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Hace un cuarto de siglo la población de Fray Bentos salió a la calle
a presenciar la llegada de potentados saudíes, quienes en sus
camellos imaginarios portaban alforjas repletas de monedas de oro
para rescatar el Frigorífico Anglo, arruinado por los infieles.
Muchas madres vistieron a sus hijos con el clásico atuendo del
desierto, cual Lawrence de Arabia del lejano sur. No solo los
camellos eran imaginarios, sino también las alforjas, las monedas de
oro, los billetes de dólar y el rescate del Anglo. La ciudad del
Litoral, la que un siglo atrás vivía las glorias de las
exportaciones de carne, con su barrio inglés y su campo de golf,
sufría entonces una más de las desilusiones. Antes habían desfilado
unos cuantos especuladores con sus maletas llenas de falsas
ilusiones.
Así, en un pueblo moribundo, empobrecido y desencantado, las
autoridades de Ence en Uruguay, de origen uruguayo, desplegaron una
estrategia cautelosa con el fin de no despertar falsas esperanzas.
Siempre dijeron que la empresa española Ence, asociada con Eufores,
estudiaba la instalación de una planta de celulosa, pero no sabía si
la iba a instalar o no. La cautela terminó cuando se pasó a la
audiencia pública para la concesión del permiso ambiental en un club
de pleno centro de Fray Bentos, más a los pocos meses la
inauguración del puerto de M’Bopicuá con cintas cortadas por el
presidente de la República Oriental del Uruguay, el presidente de la
Xunta de la Comunidad Autónoma de Galicia y el presidente de Ence, a
su vez presidente de la Caixa de Galicia, a su vez dependiente del
gobierno gallego. Para completar el panorama, el gobierno Batlle
adjudica a la empresa española el permiso para construir en
M’Bopicuá una zona franca. Para cualquier entendedor las señales y
el compromiso de ambas partes era absolutamente claro. Por otro lado
Ence desplegó en Uruguay, su autoridad uruguaya en el país, una
estrategia hacia la totalidad del sistema político, hacia el
sindicalismo y hacia la sociedad, con apoyo a escuelas, barrios,
emprendimientos sociales, con una reserva de fauna y flora abierta
al público. Del lado uruguayo no hubo franquicia, exención o
subsidio posible que el grupo español dejase de recibir.
Cuando Argentina arreció con su actitud de bloqueo, el gobierno
uruguayo - con todo el país detrás – jugó por un lado en buscar
entendimientos y por otro en plantarse firme, soportar el corte de
los puentes, sufrir pérdidas millonarias en la actividad turística,
litigar y ganar en la Corte Internacional de Justicia, litigar y
ganar (aunque apenas) en el Tribunal Arbitral del Mercosur y
aprestarse al litigio de fondo en La Haya. Lo que Uruguay no previó
fue que el compromiso del país, la seriedad exhibida y mantenida con
el cambio político más grande de los últimos tiempos, no tuviese
correlato del lado español: ni de la empresa, ni del gobierno de
España, ni del gobierno de Galicia (cuyo presidente socialista llegó
al cargo por un escaso margen de votos aportados desde el Río de la
Plata, con el generoso apoyo del presidente Vázquez, el Frente
Amplio y el Partido Socialista del Uruguay)
La empresa no siempre actuó con tino ni entendió del todo al país,
no aprovechó una buena disposición del sindicalismo y se alejó del
PIT-CNT, y además exhibió una arrogancia imperial como si fuesen los
salvadores tras la crisis del 2002. Ya con la anterior dirección
comenzaron a verse signos de descomposición, que se aceleraron
cuanto el gobierno de Galicia y la Caixa de Galicia abandonan el
control y pasa a manos de inversionistas especuladores, algunos de
ellos con fuertes y endebles inversiones en Argentina.
Como es obvio, Ence no se va de Fray Bentos sino de Uruguay, porque
construir una planta en otro lugar es un nuevo proyecto, una nueva
zona franca, un nuevo estudio de impacto sobre otro ambiente
distinto, un nuevo permiso industrial, un nuevo permiso municipal.
Celulosas de M’Bopicuá cerró, y con ella la necesidad de un puerto y
de una chipeadora ambos al lado de la planta., Podrá haber otro
proyecto, diferente, con mayor o menor posibilidad o seriedad. Pero
será uno más de los posibles proyectos, de los que se concretan y de
los que nunca aterrizan. Y se va por razones diferentes a las
argumentadas, por algo hace unas semanas la empresas española
devolvió un préstamo que le permitía financiar casi los dos tercios
del emprendimiento.
Tres elementos jugaron en contra de Uruguay. Uno, que el gobierno
argentino juega fuerte y más allá de las reglas como lo demostró en
el no pago de la deuda a los inversionistas familiares italianos; y
que además Kirchner no acepta una derrota ni jugando al truco por
garbanzos, por lo que no iba a permitir que el pequeño Uruguay lo
venciese. Dos, que para España son más importantes las inversiones
en Argentina, con Repsol-YPF y Telefónica a la cabeza, y para ello
está dispuesta a cortarse sola a contrapelo de toda la Unión
Europea. Tres, que los controladores de ENCE son altamente
vulnerables a los enojos de Kirchner. Muchas hipótesis se manejaron
sobre la forma de finalización del conflicto, menos que Uruguay
fuese abandonado por sus defendidos, a favor de quienes el país
gastó y perdió ingentes recursos.
Y esto trae tres grandes consecuencia. En primer lugar robustece el
pensamiento desconfiando sobre las inversiones extranjeras,
pensamiento extendido y con fuerza en la sociedad uruguaya; la
desconfianza se redujo cuando comenzó a diferenciarse entre
inversión financiera golondrina e inversión industrial de radicación
y ahora encuentra que los proyectos de inversión de radicación
pueden ser tan golondrina y dañosos como los financieros. En segundo
lugar también robustece el descreimiento en el Mercosur, porque no
hay integración regional sin buena fe de los socios y la bona fide
es lo que más falta en la zona. En tercer lugar, aleja más a los
uruguayos de España, que hoy se sienten no correspondidos por ella,
con lazos ya debilitados por el constante incumplimiento español del
Tratado de 1870 que permite la libre circulación y radicación de
personas entre ambos países.
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