
Es muy difícil determinar cuándo
empieza una campaña electoral. Todas las reglamentaciones en
ese sentido pecan de poco realistas, generan formidables
conflictos y en general tienden a darle al Estado un papel
omnipresente sobre los partidos políticos, que generan una
fuerte tensión entre regulación y libertad.
El problema radica en definir con
exactitud a qué se llama campaña electoral. Una definición
restrictiva (que es la regulación de campaña existente en
Uruguay) refiere al periodo de avisos publicitarios en
medios electrónicos con intención manifiesta de proselitismo
electoral. Una definición en el otro extremo refiere a todo
tiempo en que los actores políticos busquen la captación del
voto y los electores se encuentren en observación de la
conducta de los actores políticos para definir sus
adhesiones y rechazos.
En sociedades altamente politizadas
como la uruguaya se produce un doble efecto: sin solución de
continuidad los electores observan a los actores políticos y
forman sus juicios a favor, en contra o en duda sobre cada
uno de ellos, principalmente de los actores institucionales
(partidos, fracciones) y de los actores personalizados de
primer nivel. Como efecto coincidente, en el reverso de la
medalla, los actores políticos se dirigen todo el tiempo a
la ciudadanía, para convencerla de sus virtudes o de los
defectos de los contrarios. La apelación puede estar
referida específicamente a la adhesión partidaria y su
posterior desemboque electoral, pero puede estar por más
tiempo referida a cada uno de los temas que constituyen la
agenda política en un tiempo determinado. En otras palabras,
si por campaña electoral se entiende la exposición pública
de los actores políticos y la observación permanente por
parte de los electores, la campaña electoral es
ininterrumpida. Y ello puede ser una patología o una virtud,
según el nivel de la exposición de los actores políticos, la
forma del debate político y la profundidad con que se trate
la agenda
Pero mientras para unos una campaña
electoral permanente es un símbolo de que los políticos
viven para ellos mismos, es necesario pensar que más bien es
una clara señal de la importancia del juego político, de la
confiabilidad en las elecciones, del valor que cada
ciudadano da a su juicio sobre los actores políticos, en
otras palabras, es el reflejo de que la democracia funciona
y es robusta.
Otra cosa diferente es reducir el
concepto de campaña electoral a la confrontación de personas
en tanto candidatos, su posicionamiento ante la opinión
pública exclusivamente en tanto candidatos, y el limitar la
agenda a la captación futura de votos para un futuro
gobierno, con abandono de las discusiones de los temas
presentes de gobierno.
En este concepto de campaña electoral,
Uruguay vive el mayor adelanto del tiempo electoral desde la
restauración democrática. ¿Cuáles son los elementos que se
toman en cuenta para esta afirmación y qué ha jugado para
que esto fuese así?
Conviene ver:
Uno. A lo largo del año pasado tuvo una fuerte agitación el
tema de la reelección presidencial, con una negativa del
presidente de la República en junio, la continuación de la
agitación del tema con la tácita aprobación del primer
mandatario, y un no definitivo al comenzar este 2008
Dos. La aparición casi diaria del influyente José Mujica -
todo un récord de rating en sus apariciones radiales y
televisivas – con manejo de nombres de posibles candidatos,
apoyos a candidatos, dudas sobre candidatos, mensajes
esquivos, contradictorios, pero siempre manteniendo la
atención sobre la candidatura presidencial del oficialismo.
Mensaje contradictorio que alcanzó su máximo cuando él mismo
cuestiona el exceso de declaraciones en materia de
candidaturas
Tres. El virtual lanzamiento de la candidatura Astori de
parte del presidente de la República
Cuarto. La discusión a lo largo del año pasado del retiro de
Lacalle, las posibles candidaturas en el herrerismo, el no
surgimiento con nitidez de ningún candidato alternativo al
ex presidente, y el renacimiento de su liderazgo, con fuerte
potencial
Quinto. La permanencia en alto nivel de la figura de Jorge
Larrañaga, como candidato natural luego de su performance en
2004 y su fuerte papel en la Presidencia del Directorio del
Partido Nacional
Sexto. La aparición con extraordinaria fuerza de Bordaberry
en el debilitado Partido Colorado, y el constante juego de
nombres en búsqueda de candidaturas alternativas.
Lo que queda
entonces planteado es que la campaña electoral (en sentido
restringido del término) lleva prácticamente no menos de
seis meses de esplendor, y que al haber despuntado al menos
un año y medio del comienzo del ciclo electoral, aparece
como extraordinariamente prematura. Surgen entonces algunas
dudas: si esto va a poner en un plano secundario de la
agenda los temas que más afectan e impactan a la gente, como
por ejemplo la inflación y la seguridad pública, o se va a
producir un desgaste de esta campaña electoral prematura y
se va a producir una baja en la intensidad de la misma. Y
además, si quienes más tempranamente han largado logran con
ello una ventaja, o por el contrario, una alta exposición
como candidatos por largo tiempo puede suponer un desgaste
para ellos.