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El gobierno está en un tembladeral interno, quizás por culpa de
Kirchner: no mantuvo la confrontación binacional en un nivel
suficientemente alto de decibeles. Ahora, sin esa causa unificante,
afloran los problemas internos con intensidad, desde las acusaciones
por violaciones a derechos humanos durante la dictadura hasta
diversos planos de la política económica. En niveles militantes y de
opinión pública frenteamplista se advierte un crecimiento de la
disconformidad con la política económica, especialmente en seis
campos: salarios, desocupación, gasto público, inversiones, Tratado
de Libre Comercio con los Estados Unidos de América y endeudamiento
agropecuario.
El
estilo Vázquez ayuda a ese tembladeral. Por un lado es un hombre muy
autoritario, pero selectivamente autoritario: impone su decisión, en
forma indiscutible e inapelable, pero solo en los terrenos o en los
momentos que él mismo elige. Y cuando no impone su autoridad, delega
en forma casi absoluta: deja en manos de quien corresponda el
decidir la política, establecer su aterrizaje y llevar adelante su
ejecución. Como el gobierno no se compone de compartimientos
estancos, tarde o temprano aparecen las fricciones, porque hay temas
que superponen varios dicasterios. Pero además como todo gobierno es
un gobierno político, y más allá de la autoridad delegada en cada
ministro, cada una de las fuerzas en particular que componen el
gobierno, y el conjunto de fuerzas expresadas en el partido
oficialista y en su estructura, el todo y cada uno de ellos van a
juzgar y procurar incidir sobre las decisiones del gobierno.
Así
pues, ese gobierno de apariencia presidencial y autoritaria,
funciona en la mayoría de los casos o como un gobierno dividido y
compartimentado, o como un gobierno colegiado. Pero lo primero
requiere de órganos y procedimientos que permitan estar por encima
de la compartimentación, y lo segundo exige ámbitos y procedimientos
claros de debate y toma de decisiones. Muchas veces se ha señalado
la gran carencia de la izquierda en este aspecto, la existencia de
muchas estructuras orgánicas y la ausencia de algún órgano o
conjunto de órgano absolutamente legitimado por todos para dirimir
el disenso. Muchas cosas contribuyen a agravar el problema: el
estilo presidencial, el estilo de varios ministros, la fuertemente
diferenciada correlación política entre las bancadas parlamentarias,
el gabinete y la estructura frenteamplista. A lo que hay que sumar
la carencia de figuras cuyo rol sustancial sea el de zurcidor, el de
permanente buscador de acuerdos y gestor de buenos oficios. Este
papel lo ha cumplido Mujica desde la primavera pasada hasta el mismo
momento en que él mismo pasó a ser parte del problema, de donde ya
no puede ser parte de la mediación. Y también conspira la decisión
adaptada por el oficialismo al designar los directores de los entes
autónomos, donde salvo pocas excepciones apeló a figuras técnicas y
no políticas; precisamente en esta crisis se ven los efectos del
predominio de visiones tecnocráticas sobre visiones políticas.
Cabe
advertir, como se ha advertido muchas veces, que contra la visión
simplificada este no es un gobierno bipolar, con dos grandes bloques
y un presidente arbitral. Es un gobierno en el que conviven siete
corrientes políticas, cinco de las cuales están representadas en el
gabinete por su máxima figura política. Esas siete corrientes se
agrupan y reagrupan en función de los campos y de los temas; no hay
alianzas sólidas válidas para todos los campos y todos los momentos.
Es necesario repasar el peso cuantitativo de cada corriente:
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Gabinete |
Senado |
Diputados |
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Espacio 609 |
2 |
5 |
20 |
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Espacio 90 |
4* |
2 |
11 |
|
Frente 2121 |
1 |
3 |
8 |
|
Vertiente
Artiguista |
2** |
2 |
4 |
|
Nuevo Espacio |
0 |
1 |
4 |
|
Alianza
Progresista |
3*** |
2*** |
3 |
|
Democracia
Avanzada |
1 |
1 |
1 |
|
Independientes |
2**** |
1 |
1 |
|
No
frenteamplistas |
1 |
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|
* Incluye al
secretario de la Presidencia
** Incluye al director de OPP
¨*** Incluye al Vicepresidente de la República en el gabinete y en
el Senado
**** Incluye a Ma. Julia Muñoz, que puede considerarse de la
Vertiente o independiente
Nota: Debe advertirse que hay figuras como la ministra de Defensa y
el secretario de la Presidencia que. más allá de su filiación
sectorial, esencialmente responden al presidente de la República
En lo que al campo económico corresponde, las siete corrientes
aparecen más bien agrupadas en tres tendencias no del todo
definidas: Una, en apoyo a la política económica, expresada por
Astori, Lepra, Nin Novoa (y seguramente Lescano, en tanto el
presidente del Banco Central es de su sector) y desde el Senado por
Michelini (a cuyo sector pertenece el jefe de la Asesoría
Macroeconómica). Dos, una fuerte lejanía de largo tiempo
representada por Gargano, Arismendi y posiblemente Díaz. Y una línea
seguida por Mujica y Bonomi de entendimiento con Astori desde
setiembre, alianza que en este momento cruje y hace cambiar la
correlación de fuerzas. Pero además debe prestarse atención a los
mensajes sutiles que emite el líder de la Vertiente Artiguista, el
senador Enrique Rubio, en cuanto toma distancias de la conducción
económica.
Para
el presidente de la República es crucial cómo se dirime este
diferendo. Lo más claro es lo que tiene que evitar, que en una
apretada síntesis y a riesgo de dejar cosas por el camino, son:
Uno. Que se monolitice el gabinete, con lo cual el presidente puede
perder su rol arbitral y de decisor en última instancia
Dos. Que se resquebraje el gabinete al extremo de fracturar el
gobierno, la mayoría parlamentaria y la apoyatura social al gobierno
Tres. Que arbitre a favor de una sola de las líneas, en
contraposición a las demás, y lo exponga a ser el destinatario
directo de las insatisfacciones con la conducción económica o el
responsable de un fuerte giro en la política económica
Cuatro, Que alguien (persona o sector) se fortalezca demasiado y que
otros (personas o sectores) se debiliten en extremo, al punto de
romper los equilibrios en el oficialismo
Por
otro lado, el presidente afronta el problema del juego de imposición
de posturas por vía de amenazas de renuncia. Esta es la tercera vez
que afronta claramente una amenaza de renuncia (las dos anteriores
fueron de Astori, una explícita y otra implícita). Pero además tiene
un anuncio de dimisión de Gargano en relación al TLC con Estados
Unidos. Este, el juego de las renuncias, es un juego que el
presidente debe acotar, porque mella la autoridad presidencial. Y
acotarlo puede impedirle evitar alguna de las cuatro cosas que debe
evitar.
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