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Mucho ruido provocó el anuncio gubernamental de asignar al
Ejército la custodia del perímetro exterior del campo donde se
construye la planta de celulosa Botnia. Autoridades y medios de
comunicación argentinos clamaron ante “la militarización de Botnia”.
Más allá de que en muchos casos la exaltación fue funcional a la
búsqueda de culpabilización del Uruguay, en otros casos fue un temor
honestamente sentido. En la decisión gubernamental corresponde
distinguir el fondo de la asunto, del momento de la decisión o de la
comunicación de la misma. Y fundamentalmente, que cada uno
interpreta las cosas en función de cómo las considera naturales.
En Uruguay es habitual ver a las Fuerzas Armadas en general y al
Ejército en particular cumpliendo tareas civiles o de defensa civil:
el despeje de árboles, ramas y malezas después de un gran temporal
(como el del 23 de agosto del año pasado), ayuda en el control de
grandes incendios (particularmente de los incendios forestales),
pintar y arreglar escuelas, liceos, hospitales, mejorar caminos
rurales. Y además el Ejército puede cumplir tareas de colaboración
con la Policía, en zonas declaradas militares, como es el caso de la
custodia perimetral de algunos establecimiento penales. En este caso
la función es policial pero con criterio militar, ya que la labor de
un centinela militar está reglada de manera diferente a la del
centinela policial, y supone que en caso de detectarse presencia de
personas indebidas en terreno prohibido, primero se advierte, luego
se dispara al aire y el tercer paso es el disparo al cuerpo. Pero
independientemente del uniforme verde y de la calidad de “zona
militar” del terreno donde opere, la naturaleza de la función es
estrictamente policial, de vigilancia de un perímetro determinado
para impedir la entrada o salida de personas.
A diferencia de la Armada y de la Fuerza Aérea, el Ejército
uruguayo no cuenta con un cuerpo especializado en funciones
policiales. La Armada cuenta con la Prefectura Nacional Naval
(anteriormente llamada Prefectura General Marítima), cuerpo que
cumple funciones policiales en las riberas del océano, mar, ríos
navegables y lagos navegables. Hay una distancia del borde de la
costa o de las mareas, que marca el límite entre la jurisdicción de
la Policía y la jurisdicción de la Prefectura. Es habitual ver – los
turistas argentinos lo ven todos los años – que el orden y la
seguridad en las playas de todo el país es mantenido por la
Prefectura, y es a quién se le denuncia un robo o extravío; no actúa
la Policía, pues la función policial la cumple este cuerpo de la
Armada. A nadie se le ha ocurrido decir que Uruguay tiene
militarizada las playas.
En Argentina, el Ejército cuenta con un cuerpo especializado en
funciones policiales: la Gendarmería. Y la misma está desplegada en
todo el perímetro de la República. Los tres puentes controversiales
sobre el río Uruguay están custodiados del lado argentino por la
Gendarmería, cuerpo militar del ejército de tierra. Del lado
uruguayo, es la Prefectura Nacional Naval, cuerpo policial de la
Armada. Nadie sostuvo hasta ahora que Argentina hubiese militarizado
su frontera. En cambio, cuando la Prefectura cerró unas horas el
Puente Gral. San Martín para impedir el paso de los manifestantes
–cortadores de puentes, alguna prensa argentina dijo que Uruguay
había desplegado las Fuerzas Armadas sobre el puente.
Lo que es claro es que en Argentina el Ejército en tanto tal, las
Fuerzas Armadas en tanto tales, no sus cuerpos con funciones
policiales, tienen prohibido el participar en actividades internas
del país y no actúan ni en funciones policiales ni de auxilio
policial. Por tanto, el oír que el gobierno uruguayo encarga una
misión de custodia de Botnia al Ejército en tanto tal, no a una
Gendarmería o cuerpo de Carabineros, puede legítima y honestamente
provocar alarma.
Lo que sin duda está fuera de toda lógica es la ofensa demostrada
por algunos gobernantes y medios de comunicación argentinos ante la
hipótesis de ataque a la planta de celulosa. Si cada vez que alguien
toma una medida de seguridad el resto del mundo se ofendiese, no
podría haber los controles que hay en los aeropuertos ni en las
fronteras, ni las medidas de seguridad que abundan en el mundo en
oficinas, comercios y hasta domicilios. El tomar medidas defensivas
no implica necesariamente que se desconfíe de un agresor específico,
y de sospecharse de un agresor específico de una nacionalidad
determinada, ello no tiene por qué involucrar ni al país del
nacional ni a todos los nacionales de ese país. Pero además, lo más
importante, es que una medida como la custodia de una industria en
el territorio de un estado, es decisión exclusiva y excluyente de
ese estado, en uso de su soberanía.
Sin embargo, cuando hay tensión entre dos partes, se aconseja no
dar nunca señales equívocas. Cuando a consecuencia de un acto de uno
el otro se siente inquieto, ello debe ocurrir únicamente cuando uno
deliberadamente busca inquietar, ese es el objetivo, lo cual es
válido en toda operativa política, comercial y hasta social. Lo que
no se puede hacer es inquietar por inadvertencia. Si lo que uno
quiere hacer puede provocar inquietud, entonces primero debe buscar
que las cosas se hagan de modo, en el tiempo, en la forma y con las
previas explicaciones que fuere necesario para evitar equívocos;
para que nadie de buena fe se sienta temeroso. Para ello es
necesario actuar con calma, sin nerviosismo ni precipitaciones, con
la más exacta medición de consecuencias. Hacer lo correcto en el
momento oportuno, decir las cosas que hay que decir en el momento
adecuado. Este es el tercer episodio en menos de dos meses, en el
campo de Defensa Nacional, en que aflora el nerviosismo y se generan
hechos o imágenes inadecuadas, y dos de ellos con aristas
diplomáticas.
También es otro episodio más, de naturaleza estrictamente
interior, que desde Argentina se lo ve o se lo vive como agresivo.
Si el país vecino considera que la contaminación del Riachuelo o del
río Paraná está dentro de su soberanía, aunque las aguas confluyan
en el Río de la Plata, con la misma nitidez tiene que dejar de
preocuparse de hechos que corresposnden estrictamente a la soberanía
de la República Oriental.
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