
Está en boga la tesis, de parte de
politólogos y políticos, de que el Frente Amplio
difícilmente gane en octubre pero con mucha probabilidad lo
haga en noviembre. Esta postura sugiere que se considera que
al FA le va a costar más que en 2004 revalidar su triunfo,
pero que igual lo va a obtener. Quiere decir: va a obtener
menos votos que la vez pasada, pero a la larga los
suficientes para vencer. La tesis de este autor es
radicalmente diferente: el Frente Amplio gana o pierde el 25
de octubre. Para ver esto, hay que ir paso a paso.
Primero. En Uruguay se elige en forma
simultánea y vinculada presidente y vicepresidente de la
República, la Cámara de Senadores y la Cámara de
Representantes. El votante vota necesariamente y mediante la
misma hoja de votación por un mismo lema (partido) para los
tres órganos: Presidencia de la República y ambas cámaras
legislativas. El resultado de lo uno y de lo otro está
íntimamente relacionado.
Segundo. Ambas cámaras son elegidas a
nivel de lemas por proporcionalidad pura, por representación
proporcional integral. En la rama baja es muy simple: se
logra una banca cada uno por ciento de votos (exactamente
1.01%).
Tercero. El sistema uruguayo es
semiparlamentario (o semipresidencial) donde es necesario
contar con mayoría parlamentaria no solo para aprobar las
leyes, sino para efectuar designaciones de algunos cargos de
confianza y para sostener al gabinete.
Cuarto. El presidente de la República
(y conjuntamente con él, el vice) se elige por mayoría
absoluta de votantes. Dicho en otros términos: el lema más
votado debe obtener más votos que todo lo demás sumados (los
demás lemas, más los votos en blanco, más los votos de
contenido anulado). De no ser así, hay una segunda vuelta
entre los dos candidatos más votados, y es elegido el que en
esta segunda instancia obtiene más votos.
Quinto. En Uruguay hay una baja
volatilidad del voto (flotación del voto) y un fuerte
seguimiento a partidos y liderazgos.
Sexto. A diferencia de lo que ocurre
en el resto del mundo, en Uruguay el porcentaje de votos
neutros (en blanco, nulos) es extraordinariamente bajo (2% a
3% en los últimos 20 años), bastante estable en cuanto a
conjuntos socio-demográficos y estable en cuanto a
individuos. La única experiencia de balotaje (1999) sugiere
que los votos neutros se mantienen como tales entre ambas
vueltas y no participan en la decisión de la elección. De
donde: la elección es esencialmente definida por quienes
votaron válido en la primera vuelta, que es además la
elección parlamentaria; votar valido quiere decir votar por
algún lema o a la inversa, no votar ni en blanco ni de
manera nula.
Así planteadas las cosas, es
meridianamente claro que el Parlamento queda conformado en
ambas ramas por el resultado de las elecciones de octubre.
Se va a segunda vuelta, de ocurrir, con la nueva
arquitectura parlamentaria a la vista.
Para que la segunda vuelta sea
realmente una incógnita, en función de los presupuestos
señalados anteriormente, deben cumplirse algunas de estas
condiciones básicas (no todas ellas, necesariamente):
Una. Que no haya alianzas de los dos
finalistas con ninguno de los demás partidos, o al menos no
lo haya en forma decisiva.
Dos. Que haya partidos bisagra, cuyo
electorado y cuya dirigencia pueda optar indistintamente por
uno u otro candidato finalista
Tres. Que alguno de los candidatos
presente significativos rechazos a segmentos del electorado
decisorio (el que en primera vuelta votó a los terceros y
demás lemas)
Cuarto. Que igualmente exista una
distancia ideológica o de valores significativa entre uno de
los candidatos y el promedio del electorado decisorio. O a
la inversa, una fuerte proximidad entre ese promedio y uno
de los finalistas.
En 1999 se dieron algunos de esas
premisas, a partir de la existencia de un partido bisagra –
el Nuevo Espacio – cuyos dos tercios estaban más cerca de
Vázquez y un tercio de Batlle. Pero además uno de cada diez
nacionalistas también prefirió a Vázquez, pese al explícito
acuerdo de su partido con el Partido Colorado. Y además ese
acuerdo entre ambos partidos tradicionales determinó la
existencia de una mayoría parlamentaria previa. Vázquez
corrió en la elección como el candidato desafiante, cuyo
triunfo hubiera llevado al país a un presidente que debería
gobernar con una mayoría parlamentaria en su contra; es
decir, compitió además con este otro hándicap.
Para el 2009 la realidad va a ser
diferente, por las siguientes razones:
Primero. El país está dividido en dos
grandes áreas políticas: el oficialismo y la oposición. No
hay partidos intermedios, equidistantes del gobierno y la
oposición. Hay sí un degradé ideológico, y un partido
socialdemócrata como el Independiente, ideológicamente más
próximo al Frente Amplio que al promedio de los partidos
tradicionales, pero políticamente lo más lejano posible del
actual gobierno y en especial del Presidente de la
República. No hay pues partidos bisagra ni electores en el
intersticio entre los grupos políticos oficialistas y los
grupos políticos opositores.
Segundo. El Frente Amplio no tiene con
quien aliarse para una segunda vuelta ni para una mayoría
parlamentaria, todos los demás partidos y grupos del área
opositora van a confluir detrás del candidato opositor
finalista y van a conformar – aunque fuere a posteriori de
las elecciones – una mayoría parlamentaria.
Tercero. Lo más probable es que el
candidato opositor finalista resulte ser el más centrista de
la oposición y por tanto en plena sintonía con el grueso del
electorado opositor, y al menos en mayor sintonía que la que
pudiere tener el Frente Amplio. Tampoco es probable que el
finalista opositor sea un candidato que levantase fuertes
rechazos en segmentos significativos de ese electorado
opositor.
Cuarto. El 25 de octubre la mayoría
parlamentaria la obtiene el Frente Amplio o la obtiene el
conjunto de la oposición. Y de esas dos grandes áreas, la
que obtiene la mayoría parlamentaria demuestra tener mayor
cantidad de votos que el área rival.
De todo lo anterior surge que el 25 de octubre se destapa el
resultado: el que obtiene la mayoría parlamentaria va a
obtener la Presidencia de la República. Si la mayoría
parlamentaria la obtiene la oposición, habrá segunda vuelta
necesariamente, porque se presenta con al menos tres lemas y
otras tantas fórmulas presidenciales. Pero llega a esa
segunda vuelta con la ventaja de ofrecer la serenidad de
contar con mayoría parlamentaria y el contar con un caudal
de votos superior al rival. Si la mayoría parlamentaria la
obtiene el oficialismo, lo más probable es que su candidato
resulte elegido en primera vuelta. Podría obtener el Frente
Amplio mayoría parlamentaria y haber segunda vuelta, si el
total de sus votos fuese menor al de la suma de votos en
blanco y nulos más los votos de la otra área. En tal caso es
una segunda vuelta nominal, como hubiese sido en 2004 si el
FA hubiese obtenido diez mil votos menos. Porque ya habría
triunfado, al obtener la mayoría parlamentaria.