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El
quinquenio gubernativo y parlamentario puede en realidad
simplificarse en un cuatrienio de tiempo efectivo de gobierno y un
año final centrado en la campaña electoral, que al gobierno puede
servirle como decantador de resultados de lo realizado durante el
tiempo efectivo. Si la periodización es aceptable, esta semana se
traspasó la frontera entre la primera y la segunda mitad de tiempo
efectivo de gobierno. Como todo gobierno, exhibe luces y sombras,
tendencias que prenderán luces en los meses venideros y otras
tendencias que pueden considerarse preocupantes. Como pasa en todo
balance, hay algunos temas de juiciop inequívoco, que va más allá
del punto de vista del analista equilibrado y racional, y hay otros
temas que el juicio será positivo o negativo según el cristal
ideológico o político del observador.
Luces brillantes aparecen en los indicadores macroeconómicos y en
los de opinión pública. En éstos destacan la aprobación del
desempeño presidencial por una cómoda mayoría absoluta de la
sociedad y la aprobación algo menor del gobierno como conjunto (10
puntos menos que el primer mandatario, lo que es un juicio muy
elevado en términos históricos); las luces de color encendidas son
que la mayoría de la población expresa cierto desencanto en cuanto a
las expectativas que se había trazado originalmente. En lo
económico, donde el nivel de inflación obliga a un seguimiento
constante, la política que determina estos indicadores son
compartidos por la mayoría de la sociedad, pero genera
disconformidad en la mayoría de la izquierda. Pero hay consenso en
el éxito logrado en el descenso de la desocupación, que hoy se ubica
en un dígito claro.
La formalización laboral es otro logro relevante, acompañado por
el incremento de recaudación en el BPS y en la DGI. Y el sector
asalariado siente que hay un gobierno que lo protege y que fomenta
la sindicalización; lo que conlleva la alta disconformidad de los
empresarios, preocupados por la creciente rigidez en las estructuras
laborales.
La disminución de los niveles de pobreza y de indigencia, en
parte producto del crecimiento económico pero en una medida
sustancial como resultado del Plan de Emergencia, constituye un
logro social significativo. A lo que hay que sumar otros éxitos
sociales no medibles económicamente: la documentación de las
personas, los planes de salud.
Y un logro que está más allá de polémicas es el obtenido en
materia de derechos humanos (entendido como solución a temas
pendientes del periodo dictatorial), donde los resultados fueron
mucho más allá de lo imaginado tres años atrás por cualquier
analista. En particular cabe destacar los hallazgos de restos de
personas detenidas-desaparecidas y los informes de los comandantes
de las tres fuerzas.
Pero los problemas que tiene a resolver son de gran importancia y
alto riesgo. Hay fuertes diferencias de enfoque al interior del
Frente Amplio, en un abanico de posiciones que pueden simplificarse
en dos grandes actitudes: quienes pretenden hacer un gobierno que
mejore el funcionamiento del país y quienes pretenden hacer un
cambio importante de sociedad. Esta diferencia aparece regularmente
en todo asunto que se plantee y está detrás de la gran polémica en
torno a la política exterior, que en realidad es más que eso, es un
debate en torno a cuál debe ser la inserción internacional del país,
en momentos en que el país se encuentra en una encrucijada histórica
similar a la que vivió entre la finalización de su relación con el
Imperio Británico y la creación del Mercosur. La polémica se ha
caricaturizado demasiado en torno a una disputa sobre los gustos o
los disgustos con el canciller, con lo cual se ha ocultado que más
allá de personas y de gestos, lo que hay es un serio debate por el
tema más trascendente a largo plazo para la República.
Sin duda el presidente va a ser el principal beneficiario o el
principal culpable del éxito o del fracaso con que concluya el
conflicto con Argentina.
Mas no solo hay un abanico de posiciones en cuanto a si se cambia
la sociedad o meramente se mejora la eficiencia del gobierno, no
solo hay un abanico de posiciones en cuanto al posicionamiento
internacional del país, sino que además hay un fuerte problema de
aterrizaje de las propuestas. En algunos casos no es claro el
objetivo del oficialismo, o conviven objetivos contradictorios y por
tanto inconciliables. En otros casos el objetivo es claro, pero
luego hay una seria dificultad para traducir ese objetivo o esos
propósitos en planes, proyectos y cronogramas. A dos años de
gobierno es muy difícil saber hacia dónde va el oficialismo en
materia de educación; y ahora sí se tiene claro hacia dónde va en
una primera etapa de la reforma de la salud, pero genera
interrogantes cómo piensa encarar la segunda etapa, cuáles son sus
propósitos y si en realidad habrá una segunda etapa. Al empezar la
segunda mitad del tiempo efectivo de gobierno, hay dos cosas que se
le agotan al gobierno y al oficialismo: el justificar los
empantanamientos en la necesidad de aprender y el echar la culpa a
la herencia recibida.
Pero la suerte del gobierno se juega sustancialmente en otras
tres cosas. Una que es en cierto modo ajeno a la voluntad de la
conducción política, que es el mantenimiento de las condiciones
externas que favorecen el crecimiento económico. Una segunda, de
altísima relevancia, es cómo la sociedad va a recibir el impuesto a
la renta a la persona física; y en caso de que el segmento de
disconformidad sea relevante, si afecta al gobierno como conjunto,
al Frente Amplio como opción política, al presidente de la República
o exclusivamente al ministro de Economía. Y la tercera cosa es si se
construye una oposición eficaz y eficiente, que juegue con una
estrategia clara, o se sigue por el camino del francotiroteo a todo
lo que vuele, aletee por donde aletee; porque no cabe duda que en
los índices de popularidad ayuda mucho que el gobierno confronta
solo contra sí mismo y contra las expectativas de la gente, pero no
confronta con un proyecto alternativo.
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