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Como dijo el cantautor Jaime Roos, Uruguay está en un suburbio
del mundo lejos de cualquier avenida. A lo que cabe agregar que
además hoy está arrinconado contra el Océano por la animadversión o
el desafecto de sus dos vecinos grandotes. El desamor llega
inclusive a Venezuela, el novel amor de este gobierno y flamante
socio del Mercosur.
El que esta Cumbre Iberoamericana haya registrado las mayores
ausencias en sus dieciséis ediciones, sugiere algún problema para
alguien o para más de uno: el declive del poder de convocatoria de
España, o de su corona o de su nuevo gobierno (como cree la
oposición española); la falta de convocatoria de Uruguay como país o
de este gobierno en particular; o las crecientes dificultades de
posicionamiento internacional de la República Oriental. Si la falta
de convocatoria es del país o hay graves dificultades de
posicionamiento externo, no necesariamente implica que las fallas
sean únicamente ni primordialmente del país o de su gobierno.
Si se analiza el estado de las relaciones con los 11 países más
importantes para Uruguay (importantes por su relación histórica,
geopolítica o por la orientación de este gobierno), surge esta
categorización: muy buen nivel con Cuba, Francia, Italia, México y
Paraguay; relación satisfactoria, con Chile, Estados Unidos y
Venezuela; insatisfactoria con Brasil y España; francamente mala con
Argentina. El dato sobresaliente es que las grietas mayores surgen
en relación a su propia comarca, el Mercosur, y a la cúspide de la
iberoamericanidad.
Respecto a los Estados Unidos de América el trato entre ambos
países fue de lo más elevado entre marzo y octubre, periodo en que
el país del norte apostó a un Tratado de Libre Comercio con Uruguay,
y sin duda cayó esa estima cuando Vázquez dijo que no, no a Estados
Unidos y sí al Mercosur. Pero más debe esperarse del enfriamiento de
Washington cuando ve que al no hacia ellos va sucedido de señales de
buscar un vínculo extremadamente estrecho con la Venezuela de
Chávez. Al punto que el Parlamento, por segunda vez en los últimos
70 años, es convocado para la 1 de la madrugada; la vez anterior lo
fue la rama alta, en la sesión histórica previa a su disolución, con
el decreto de golpe de Estado ya firmado por Juan María Bordaberry.
Esta es pues la importancia que el oficialismo ha dado al ingreso de
Venezuela al Mercosur: convocar para la madrugada, votar a tambor
batiente, aprobar antes del amanecer, no solo sin buscar un consenso
nacional, sino caminando por encima de la oposición. Porque el
objetivo era darle a Chávez ese regalo a su arribo a Montevideo,
regalo no correspondido
Lula no vino, por que su salud lo lleva a darse baños de mar en
la playa Ipanema de Salvador, así de grave está. Y trasmitió un
mensaje clarísimo: todo su apoyo para buscar una mediación entre
Argentina y Uruguay; ni una palabra sobre la aplicación de los
tratados y acuerdos del Mercosur, sobre el cumplimiento de las
decisiones arbitrales. Kirchner llegó a vetar a Uruguay para el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y permite se haya levantado
un muro para el bloqueo del puente principal, y tolera se bloquee el
segundo puente.
El Mercosur no funciona. Brasil acentúa los mensajes sobre su
incapacidad de liderazgo. Hace años que demuestra estar encerrado en
sí mismo, no dispuesto a dar la más mínima concesión, indispuesto a
pagar el costo que supone todo liderazgo. Pretende el liderazgo
regional y el reconocimiento de potencial mundial, sin demostrar
efectivamente que tiene las cualidades para lo uno y para lo otro.
Entonces, es hora de repensar el posicionamiento del país frente
al mundo. El país está muy aislado, aunque tienes muy buenos y
lejanos amigos, o cercanos y pequeños. Hasta ahora ha convivido una
multiplicidad de centros de decisión de política hacia afuera, y de
mensajes hacia el mundo: del presidente de la República,
vicepresidente, ministros de Relaciones Exteriores, Economía,
Industria, Educación, Salud Pública y Desarrollo Social, secretario
de la Presidencia, del entorno presidencial y hasta del CODICEN (el
Consejo Directivo Central de la Enseñanza Pública), empecinado en
irritar a Italia, no sea cosa que al país le queden amigos
poderosos.
Al evaluar la situación internacional de Uruguay puede caerse en
la autocomplacencia, al ver la actitud generalmente abierta y leal
del país, y las contrapartidas recibidas. También es fácil, es muy
tentador para la oposición, jugar al tirapelotas contra el gobierno.
También es muy sencillo que el gobierno entre en el juego de ajustes
internos de cuenta. Es necesario analizar detenidamente qué se ha
hecho mal, qué se pudo hacer mejor y qué cosas no son culpa de nadie
aquí, sino que obedece a hechos ajenos; y de esos hechos ajenos, es
muy necesario evaluar cuáles son corregibles y cuáles son
incorregibles, con cuáles hay solamente que estudiar cómo convivir
con ellos o cómo resistir sus efectos.
La primer
pregunta es si el gobierno cree que puede continuar manejando en
solitario la política exterior, sin consulta a la oposición ni
búsqueda de consenso nacional. Y además si se siente lo
suficientemente fuerte para ello. Porque no basta tener más de la
mitad de la opinión pública a favor del presidente para tener
fortaleza en el escenario mundial, porque los demás gobernantes ni
leen ni les interesan las encuestas uruguayas. La fortaleza va más
allá de ello. La segunda pregunta es si no ha llegado la hora de
convocar a todos los mejores expertos en las relaciones
internacionales La tercera pregunta va para la oposición: si está
dispuesta realmente a la búsqueda de consensuar con el gobierno, o
es funcional a su juego la confrontación permanente
gobierno-oposición en el específico capítulo de política hacia el
mundo. La cuarta pregunta es si es posible un consenso nacional, o
si la distancia conceptual entre el gobierno y la oposición impide
encontrar puntos de entendimiento. Y la última pregunta es si se
tiene claro, porque no hay discusión conceptual al respecto, que la
política exterior es algo mucho más abarcativo que la política
diplomática y abarca todas las demás facetas de las relaciones con
otros países y con los organismos multilaterales, política económica
y comercio en primer lugar. Y que la búsqueda de un fortalecimiento
del país debe abarcar todos esos aspectos.
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