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El lenguaje implica que quien emite un mensaje y quien lo recibe
apliquen los mismos códigos, lo cual no siempre ocurre. La renta y
el impuesto a la renta es un tema en que la palabra quiere decir
muchas cosas diferentes. Para un economista renta, especialmente
cuando se habla del impuesto a la renta, es el ingreso (en sentido
genérico) de una persona, hogar o empresa o el ingreso neto de esa
persona, hogar o empresa, lo que ya es una de las discusiones a
propósito del proyecto de reforma impositiva impulsado por este
gobierno. Pero renta quiere decir otras cosas diferentes. Una de
ellas es “aquello que paga en dinero o en frutos un arrendatario”,
de donde un impuesto a la renta es exclusivamente un impuesto a los
arrendamientos. Otra cosa es cuando renta quiere decir “caudal o
aumento de la riqueza de una persona”, que se emparenta con otro
concepto de renta: “Aprovechar algo que se ha conseguido
anteriormente, sin hacer ningún esfuerzo por renovarlo”
Cuando los economistas hablan de impuesto a la renta, refieren a
gravar el ingreso, frente a otras formas de gravámenes como a lo que
se consume o a lo que se tiene. Pero cuando alguien hace campaña
electoral, en forma fuerte y hostil hacia el sistema impositivo
vigente, y proclama la necesidad de un impuesto a la renta ¿qué es
lo que entiende la gente? ¿Entiende que es sustituir el gravamen al
consumo (IVA, Cofis, Imesi, por ejemplo) por gravámenes a los
ingresos?
De estudios realizados surge la prevalencia en la sociedad de dos
imaginarios, que en el caso de la reforma impositiva se
interrelacionan. Uno es que en Uruguay hay un conjunto de personas,
quizás no muchas, cuyo nivel de patrimonio y nivel de ingresos les
permite por sí solas pagar y acrecentar el presupuesto nacional; se
trata de una oligarquía pequeña que absorbe la plusvalía del país
todo. Dos, que los impuestos los deben pagar: a) quienes viven de
recursos sin hacer esfuerzos por trabajar (“viven de renta”), es
decir, obtienen sus ingresos de rentas de inversión de capital; b)
quienes obtienen altos ingresos de la especulación o la
intermediación, concebida ésta como una actividad parasitaria y no
productiva; y c) quienes tienen un nivel de ingresos extraordinario
y desproporcionado para el trabajo personal de un individuo (“altas
rentas”), lo que se asemeja o a especulación o a un lucro desmedido
y parasitario. Esta concepción de la renta tiene otras derivaciones
en otros temas, como cuál es la concepción prevalente en la sociedad
respecto al concepto de trabajo, al valor de la actividad
empresaria, al valor de la actividad comercial, a si debe o no haber
diferencia entre los ingresos según la capacidad, capacitación,
esfuerzo o inventiva de cada quien.
El Frente Amplio hizo durante varias elecciones intensa campaña
en pos de una reforma tributaria basada en el impuesto a la renta.
El mensaje recibido por la gente fue: uno, hoy pagamos impuestos por
los sueldos y jubilaciones que cobramos, y por las cosas que
consumimos; dos, eso se va a dejar de pagar; tres, en lugar de
nuestros recursos, el Estado se va a financiar con recursos de los
otros, de esa oligarquía que tiene mucho dinero, gana además mucho y
lo hace como efecto de usar el capital y el trabajo ajeno, es decir,
de aprovechar la plusvalía.
Hubo dirigentes frenteamplistas que advirtieron del peligro de la
brecha existente entre la intención real del Frente Amplio y la
visión que la idea generó en la gente. Esa advertencia no fue tenida
en cuenta y el primer empantanamiento se ocurrió cuando el balotaje
de 1999, en que la candidatura Batlle logró arrinconar a la
candidatura Vázquez con el impuesto a la renta, en base a un
proyecto que llegaba a mucha menos gente que el de hoy (ya que la
franja mínima se aplicaba a hogares que en términos de hoy rondarían
en los 15 mil presos de ingreso mínimo); allí la gente se sorprendió
al ver que el impuesto no se aplicaba a la renta (en el sentido
definido antes) sino a los ingresos producto del trabajo presente
(salarios) o anterior (pasividades). La lección que sacó la
dirigencia de izquierda fue que el error estuvo en presentar cifras
concretas, y así manejó en toda esta última campaña electoral el
tema en forma vaga e indefinida. Pero si fue neutral en la campaña
pasada ya no lo es en la gestión de gobierno, porque ahora no se
trata de ideas sino de concreciones, y el impuesto si se aprueba más
o menos como viene (y las modificaciones serán menores), el año que
viene una masa importante que creyó beneficiarse de la exoneración
de impuestos a los salarios, las pasividades y el consumo, verá
mantener o incrementar sus gravámenes; y por encima de todo no verá
aparecer esos ríos de dinero provenientes de esa oligarquía que
concentra todas las riquezas y casi todos los ingresos del país; o
más sencillamente, empezará a dudar del tamaño, riquezas e ingresos
de esa oligarquía.
Hasta ahora al interior del Frente Amplio la discusión se ha
centrado en dónde poner el mínimo no imponible o en aumentar las
rentas de capital. Pero no ha habido de nadie un discurso que vaya
directo a explicar a la gente la gran discrepancia entre esta
reforma tributaria y el imaginario que se generó en la gente, en la
gran mayoría de los uruguayos y en particular en la abrumadora
mayoría de los votantes de la izquierda y de Tabaré Vázquez.
Este es un gran dilema para este gobierno, porque la reacción que
la población tenga a la nueva tributación sobre la renta podrá
afectar y bastante la confiabilidad en el presidente, en el gobierno
y en el Frente Amplio. Y sin un discurso que pretenda salvar la
brecha entre la realidad y el imaginario, es muy difícil que la
reforma sea aceptada con comodidad.
Aclaración. El domingo
anterior se deslizó un error. Se dijo que por el régimen de cuota
con los resultados de la última elección ingresarían al Senado 7
mujeres en 5 listas, y al detallar por partido se aplicó 1 banca en
1 lista del Partido Colorado. En realidad en el Partido Colorado no
saldría electa en función de la cuota ninguna mujer, pues no hubo
ninguna lista que obtuviese 3 bancas. En consecuencia, en función de
una cuota de candidaturas de 1 mujer cada 3 candidatos, al Senado
hubiesen ingresado con los resultados de las pasadas elecciones 6
mujeres en 4 listas.
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