El presidente de la República fiel a su estilo sorprendió a
propios y extraños al realizar un fuerte recambio en el
gabinete ministerial, en un delicado momento del gobierno,
con baja del peso político del presidente, una fuerte caída
de la adhesión al partido oficialista y por delante un año –
el último de gobierno efectivo – pleno de obstáculos y
emboscadas. Sin duda el operativo busca revertir todos estos
factores, mediante varios elementos, y además dar nuevas
señales, entre las que cabe destacar:
Uno. Importante dosis de imagen hacia la opinión pública,
mediante el rejuvenecimiento del elenco ministerial y lo que
la comunicación oficial ha denominado un perfil de
“técnicos”, sin duda con un sentido de oposición a
“políticos”.
Dos. La separación (relativa) del gobierno y el partido
político, con la concepción de que el gobierno se va a
dedicar a resolver los problemas de los uruguayos y la
fuerza política a resolver los temas electorales. A lo que
añade que el gobierno “es de todos los uruguayos” y la
fuerza política “es de una parte de los uruguayos” (en
realidad, el gobierno podrá ser entendido como “para todos
los uruguayos”, pero para ser “de” todos los uruguayos falta
la representación de la mitad del país: blancos, colorados y
del Partido Independiente)
Tres. Consecuentemente, el buscar un impulso para consolidar
logros del gobierno y en particular lo que en la Presidencia
se entiende como la necesidad de buscar que la gente, que la
opinión pública, valore más efectivamente los resultados
positivos.
Cuarto. En particular el que el gobierno no se contamine de
las disputas por la candidatura presidencial del Frente
Amplio o por la presidencia de la fuerza política. Ni
tampoco por las confrontaciones abiertas o solapadas entre
los principales líderes sectoriales.
Cinco. Un elenco de gobierno en que sobresale la figura del
presidente de la República, mediante o un gran desnivel de
imagen con los ministros o – de no existir tal desnivel
(como por ejemplo, los casos de Rossi y Rubio) que ocurra
con figuras no confrontacionales con el primer mandatario.
En otras palabras, un gabinete esencialmente (aunque no
plenamente) tabarecista
Seis. El mantenimiento o acentuación de ciertos
desequilibrios políticos, como el hecho de que dos fuerzas
de similar porte electoral y parlamentario como la Alianza
Progresista y el Nuevo Espacio, cuando culminen los
recambios con el retiro de Astori, la primera corriente
contará con 4 titulares del gabinete y un alterno (el
vicepresidente, los ministros de transporte, Turismo y nada
menos que Economía, y la subsecretaria de Turismo) mientras
que el michelinismo contará con dos subsecretarías
(Educación y Cultura y luego también Economía)
Siete. La conservación de las tres carteras socialistas pero
muy escoradas al interior del partido. No hay figuras
cercanas a Reinaldo Gargano, Roberto Conde, Mónica Xavier,
Hugo Rodríguez Filippini o Manuel Laguarda; en cambio, todas
las figuras de nivel de ministros se inscriben en el área
tabarecista del socialismo.
Ocho. El dar señales de aparente cambio en la política
exterior con la renovación de la titularidad la Cancillería,
pero a su vez dar otras señales de muy fuerte continuidad en
cuanto a política exterior en su conjunto, con el ingreso de
Daniel Martínez al gabinete y Raúl Sendic a la presidencia
de Ancap. Contra lo que han dicho muchos periodistas y unos
cuantos políticos, parecería que las relaciones con
Venezuela no sufrirían merma alguna.
Por último, no se sabe si de manera consciente o
inconsciente, se hace salir del gabinete a dos figuras de
fuerte protagonismo en el conflicto con Argentina que
podrían considerarse como dos portavoces de una postura dura
(los “halcones” en la terminología norteamericana) como el
ministro de Relaciones Exteriores Reinaldo Gargano y el
subsecretario de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio
Ambiente Gral. Arq. Jaime Igorra. Y por otro lado el ingreso
a la titularidad de la Cancillería de una persona como
Gonzalo Fernández que ha aparecido como el referente de la
línea más contemporizadora (“paloma” en la misma
terminología comparada).
Esto es en cuanto a señales globales. Luego viene lo que
puede ser la punta para otra línea de análisis, la incógnita
de qué quiere decir este recambio, o más bien esta nueva
conformación gubernativa, a la luz de los proyectos
políticos de futuro de Tabaré Vázquez, de su entorno y sus
allegados. Dentro de lo cual es singular el peso que
adquiere Gonzalo Fernández, mano derecha y junto al hermano
del presidente Jorge Vázquez, las personas que interactúan
con el mandatario en el plano más confidencial.
Probablemente – sobre todo a partir del retiro de Astori –
el catedrático penalista pase a cumplir la función no
oficial de primer ministro, de cabeza del gabinete. De ser
así se produciría un cambio sustantivo en el funcionamiento
del gobierno, porque habría una mayor convergencia de la
políticas de las diferentes carteras y el presidente
delegaría en un hombre todo el peso de la coordinación
gubernativa (hoy bastante acéfala esa coordinación). Porque
como se sabe Vázquez es un hombre cuyo ideal de estructura
de gobierno es la de un Presidente que tenga la conducción
estratégica y un primer ministro que se ocupe de la
conducción ordinaria y del mando cotidiano. Otro tipo de
incógnitas es qué va a pasar con el Frente Amplio, tanto a
nivel de la estructura partidaria formal (su Mesa Política,
su Plenario Nacional, la presidencia) como a nivel de la
estructura parlamentaria y especialmente de la senatorial.
Sobre todo, cuánto fortalece al gobierno y cuánto lo puede
complicar el juego libre en el Senado (y en la plaza
pública, y en los medios de comunicación) de figuras de
fuerte presencia como José Mujica o Reinaldo Gargano ahora,
a lo que hay que agregar Danilo Astori dentro de pocos
meses. Como fuere, lo que viene da para un ejercicio
interesante de observación.