye a la desconfianza entre los competidores.
Sexto. El procedimiento de emisión del voto en Uruguay supone
necesariamente su verificación posterior por un organismo de alzada,
por encima de las mesas receptoras de votos, y el recuento de votos
toda vez que algún actor electoral lo considere del caso. La
verificación de cada acta y el recuento es algo absolutamente normal
y parte de los procedimientos ordinarios. El resultado final, que
tarda unos días, es producto de cumplir todas las verificaciones y
recuentos, y de dirimir todos los recursos. En Italia, el pedido de
Berlusconi de contar los votos ha sido visto por sus oponentes como
una chicana jurídica inaceptable, y además el primer ministro se
encargó de ensuciar la cancha al hacer el pedido bajo la acusación
de embrollo.
Para seguir mirándose al espejo y rescatar las diferencias, en
Europa se sigue sin entender que las encuestas de boca de urna son
fiables exclusivamente para marcar una tendencia y un escenario
grueso, pero no para anunciar resultados, cosa que en Uruguay se
aprendió y bien hace tiempo. Pero aquí la proyección de votos o de
escrutinio se ha revelado como un instrumento de altísima
eficiencia, a pesar de resultados tan apretados como la victoria de
Vázquez en primera vuelta: los actores políticos han operado en base
a las proyecciones de escrutinio, sin esperar los resultados
oficiales, en abril, octubre y noviembre de 1999, en mayo de 2000,
en diciembre de 2003, en junio y octubre de 2004, y en mayo de 2005.
La elección de Vázquez como presidente de la República fue anunciada
por Factum a 1 hora y 34 minutos de cerradas las primeras urnas, y a
los 34 minutos de clausuradas las últimas urnas. En Italia, a 3
horas del cierre de la votación, no había proyecciones
significativas
Este ejercicio comparativo vale para que el país vea sus logros
en un área en que ha desarrollado alta estabilidad, confiabilidad y
aceptabilidad de reglas, procedimientos y tecnología.
|