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En
la persistente y sistemática caída de los partidos tradicionales,
producida a lo largo de cuatro décadas, hay dos tipos de
explicaciones. Unaoque los partidos tradicionales fueron perdiendo
sintonía con los valores, las demandas y los imaginarios de buena
parte de los uruguayos, sintonía que fue paulatina y
persistentemente lograda por la izquierda, en valores, comprensión
de las demandas y estructuración de los imaginarios. El otro tipo
tiene que ver con la forma de hacer política, incluidas en ella las
percepciones de corrupción.
Ambos partidos tradicionales apelaron fuertemente al
clientelismo, primero los colorados, luego los blancos, dentro de
cada partido, primero unos, luego todos. Ese clientelismo fue
funcional y necesario a un estado ineficiente en término de
servicios y suficiente para la provisión masiva de empleos. Hasta
que un día ya no fue necesario en término de servicios, por la
creciente eficiencia de las empresas públicas (hoy suena increíble
que hace tan solo 20 años se apelase a la influencia política para
obtener la instalación de una línea telefónica). Y tampoco fue
posible en término de empleo, dada la saturación del Estado y la
falta de recursos aún para soportar a la plantilla existente. Ya sin
razones que lo sustentasen, con escasos resultados, el clientelismo
siguió como práctica fuerte entre los actores políticos
tradicionales, sobremanera practicado por los de segunda y tercera
línea.
Al clientelismo se agregó una forma de proselitismo agudizada tras
la instauración de las elecciones preliminares con la reforma
constitucional de 1996. La mayoría de los sectores tradicionales
optaron por el camino de que todos los aspirantes a cualquier
candidatura buscasen sus propios apoyos electorales; así, las listas
de candidatos a diputados y a ediles se conformaron en gran medida
en base a los votos contabilizados por cada aspirante en ese acto
electoral de abril de 1999 o junio de 2004. Como fuere, los vecinos
vieron recorrer los pueblos y los barrios a decenas y decenas de
aspirantes a la búsqueda de votos, no para su partido, no para su
candidato presidencial, no para su sector, sino para sí mismo.
“Vóteme a mí y no al otro, aunque sea del mismo partido y sector,
para que yo vaya antes que él en la lista de candidatos a diputado”.
Así quedó disociado el accionar de los mismos partidos y sectores:
de un lado el proselitismo basado en la discusión de imaginarios y
valores, cuyo eje fueron los medios de comunicación, y de otro lado
el proselitismo basado en la búsqueda de votos para candidatos de
segunda y tercera línea. El uno no solo no complementó al otro, sino
que lo erosionó y hasta anuló.
En los partidos tradicionales cuesta entender la diferencia en el
modo de hacer proselitismo de la izquierda y de sí mismos; o la
diferencia en cómo lo percibe la población. La izquierda hace
proselitismo y fuerte. Pero no se ve a alguien – al menos de manera
masiva – recorriendo los barrios con el “vóteme a mí, para que yo
sea edil o diputado”. Lo que hay son decenas y cientos de personas
recorriendo barrios y pueblos en busca del voto para el Frente
Amplio y Tabaré Vázquez, y en segunda opción para un grupo político
nacional más institucionalizado o más personalizado. Aparece para la
gente como una forma más idealista de hacer política. De ahí hay un
paso hacia la simplificación de que los políticos de izquierda se
preocupan por la gente y los políticos tradicionales se preocupan
por sí mismos.
Un partido eficiente en un país en que el clientelismo ha agotado
sus posibilidades, pasa por una estructura moderna, con
diferenciación de roles, un claro trazado de estrategia y un más
claro manejo de las tácticas y las líneas de acción. Para mencionar
algunas carencias tanto del Partido Nacional como del Partido
Colorado, que no constituyen un inventario exhaustivo y ni siquiera
están debidamente balanceadas esas carencias:
-
en materia de transparencia
gubernamental: no hay un debido seguimiento de los actos de
implicancia en que incurren o pudieren incurrir los gobernantes
frenteamplistas; hay acusaciones más como acciones individuales
en busca de protagonismo personal que como ofensiva concertada
de uno u otro partido, de uno u otro sector; no hay un aparato
de búsqueda que ordene y sistematice las contrataciones del
Estado, a qué empresas y a qué personas se contratan, ni cuánto
se gasta
-
en materia de política
económica y social: no hay una debida articulación entre los
grupos políticos tradicionales y las organizaciones sociales más
afectadas o potencialmente más afectables por las políticas de
este gobierno, como las capas medias y medias altas; no hay un
entrelazamiento con los centros comerciales e industriales, ya
fueren del interior o sectoriales, o con las agrupaciones
profesionales; tampoco hay una formación de cuadros para actuar
en el campo social, precisamente en los centros o agrupaciones
cuyos valores e intereses más se aproximan a la de los partidos
tradicionales (y esto es más grave aún en el sector rural,
tradicionalmente afín a ambas colectividades históricas, pero
más aún al Partido Nacional)
Centrar la acción política en la competencia personal no es en sí
mismo bueno ni malo, sino que depende del momento y el lugar. Y
sobre todo depende si la competencia personal es sentida por la
gente como una competencia no solo de aptitudes, sino de proyectos,
de formas de ver el país, de formas de ver la sociedad. En este
momento, una excesiva competencia de candidaturas más que fortaleza
muestra debilidad. Aunque aquí hay una gran diferencia entre ambos
partidos. En el Partido Nacional, más allá de una lista de alrededor
de media docena o más de presidenciables, todas las encuestas
sugieren que se va camino hacia una confrontación de las mismas
características que las de 2004. En cambio, en el coloradismo hay
por un lado tres candidatos al interior del Foro Batllista (uno de
los cuales comienza a apostar a estar por fuera de ambos bloques),
en la Lista 15 su líder menciona cinco nombres para la pre-candidatura
presidencial, y aparecen sectores por un lado y presidenciables por
otro no comprendidos en ninguno de los dos bloques; la arquitectura
presente del Partido Colorado no asegura eficiencia y mucho menos la
imagen de un partido en proceso de renovación.
Que nadie crea que
se sugiere que el camino está en la elaboración de un programa
detallado, capaz de publicarse en un libro de 500 páginas, que nadie
lee. Cuando se habla de ir más allá de lo personal, es cuando de lo
que se trata es de establecer valores, formas de ver la sociedad y
el hombro, que son captados intuitivamente por la gente, y que luego
sí es necesario que se proyecten en una persona, en ese ejercicio
que constituye la relación de la gente con un líder. Significa
actuar además con eficiencia y en articulación con los sectores
sociales más afines, crear hechos.
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