Cuando
se habla de consejos de salarios, ley de tercerización,
ocupaciones de lugares de trabajo, relaciones
obrero-patronales en general, tiende a verse la existencia
de un eje divisorio donde de un lado se sitúan los patronos,
empleadores o empresas, y del otro los trabajadores o más
precisamente los asalariados. Así lo recoge en general el
periodismo y así se expresa tanto el movimiento sindical
como a veces el conjunto de cámaras empresariales y otras
veces las grandes cámaras empresariales.
Sin embargo, hay muchas variables en este juego, muchos ejes
divisorios que dejan de un lado y del otro a aliados
diferentes. No es un juego donde los extremos de un eje sean
siempre adversarios, sino que hay otros ejes en que esos
mismos extremos pasan a ser aliados, contra otros
contrincantes.
A nivel empresarial hay muchas divisorias. Una es la que
enfrenta a quienes viven de la exportación con quienes viven
del mercado interno. Otra es la que confronta a quien
produce bienes y a quien comercializa bienes, es decir, la
diferencia de percepción entre industriales y comerciantes.
Por ejemplo, la variable cotización de la moneda es de alta
sensibilidad para la industria, porque una moneda
sobrevaluada significa pérdida de competitividad hacia el
exterior y peligrosa competencia de productos importados en
lo interior. Mientras que para el comercio no es
significativo si los bienes más competitivos se fabrican en
Uruguay, en el Mercosur o en Singapur.
Pero hay una línea divisoria significativa que produce
alineamientos completamente diferentes al imaginario
dominante. Es la que deja de un lado a las grandes empresas
y del otro a las pequeñas empresas. En cuanto a las
medianas, no es fácil su clasificación, pero puede decirse
que en general tienden a acercarse a los problemas de las
empresas pequeñas, al menos las que se pueden considerar
medianas chicas y medio medianas. Lo interesante es que los
sindicatos, los más tradicionales y vigorosos, los que
nuclean a la mayor cantidad de afiliados, tienden a
coincidir en sus intereses y en sus objetivos con las
grandes empresas; sin perjuicio de a su vez, hay otra línea
de confrontación grandes empresas-sindicatos, pero a partir
de un conjunto de conveniencias comunes.
¿Cuáles son los elementos específicos que perjudican a las
pequeñas empresas, y a las no tan pequeñas pero no más allá
de medio medianas? Son varios y de distintas fuentes, donde
las amenazas provienen desde los sindicatos, los consejos de
salarios, el gobierno y las empresas grandes. A título de
parcial inventario y con jerarquización discutible en esta
ordenación, cabe mencionar:
Uno. Las empresas pequeñas se sitúan tradicionalmente en el
borde de la rentabilidad, con algunos periodos de auge (que
permite a sus dueños la acumulación de capital) y muchos
periodos de zozobra. En general tienen serias dificultades
de competitividad con empresas grandes del mismo rubro, por
la diferencia de economía de escala. El incremento de los
costos salariales que ha ocurrido bajo el presente gobierno
ha puesto a muchas de estas pequeñas empresas, pese al auge
económico, en el borde mismo de la existencia. La capacidad
de absorción de aumentos salariales es menor para las
empresas pequeñas que para las grandes, la válvula del
despido no es tan fácil (por la poca cantidad de
dependientes, la dificultad de su sustitución y los
problemas que personalmente genera al empleador despedidor)
y cuando los incrementos se acentúan en los niveles
salariales más bajos, golpea precisamente más a las pequeñas
empresas, que por su estructura de costos, son las que solo
obtienen rentabilidad o supervivencia a costa de salarios
más bajos que las grandes empresas.
Dos. La formalización laboral perseguida esencialmente por
el BPS ha sido un impacto negativo. Desde el punto de vista
ético parece obvio que no puede discutirse la lógica de la
formalización, siempre y cuando el Estado midiese a todos
con la misma vara. Pero además, si una empresa solo puede
sobrevivir con formalización parcial y ve afectada su
sobrevivencia por esa formalización, quiere decir que algo
falla en los gravámenes estatales, ya fueren propiamente
impositivos como contribuciones sociales.
Tres. La competencia generada por otras empresas pequeñas
que actúan con formalidad parcial o total. Las totalmente
informales son amparadas por el Estado, por el Ministerio de
Trabajo, la DGI y el BPS cuando actúan sin local instalado o
cuando la instalación se produce en ferias o vía pública. Y
las parcialmente informales, que no cumplen los laudos ni
las obligaciones previsionales, son estimuladas mediante los
mecanismos de compra estatales, donde con muy pocas
excepciones lo que juega es el menor precio. La propia
Presidencia de la Republica, el Ministerio de Trabajo, el
Banco de Previsión Social y los sindicatos no han expresado
preocupación porque el Estado compre y conceda servicios a
empresas de baja formalización, siempre y cuando le asegure
al Estado central, a las empresas estatales y a los
gobiernos departamentales, los menores precios. Inclusive
han desestimado actuar ante planteos concretos y han
aconsejado a los reclamantes buscar interpretaciones
tangenciales de los laudos, a efectos de poder bajar
precios.
Cuatro. La ley de tercerizaciones ha sido un factor pesado
para las pequeñas empresas, agravado por sobre exigencias
que las grandes empresas tercerizantes ponen a las pequeñas
a las cuales les tercerizan los trabajos. Al respecto hay
una señal de alarma lanzada desde la Asociación Nacional de
Pequeñas y Medianas Empresas. Porque las grandes empresas
tratan a las pequeñas como conjuntos a los cuales deben
dirigir y controlar como empleados dependientes, pero sin
asumir las consecuencias de la contratación de dependientes.
A su vez, esas pequeñas empresas sí deben cargar con todas
las consecuencias de contratar personal dependiente.
Cinco. Quizás el problema más importante es la falta de
sentido corporativo de las empresas pequeñas (con pocas
excepciones), que les ha faltado buscar agruparse para hacer
valer sus derechos ante todos: Estado, sindicatos y grandes
empresas. No es que no haya agrupamientos, sino que no
funcionan aglutinadamente ni con sentido de defensa
corporativa del sectorE inclusive las asociaciones más
eficientes han luchado más por defensa de mercado para su
sector, que participar en planteos globales que afectan a
las pequeñas empresas.