
En la competencia electoral
no es lo mismo un juego de dos que un juego de tres, y muy
diferente un juego de más de tres (donde es poco relevante
si son cuatro, cinco, ocho o diez). Una competencia de tres
implica un equilibrio inestable, difícil de mantener, que la
gran mayoría de los casos termina en una competencia
binaria. Para que un juego de tres llegue hasta el final
como tal, es necesario que haya una distancia no muy grande
entre el primero y el tercero, lo suficientemente estrecha
como para que el elector considere que cualquiera de los
tres tiene razonables posibilidades de vencer. Un escenario
de competencia triangular es, por ejemplo, el tramo final de
las elecciones internas del Foro Batllista de setiembre de
1998, en que Hierro López-Lombardo y Fernández Faingold
culminaron en una relación de 4-3-3. Otro escenario
triangular, casi perfecto, fueron las elecciones nacionales
de 1994, cuando entre el primero y el tercero (Partido
Colorado vs. Frente Amplio) hubo una diferencia porcentual
del 1.7%. En cambio, en las elecciones preliminares
nacionales de 1999, en la competencia interna del Partido
Nacional, un juego de tres entre Lacalle, Ramírez y Volonte,
derivó en un juego binario Lacalle-Ramírez, tras la caída de
Volonte y la aparición de un cuarto actor; mientras los dos
primeros en conjunto obtuvieron 8 de cada 10 votos, los
otros dos en conjunto apenas captaron los otros 2 votos de
cada 10. El juego triangular a mitad de camino devino en un
juego binario, polarizado, con otros dos actores en un papel
cuantitativo secundario.
A la inversa, es obvio que
si hay previamente planteado un escenario de polarización,
el juego de tres no tiene cabida, no hay espacio natural
para un tercero, no existe ninguna ranura donde introducir
esa tercera candidatura. Eso quedó demostrado palmariamente
en el Partido Nacional, donde en el segundo semestre de 2008
se dieron tres elementos concluyentes de esa polarización:
a.
Al cierre del año la
suma de las intenciones de voto a Lacalle y a Larrañaga
totalizaron el 91% de las adhesiones partidarias, mientras
que el espacio despolarizante (constituido por Vidalín y los
indecisos) fue tan solo el 9%
b.
En todo el semestre
la diferencia entre uno y otro candidato nunca fue superior
al 1%
c.
Los dos candidatos
oscilaron, a la suba o a la baja, en un rango de tan solo el
3%
d.
Tanto Lacalle como
Larrañaga cada uno quintuplica al espacio despolarizante
Entonces, el Partido
Nacional presentó una polarización natural del electorado
nacionalista, con dos candidatos cabeza a cabeza, con piso
firme cada uno, sin posibilidad alguna de inserción de un
tercer candidato y sin que ese posible tercer candidato
debilitase ni a uno ni al otro. Va de suyo que en este
panorama, a ninguno de ambos bloques quitó jamás el sueño la
aparición de cualquier tercer candidato.
El Frente Amplio discute en
estos momentos la viabilidad o no de una tercera
candidatura, hecho que quita el sueño a ambos bloques
iniciales (astorismo y mujiquismo), y los lleva a tener
siempre en los labios la misma pregunta: ¿A quién perjudica
la candidatura de Carámbula? ¿A quién quita votos Daniel
Martínez? ¿A Astori, a Mujica, a quién más y a quién menos?
Esa pregunta es contradictoria con el sostener que no hay un
espacio para un tercer candidato porque el escenario está
polarizado. Y desde el punto de vista gestual, es
contradictorio sostener que hay un escenario polarizado y
luego derramar ríos de tinta para demostrarlo. Cuando un
escenario está naturalmente polarizado se lo ve en
Caraguatá.
Pero conviene ver las
diferencias sustanciales con el Partido Nacional y para ello
tener en cuenta las mediciones de intención de voto del
último semestre y la medición final del cierre del año ¿Qué
se observa?:
-
Al cierre del año
la suma de las intenciones de voto a Astori y a Mujica
totalizaron el 79% de las adhesiones frenteamplistas,
mientras que el espacio despolarizante (otros nombres y
los indecisos) alcanzó el 21%.
-
En todo el
semestre la diferencia entre uno y otro candidato se
movió entre un máximo del 13% y un mínimo del 3%, lo que
demuestra alta volatilidad.
-
La oscilación de la adhesión a los
dos primeros candidatos registra un abanico del 7%
-
El piso registrado en el semestre de
Astori y Mujica sumados es el del 72%, lo cual significa
que hay un 7% de adhesiones actuales que no son
propiamente firmes.
-
En consecuencia, hay un espacio
abierto del 28%, constituido por quienes mencionan otros
nombres, los propiamente indecisos y los adherentes
volátiles a los dos primeros.
-
Tanto Mujica como Astori no llegan
individualmente a duplicar este espacio volátil.
Entonces,
lo que resulta claro y evidente es que en el Frente Amplio
hay espacio para una tercera candidatura, que Astori y
Mujica no convencen plenamente a la totalidad e los votantes
frenteamplistas, que tres de cada diez pueden expectar un
tercer nombre.
El
problema entonces es otro. En primer lugar si hay voluntad
política para una tercera candidatura. En segundo lugar si
existe un nombre que llene ese tercer espacio, que capte a
todo ese electorado no polarizante y, por encima de todo,
que tenga los apoyos necesarios para el lanzamiento exitoso
de esa candidatura (exitoso en el sentido de lanzarse al
ruego con un piso mínimo de adhesión que permita pensar en
una verdadera triangulación de la elección).
Un piso mínimo implica en primer lugar apoyo político
sustantivo. De las siete corrientes principales del Frente
Amplio, dos de ellas apuntalan la candidatura Mujica (el
Espacio 609 y Democracia Avanzada-1001). Dos y una parte
considerable de una tercera corriente apuntalan la
candidatura Astori (Asamblea Uruguay, Nuevo Espacio y parte
de la Alianza Progresista, particularmente los seguidores de
Nin Novoa y los demócrata cristianos). El resto ha adherido
a una tercera candidatura, pero diferente: la Vertiente
Artiguista más el resto de la Alianza Progresista (los ex
comunistas seguidores de Rossi) se pronuncian exclusivamente
por la candidatura del intendente de Canelones el médico
Marcos Carámbula y los socialistas originalmente lanzaron la
candidatura del ministro de Industria ingeniero Daniel
Martínez (postulado en el 46° congreso socialista, el 24 de
noviembre). Pero allí no está todo dicho, ya que el 7de
febrero su Comité Central tendrá la última palabra y deberá
definir entre mantener la candidatura Martínez, apoyar a
Danilo Astori como buscan los más próximos al presidente de
la República o apoyar una tercera candidatura pero de
Carámbula. Si los socialistas mantienen a Martínez, esa será
la tercera candidatura. Si optan por Carámbula, será éste. Y
si acompañan a Astori, parece difícil la tercera vía, y ahí
sí, por la decisión de los sectores, habrá una polarización.