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Parece
que no hay demasiadas dudas en que hay tres grandes sectores
sociales que se han beneficiado colectivamente de las acciones de
este gobierno, o al menos se han visto beneficiados o protegidos en
el tiempo transcurrido de este gobierno: los asalariados (con
claridad los privados, aunque sin duda por debajo de sus propias
expectativas), los pobres y más aún los indigentes, y los grandes
empresarios (particularmente las empresas multinacionales). Por el
contrario, parecería que el sector más amenazado – u objetivamente,
según datos empíricos de encuesta – el que se siente más amenazado
es el constituido por las capas medias, las llamadas clases media
media y media acomodada, o en términos marxistas, la pequeña
burguesía independiente y la mediana burguesía.
En términos políticos, los asalariados son quienes más conciencia
tienen de su propia situación y de su propia defensa, quienes tienen
más sentido de clase. Que se expresa en un doble carril: mediante la
propia construcción de sus herramientas de lucha y defensa, que son
los sindicatos, y mediante su acción a través de partidos cuya
ideología o programa privilegia la defensa de los asalariados,
normalmente denominados “los trabajadores”. En el tiempo presente el
imaginario de defensa de los trabajadores permea a casi toda la
izquierda (no solamente a las dos corrientes explícitamente
marxistas), aún a grupos cuyo electorado está casi exclusivamente
compuesto por las capas medias y cuya dirigencia proviene de las
mismas.
Las grandes empresas multinacionales nunca necesitaron de
agrupamientos para defenderse, pues su propio poderío les permite
hablar de igual a igual con presidentes de la República y ministros
(y cuando no es de igual a igual, el menos igual es el mandatario
nacional). Y en el actual gobierno encuentran una gran sintonía con
el equipo económico.
El sector por debajo de la línea de pobreza y más aún el que se
sitúa por debajo de la línea de indigencia, fue señalado desde el
comienzo como el objetivo prioritario de este gobierno, y recibió
una batería de medidas económicas y no económicas (documentación,
salud) que le han dado un fuerte empujón hacia arriba. Y cuentan
además con el explícito apoyo militante de algunos grupos
frenteamplistas, en particular del sector mayoritario.
Las que andan a la deriva son las capas medias, en el andarivel
que se quiera. Primero conviene ver a qué amenazas están sometidas.
Si son empleadores, les impacta: la batería de incremento de costos
generados por los consejos de salarios y las nuevas normas de
protección laboral (aumento de salarios y beneficios, licencias
gremiales, mayor rigidez laboral, extensión de los plazos de
caducidad y prescripción laborales), la dura fiscalización de la DGI
sobre el empresariado formal, la dura fiscalización del BPS sobre
los empleadores formales. Si son independientes, empleados o
rentistas de inmuebles, el impacto que les provocará la reforma
tributaria. Si son proveedores de servicios, los riesgos de
extinción de las tercerizaciones. Más el impacto de las normas sobre
servicio doméstico. En definitiva, casi no hay nicho por donde las
capas medias no resulten golpeadas.
Desde el punto de vista político hay un primer elemento que hace
que las capas medias estén en desventaja. Cuando se interroga a la
población por quiénes son los ricos de este país, cuáles son esos
ricos que más tienen que pagar, dónde viven, el grueso de la gente
individualiza como “los ricos” a los sectores medios. “Los ricos”
son los que viven en Pocitos. Esa es la percepción dominante en una
mayoría de la población. Un segundo elemento es que no tienen
defensores políticos demasiado explícitos. Los partidos
tradicionales comienzan a ensayar su defensa, pero no lo han asumido
plenamente en términos de combate político. Es una argumentación en
los discursos sobre la reforma tributaria, no una acción política
sostenida, producto de una estrategia y de un eje de confrontación
con el gobierno. En la propia izquierda, sectores votados por las
capas medias actúan políticamente como si representasen a los
asalariados comunes, que en general votan a otros sectores.
Pero la mayor falencia de las capas
medias es su falta de sentido de clase, que le impide actuar en
defensa de intereses colectivos del segmento a que pertenecen. Por
eso lo de capas medias, porque lo de clase media no funciona, si no
hay pertenencia de clase. Hay multitud de organizaciones integradas
por los más diversos sectores de esas capas medias: centros
comerciales e industriales en el interior, centros comerciales de
barrios o zonas de Montevideo, centros de determinado tipo de
comercios y servicios, centros de industriales pequeños y medianos
de diversas industrias, colegios y agrupaciones de profesionales
universitarios. Lo más estruendoso de los últimos tiempos ha sido el
silencio de este tejido organizativo en la defensa de sus propios
intereses colectivos. Y tan estruendoso como ello es el fenomenal
divorcio entre los sectores políticos que se nutren de las capas
medias y las organizaciones sociales de las capas medias.
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